A las 22:30 del jueves un camión gigante se estrelló en contra de una multitud de personas que observaban los fuegos artificiales del Día de la Bastilla en Niza, Francia, matando a más de 80 personas e hiriendo de gravedad a decenas más. Después de que el terrorista atropelló a decenas de personas, salió del camión y comenzó a disparar hasta que fue asesinado a tiros por la policía. El cálculo oficial de muertos aún es desconocido, pero lo que sí sabemos es que esta es una tragedia de horribles proporciones. Y ocurre justo al finalizar una semana de continuos ataques terroristas y de temor en Israel.

¿Qué hacemos cuando ya no hay ningún lugar seguro, cuando sentarse a observar fuegos artificiales con tus hijos es arriesgar tu vida, cuando el horror y la violencia nunca parecen terminar y ya nadie sabe qué decir?

Leemos las noticias con una mezcla de conmoción e inquietud. Es tan terrible que nos quedamos mudos con el temor de nuestra impotencia. Los terroristas parecen estar en cualquier lado y en todos lados. La violencia es tan aterradora, nos sentimos petrificados en un lugar. ¿Dónde es seguro? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos decir? ¿Dónde podemos encontrar certeza en este perturbado y torcido mundo en donde los asesinatos en masa se están convirtiendo en las noticias de cada semana?

La verdad es que ya no podemos encontrar esa certeza, esa seguridad, ese consuelo en ninguna parte. Y quizás la certeza que solíamos tener era una ilusión desde el comienzo. La verdad es que ninguno de nosotros tiene garantizado otro mañana. Y este último y horroroso ataque nos recuerda una vez más que la incertidumbre en la vida es un hecho; la verdadera elección que cada uno de nosotros tiene es cómo enfrentar esa incertidumbre.

El orador motivacional Les Brown cuenta la siguiente historia sobre cómo tener valentía para enfrentar lo desconocido:

El guardia en jefe le dijo una vez a un prisionero de guerra: “Tienes una elección. Puedes pararte frente al pelotón de fusilamiento mañana en la mañana o puedes pasar por esa puerta que está allí”. El guardia en jefe señaló una puerta azul en la parte trasera de la habitación.

“¿Qué hay detrás de la puerta?”, preguntó el prisionero.

“Horrores desconocidos”. Respondió el guardia. El prisionero pensó por un momento y luego respondió.

“Tomaré el pelotón de fusilamiento”. A la mañana siguiente después de que el prisionero fue baleado otro guardia le preguntó al guardia en jefe.

“¿Qué hay realmente detrás de esa puerta azul?”, y el guardia en jefe respondió.

“Libertad. Pero no muchas personas escogen esa puerta. Ellos preferirían morir en vez de enfrentar lo desconocido”.

Hay una puerta azul para cada uno de nosotros. Detrás está la vida con todas sus alegrías, tristezas e incertidumbres. Cuando nos enfrentamos con la noticia de otro ataque terrorista, muchos de nosotros preferiríamos borrar las noticias de nuestros teléfonos o dejar de leer el periódico. No queremos enfrentar la realidad del dolor de cada una de las víctimas asesinadas. No queremos pensar sobre qué significa realmente “gravemente herido” y cómo cientos de personas serán ahora discapacitadas de por vida. Pero más que nada, muchos de nosotros no queremos enfrentar el miedo que estos actos de terror traen a nuestra vida. No queremos pasar a través de esa puerta en donde nuestras vidas son inciertas, desconocidas, sin promesas, sin garantías de un mañana.

Pero detrás de esa puerta está la libertad. Atraviésala y enfrenta los horrores. Siente el dolor de cientos de personas en Francia y cientos más por todo el mundo quienes han perdido seres queridos sin advertencia. Dedica un momento para rezar por ellos antes de borrar las noticias de tu teléfono o alejar la vista de los titulares.

Abrir esa puerta para enfrentar el inmenso horror que la humanidad es capaz de provocar, es la única forma de apreciar las profundidades de bondad que podemos alcanzar. Intentar tejer una ilusión de seguridad alrededor de nuestras vidas y nosotros mismos ya no va a funcionar. Mientras nos mantengamos silenciosos ante la cara del mal, mientras que las naciones intenten aferrarse al pasado cuando las familias podían ver los fuegos artificiales sin miedo de ser atropellados por un camión, estamos todos en peligro. Y si no nos levantamos y abrimos esa puerta en nuestras mentes tanto para los horrores conocidos como para los desconocidos que están a nuestro alrededor, no estaremos escogiendo la libertad.

En este aterrador y torcido mundo, la única certeza restante que tenemos es esta libertad. La libertad de caminar a través de una nueva puerta. La libertad de creer en Dios y en la profundidad de la bondad dentro de todos nosotros. La libertad de ayudar. La libertad de rezar. La libertad de llorar. La libertad de enfrentar la vida, sin importar cuán dolorosa pueda ser. La libertad de luchar contra el terror y la tiranía. Y finalmente, la libertad de creer que todos estamos en esto juntos. Que la luz vencerá a la oscuridad. Que la fe triunfará sobre el miedo. Y que finalmente, el amor será más fuerte que el odio, sin importar que es lo que haya detrás de la puerta que está ante nosotros.

Caminemos a través de esa puerta juntos. Que Dios les de consuelo a quienes han perdido seres queridos en el ataque terrorista en Francia y cure a todos aquellos que fueron heridos.