Como abogado defensor de transgresiones criminales y de tráfico, trabajé en miles de casos y tuve la posibilidad de interactuar con individuos que se encontraban "del otro lado de la ley" y también con oficiales de policías y con jueces de cortes criminales. Aunque la mayoría de las personas preferirían no tener que enfrentar a un oficial de policía o un juez, nuestro sistema de justicia criminal me enseñó muchas lecciones de vida que pueden aplicarse fuera de las cortes, incluyendo algunas cosas que son adecuadas para las Altas Fiestas que se aproximan.

Alguien siempre está mirando

Cada año, en especial durante el verano y las vacaciones, las calles están llenas de oficiales de policía que tratan de mantener las calles seguras. Ver que hay un policía al costado de la carretera o una cámara de tráfico, por lo general provoca una reacción instintiva de pisar el freno, incluso si no tienes conciencia de estar acelerando. Cuando tememos que "alguien nos está mirando", estamos más alertas. Si sentimos que Dios nos mira, sin dudas nos comportaremos de otra manera.

La vida es frágil

Las transgresiones de tráfico a menudo son una consecuencia de un comportamiento negligente que lleva a que ocurran accidentes. Una vez oí la historia de un padre que le dio las llaves del auto al hijo que acababa de recibir su licencia de conducir y le dijo: "Ahora tienes en tus manos un arma letal". La vida es frágil. Maneja —y vive— con cuidado.

Distraerse al conducir

Gracias a Waze y a Google Maps, una de las transgresiones de tráfico más habitual en la actualidad es usar el celular mientras se maneja. Una cantidad significativa de accidentes automovilísticos ocurren por distraerse al conducir. La tecnología es algo maravilloso, pero puede distraernos de aquello en lo que deberíamos estar concentrados. Mantente atento a los caminos de la vida y concéntrate para llegar a tus objetivos.

El miedo al juicio

Todo aquél que haya sido detenido al costado del camino o que haya tenido que presentarse ante un juez, conoce el miedo y el pavor de ser atrapado cometiendo una infracción y tener que enfrentar las consecuencias. Uno de los desafíos de un Dios incorpóreo es que no vemos una conexión directa entre nuestros actos y sus consecuencias. Incluso en los días de las Altas Fiestas puede ser difícil sentir el juicio cuando no podemos ver al Juez. Aprendamos a derivar este sentimiento de "enfrentar el juicio de Dios" de la sensación que se experimenta en un juicio en una corte terrenal.

Muchos de mis clientes sienten que fueron víctimas "del sistema" o que los acusan de algo que no hicieron (o que dicen que viajaban más rápido de lo que ellos aseguran que iban, por ejemplo). Dios, por otro lado, es completamente objetivo. Su juicio no está teñido por prejuicios ni por debilidades humanas. Él sabe exactamente lo que sucedió y cuáles eran los pensamientos y las motivaciones de nuestros actos.

Dios no es sólo nuestro Rey, sino también nuestro Padre. Su lentitud para la ira y Su misericordia sólo puede compararse con un padre que le brinda a su hijo hasta la última gota de su paciencia producto de su amor y devoción.