Luego de los horribles eventos acontecidos en Bruselas, en los que el terrorismo islámico atacó con un triple atentado en el corazón de la Unión Europea, el mundo claramente tiene muchas cosas que preguntarse. Después de todo, actos comparables de terrorismo siempre tienen una explicación cuando son perpetrados en Israel. Los medios de comunicación siempre encuentran rápidamente una explicación y la ONU no titubea antes de expresar su opinión: la yihad y el asesinato de israelíes inocentes son el resultado de la ocupación y los asentamientos.

Pero, ¿por qué han ocurrido los mismos brutales asesinatos indiscriminados en Bruselas? ¿Por qué se oyeron los mismos gritos de Allahu Akbar que precedieron a los atentados suicidas en París, en San Bernardino y en tantos otros lugares que aparentemente no tienen ninguna relación con la ocupación y los asentamientos? ¿Cómo podemos explicar que, como señaló Sohrab Ahmari en el Wall Street Journal, “no pasa ni un solo día sin que haya un atentado suicida, un ataque con misiles, con armas, un secuestro o un apuñalamiento islámico en algún lugar del mundo”?

No pasa ni un solo día sin que haya un atentado suicida, un ataque con misiles, con armas, un secuestro o un apuñalamiento islámico en algún lugar del mundo.

Separar los eventos que amenazan actualmente a la civilización europea de su expresión paralela durante las últimas décadas en el Medio Oriente, enmascarándola como una mera batalla en contra de un régimen sionista que ocupa una tierra sobre la cual no tienen ningún derecho histórico o legal, es una gran expresión de tontera e ingenuidad.

Lo que el occidente aparentemente se rehúsa a entender es que las calumnias islámicas en contra de Israel —que son la base para justificar sus continuos y brutales ataques— tienen la misma base que su lógica para buscar dominar el mundo: no son sólo los judíos los que ocupan una tierra que no les pertenece, sino que todos los infieles no musulmanes estarían ocupando países en los cuales ya han perdido su derecho a tener una existencia nacional independiente debido a su falta de fe.

Es la ocupación global de quienes no creen en Alá —de Bruselas, París, Europa y Estados Unidos, y los “asentamientos ilegales” de esos países por parte de aquellos que se rehúsan a vivir bajo la ley islámica— lo que justifica los actos diarios de terrorismo alrededor del mundo.

Por alguna extraña razón, la obsesión de occidente con lo políticamente correcto no los deja entender aquello que los teólogos musulmanes no tienen problemas en expresar. El Sheik Ahmad Al-Dweik declaró en un discurso en la mezquita de Al-Aqsa que: “el Califato prometido por Alá será el país número uno en el mundo. Peleará contra Estados Unidos y lo derribará. [El Califato] eliminará al occidente por completo. Alá prometió que habrá un estado islámico, y que debemos preparar para el occidente todas las fuerzas y corceles de guerra que podamos para imbuir así terror en los corazones de los enemigos del islam y de Alá hasta que nos convirtamos en quienes comandan y que el islam domine [el mundo]”.

Syed Abul Ala Mawdudi, un erudito del islam reconocido mundialmente y quien rastrea su ascendencia paternal hasta el mismo Mahoma, no titubeo al explicarlo con claridad:

“El islam es una fe revolucionaria que viene a destruir todo gobierno que ha sido creado por el hombre. La meta del islam es gobernar el mundo entero y someter a la humanidad a la fe del islam. El islam peleará con cualquier poder o país que se entrometa en el camino y lo destruirá. Para alcanzar esa meta, el islam puede utilizar cualquier poder disponible de cualquier forma posible y generar así una revolución mundial. Eso es la yihad” (Resurgent Islam and America, David Goldman, pg. 105).

Maulana Abdul Ala Maududi, conocido como el “padrino del islam”, lo resumió de esta manera: “Las naciones musulmanas son muy especiales porque tienen un mandamiento de Alá de dominar todo el mundo y de sobreponerse a toda nación del mundo” (ibid).

El terrorismo que ha experimentado Israel ha sido una muestra de las “próximas atracciones” que vienen para el resto del mundo.

Estas son verdades que los medios de comunicación continúan rehusándose a publicar. Si llegan a aparecer, son invariablemente categorizadas como la opinión lunática de un extremadamente pequeño subgrupo dentro del islam, que no es de ninguna forma representativa de la mayoría que representa una “religión de paz”. Pero sin embargo, estas son claramente las verdades que guían a los terroristas suicidas y a los asesinos en masa que ahora han trasladado su foco de Israel a la civilización occidental.

El occidente deberá entender que las palabras claves islámicas de “la ocupación y los asentamientos” nunca pretendieron referirse sólo al pueblo judío. Ante los ojos de una fe que busca la dominación mundial, se refieren de igual manera a los pecados de todos los infieles, ya sea en las capitales de Europa o en las grandes ciudades de Estados Unidos. Y por eso, hace mucho tiempo que el mundo debería haber entendido que el terrorismo que ha experimentado Israel desde su fundación no ha sido más que una muestra de las “próximas atracciones” que vienen para el resto del mundo.