Después de treinta largos años de encarcelamiento, un castigo sin precedentes por el crimen de espiar para un país aliado de los Estados Unidos, Jonathan Pollard al fin es un hombre libre.

Casi.

El encarcelamiento de Pollard en una prisión de máxima seguridad, en la cual pasó largos períodos en total aislamiento, finalmente ha terminado. Incluso quienes estaban horrorizados por su crimen seguramente encuentran suficiente compasión en sus corazones para alegrarse por su tan esperada liberación, habiendo pagado con creces por su delito de hace tantos años. Hoy en día Pollard es un hombre débil y enfermo, está lejos de ser una amenaza para la seguridad estadounidense, y sólo busca ansiosamente vivir los años que le quedan con una pequeña dosis de comodidad y tranquilidad.

Pero el castigo de Pollard aún no ha terminado. Según las condiciones de su liberación, le será negado su sueño más preciado, aquella añoranza por la que rezaba mientras cumplía su condena. Jonathan Pollard quiere terminar sus días en este mundo junto a su esposa en la Tierra de Israel. Y esto, le ha dicho el gobierno estadounidense, no podrá hacerlo por al menos cinco años.

¿Cuál es la lógica para esta cruel regla? ¿Por qué agregar esta restricción si la liberación de Pollard de prisión claramente declara que Pollard ha pagado su deuda con su país, con el gobierno y con la sociedad? Vemos la respuesta a esta interrogante en la respuesta de Joseph E. DiGenova, el ex abogado de Estados Unidos que incriminó a Pollard: “Si al Sr. Pollard se le permitiera trasladarse a Israel, donde su caso ha sido una conocida causa, habrían marchas y eventos que le serían refregados en la cara a Estados Unidos”.

Estados Unidos temía liberar a Pollard y continúa temiendo dejarlo emigrar a Israel porque podría haber quienes expresen de forma pública aprobación por sus acciones pasadas. Y una gran prioridad para los EE.UU. es prevenir que se demuestre aprobación pública por los criminales.

Pero, con una irritante hipocresía, esa es una política que Estados Unidos eligió para sí misma pero que nunca consideró necesaria cuando se trata de Israel. Durante muchos años Estados Unidos ha presionado a Israel para que libere prisioneros palestinos como un “gesto de buena voluntad”, una indicación de que Israel “realmente quiere la paz”, un paso adelante que “demuestre compasión”. No se trata de gente que meramente espió para un país aliado. Se trata de asesinos de civiles inocentes, de hombres, mujeres, niños e infantes. Se trata de terroristas que son culpables de los actos más crueles y barbáricos imaginables. Sin embargo, ante la presión de la Casa Blanca, Israel generalmente cedió. Y brutales asesinos se convirtieron en héroes nacionales palestinos, asesinos liberados que se transformaron en modelos a seguir para una nueva generación de árabes que será guiada por el odio y a la cual le lavarán la cabeza con ideas suicidas.

La habitual glorificación de los terroristas por parte de la sociedad palestina es uno de los medios más efectivos para promover el terror. Así es como la Autoridad Palestina persuade a futuros terroristas, ofreciéndoles una oportunidad de gloria y honor. El terror y el asesinato son los boletos palestinos para alcanzar la fama y la adoración nacional.

Quienes son idolatrados son asesinos sádicos y brutales. Quienes matan al mayor número de personas obtienen el mayor honor. Abd Al-Baset Udeh, quien asesino a 30 personas en la masacre del Séder de Pesaj, tiene un campeonato de fútbol para niños de 14 años que fue nombrado en su honor. Su hermano fue honrado con ser el encargado de entregar los trofeos. Dalal Mughrabi, la terrorista que realizó el ataque terrorista más letal de la historia de Israel en 1978, cuando junto a otros terroristas secuestró un bus y mató a 37 civiles, 12 de los cuales eran niños, tiene campamentos de verano, escuelas, ceremonias de graduación y eventos deportivos que han sido nombrados en su honor, así como muchos documentales honrándola.

Podríamos imaginar, basados en la antipatía estadounidense a la glorificación criminal en lo que concierne a Pollard, que debería haber una fuerte protesta en contra de esta continua práctica entre los palestinos, particularmente siendo que viene del supuestamente “moderado” grupo liderado por el primer ministro Abbas. Sin embargo, no ha habido ni la más mínima protesta luego de los horribles apuñalamientos y asesinatos de inocentes víctimas israelíes, en los que los asesinos se vuelven ídolos y modelos de afiches celebrando el martirio.

El 3 de octubre del 2015, el terrorista palestino Muhannad Halabi, de 19 años, atacó a Aharón Bennet, de 21, y a su familia, quienes regresaban de rezar en el Kótel. El terrorista mató a Aharón y a Nejemia Lavi —quien acudió en ayuda de la familia—, y luego hirió a la esposa de Aharón y a su hijo de 2 años. Los palestinos honraron al “Mártir” (Shahid) Muhannad Halabi, nombrando un campeonato de fútbol en su honor.

El Ministerio de Educación palestino está actualmente plantando olivos para honrar a los “mártires” que han participado en asesinar y herir a israelíes a lo largo del país.

Este evento pretende ilustrar la devoción del ministerio y de su equipo para honrar a los mártires —entre ellos estudiantes escolares—, y fortalecer el sentimiento de pertenencia a la tierra… [y] para destacar la presencia permanente de los mártires y para honrar sus sacrificios” (PNN, una agencia palestina independiente de noticias).

Y la lista continúa y continúa.

Si el miedo de glorificar criminales es tan fuerte como para retrasar la liberación de Pollard por años e impedir que se traslade a Israel, todo con tal de evitar una posible marcha en su honor —un miedo lejos de ser algo certero—, ¿por qué no se aplica esto también al mundo árabe, el cual continúa haciendo precisamente esto mismo con los terroristas? ¿Podemos mantener la absurda ilusión de que quienes idolatran a los terroristas quieren algo distinto que terrorismo?

¿Y podemos nosotros —Estados Unidos y el mundo civilizado— no demandar que, si los palestinos realmente buscan la paz, entonces no pueden tener como modelos a seguir a quienes han mostrado no conocer más que el extremismo fanático y la violencia?