Estoy bajo presión con los plazos de dos artículos, un proyecto urgente que terminar, y ya he presionado hasta el límite a otro editor con el plazo de una tercera asignación. Mi dormitorio sólo puede ser descrito en términos formales como “un desastre”, y la montaña de ropa sucia me hace reír cada vez que olvido cerrar los ojos mientras paso al lado de ella.

Estoy totalmente abrumada, indignada y malhumorada, resentida y enojada, cuando de pronto, un pensamiento golpea insistentemente en la cerrada puerta de mi mente.

La vida no se trata de esto.

Cuando me involucro en la rutina de la vida, me olvido que la rutina no es la vida; la vida es la vida.

Destella como un anuncio publicitario de neón y enciende mi mundo por un breve momento. El mensaje es profundo y muy simple. Nada nuevo, pero a veces tiendo a olvidarlo. Que fácil es caer en un abismo de distracción y perder de vista la imagen completa. La verdad es que, cuando me involucro en la rutina de la vida, me olvido que la rutina no es la vida; la vida es la vida.

Recientemente platiqué con mi marido acerca de los retos que afrontan los padres que trabajan. Trabajamos para tener dinero para cuidar mejor de nuestras familias. Pero ese mismo trabajo que en última instancia beneficia a nuestras familias financieramente, puede también alejarnos emocionalmente. Al final del día, la ecuación puede torcerse y los resultados volverse de alguna manera irónicos. Sí, podemos permitirnos un nuevo vestido, pero apenas hay un minuto para leerle un cuento a nuestro pequeño hijo. ¿Quieres ir a un campamento de verano? Por supuesto mi amor, no hay problema. Pero no puedo realmente discutir contigo acerca de las aflicciones y los problemas que enfrentas a tus diez años, porque ahora mismo tengo que terminar un trabajo urgente.

Estamos destinados al fracaso cuando confundimos los medios con el fin. Después de todo, que es la vida sino amor, educación, dar, ser, disfrutar de los regalos concedidos. El resto es secundario, necesario por supuesto, pero no al punto de eclipsar la atracción principal. Cuando me encuentro a mí misma envuelta completamente en los accesorios y en la decoración, es tiempo de dar un paso atrás y reenfocarme. Es hora de realinearme con lo que realmente importa.

Entonces dejo mi mal humor, mis plazos límite, y mi ansiedad por unos breves minutos. Charlo con mi marido, arrullo a mi bebé, me libero de lo externo y me empapo de la belleza del momento. Sólo unos minutos, pero parecen años luz. Y me comprometo a mí misma a repetir esta acción, aunque sea sólo por unos minutos cada día.

Sólo por hoy, propongo una nueva rutina: Un respiro. Puede adoptar miles de formas. Un abrazo y una sonrisa, una rápida pero significativa conversación, unos minutos jugando con los niños, o haciendo morisquetas con un bebé. Puede ser un llamado telefónico a los padres o abuelos sólo para decir hola, o una nota especial para un ser querido. Puede ser haciendo un rápido bosquejo de una imagen del horizonte, o un minuto de soledad y de conexión con Dios. Puede ser ejercitándose en el bosque, compartiendo un café con un buen amigo, o tocando piano. Pero ningún día debe pasar sin que vivamos la vida, aunque sea por un breve instante.

Los plazos van y vienen, así también la ropa sucia y los platos. Tan pronto termina un trabajo, otro aparece instantáneamente. En un año más, incluso en una semana más, ni siquiera recordaré qué proyecto era tan urgente que me tenía tan ocupada, y abrumada. Pero en una semana más, mi bebé será una semana más grande; mi hija tendrá exámenes semanales y amistades en crisis; mi marido y yo tendremos una semana más de matrimonio; mi madre será una semana mayor.

Hay una punzada de culpabilidad al abandonar la carga, al tomar un receso de la vida para disfrutar la vida. Pero no sólo recibo algo impagable, sino que renueva mis baterías, entonces así puedo funcionar mejor incluso en la oficina y con las tareas del hogar. Que encantadora paradoja.

Mi mundo esta dividido en dos secciones: Vida y Rutina. La rutina toma bastante tiempo y energía, pero la Vida es infinita… y es muy dulce.