Conocí a Larry King en 1995. Junto con mi colega de producción, Lou Rudolph, Aish HaTorá estaba tratando de lanzar una emisión internacional por satélite para despertar consciencia en la comunidad judía sobre el sufrimiento de los judíos soviéticos. Se llamaba "Ayuda a que nuestro pueblo sepa" y estábamos fracasando de forma estrepitosa.

Entonces un amigo de Lou anunció que nos había conseguido una cita con Larry King. Salimos corriendo al Hotel Beverly Wilshire, donde él se hospedaba. Camino a su habitación, le pregunté a Lou:

—¿Qué debemos pedirle?

—Pídele que sea el presentador de la transmisión por satélite.

Me quedé petrificado. ¿Le voy a pedir a Larry que sea el presentador de la emisión de una organización pequeña y, en ese momento, relativamente desconocida? Se habían registrado 100 personas, Larry tenía más de un millón de espectadores cada noche. Lou debía estar bromeando. No era posible que Larry fuera a aceptar salir al aire para nosotros.

Entramos a su suite. Siempre recordaré su bienvenida cálida y afectuosa. Me preguntó desde el sillón en el que estaba sentado: "Rabino, ¿cómo puedo ayudarlo?"

Irwin Katsof y Larry King

Murmuré en voz baja y avergonzado:

—Bueno, tenemos la idea de hacer una emisión internacional para ayudar a los judíos soviéticos. ¿Sería nuestro presentador?

—Por supuesto, delo por hecho. ¿Qué más puedo hacer por usted?

Diez minutos más tarde, Larry había llamado a Jeffrey Katzenberg, presidente de Dreamworks y Sumner Redstone, presidente de Paramount Studios, y había conseguido que aceptara ser parte del proyecto y darnos un escenario de Paramount para producir la transmisión. Como dicen en Hollywood, el resto es historia. El proyecto despegó y recaudó más de un millón de dólares. Ese fue el primero de muchos proyectos que Larry emprendió para ayudar al pueblo judío y a Aish HaTorá.

No recuerdo que nunca haya dicho que no a algo que le pidiéramos.

—Larry, queremos llevar un grupo de importantes empresarios judíos norteamericanos en una misión a Israel. ¿Estaría dispuesto a liderar la misión?

—Por supuesto Rabino, delo por hecho. ¿Qué más puedo hacer por usted?

Al final, el viaje incluyó a Howard Schultz, fundador de Starbucks; a Barry Sternlicht, presidente de los Hoteles Starwood, la mayor cadena de hoteles del momento; a lady Margaret Thatcher, al cofundador de AOL y al entonces senador Joe Biden.

—Larry, nos gustaría llevarlos a encontrarse con el primer ministro de Israel. ¿Podría arreglarlo?

—Por supuesto Rabino, delo por hecho. ¿Qué más puedo hacer?

—Larry, nos gustaría hacer una cena de gala en la Kneset. ¿Podría arreglarlo?

—Por supuesto Rabino, delo por hecho. ¿Qué más?

—Larry, nos gustaría llevar a este grupo a ser el primero en visitar al rey Hussein de Jordania en su palacio. ¿Podría llamar al rey Hussein para concretar la visita?

—Por supuesto Rabino, será un placer. Considérelo hecho.

Detrás de las escenas, en silencio y sin fanfarrias, Larry, a quien siempre llamé por su nombre en hebreo, Leibel Zeiger, trabajaba por el pueblo judío. Él no temía pedir a otros que ayudaran y todavía estaba más dispuesto a usar su fama y el reconocimiento de su nombre para hacer algo bueno.

A menudo me dijo que él era un ateo pero que respetaba a las personas que tenían fe. Discutimos sobre la creencia en Dios. Yo sugerí que escribiéramos juntos un libro sobre las personas famosas y su camino hacia Dios y el espíritu. Naturalmente, él aceptó. Así fue como nació:"Powerful Prayers: Conversations on faith, hope and the human spirit with today’s most provocative people".

Entrevistamos a 100 personas famosas sobre su conexión con Dios y la plegaria, y el rol que Dios tenía en sus vidas. El libro se convirtió en uno de los diez libros religiosos más vendidos del año por Publisher Weekly. Vendió más de 130.000 copias. En el libro entrevistamos desde el Dalai Lama hasta Karim Abdul Jabbar, desde el presidente Bush hasta el primer ministro Peres. La fe y la confianza en Dios de estas personas conmovió profundamente a Larry. Para él fue una lucha cambiar su postura respecto a Dios, pero lo hizo reflexionar sobre sus raíces judías.

Estudiamos Torá juntos. Él accedió a encontrarse con Rav Nóaj Weinberg. Lo conmovió la enorme energía de Rav Weinberg y prometió ayudarlo. Hablamos con él sobre el poder del pueblo judío y él comentó con afecto sobre sus raíces en Brooklyn y sus abuelos de Europa Oriental.

Larry King con tefilín

Siempre recordaré a Larry por su enorme corazón y su disposición a ayudar al pueblo judío. Su vida influyó en la mía y el libro que escribimos juntos llegó a decenas de miles de personas y las ayudó a examinar su conexión con Dios. Detrás del brillo de Hollywood, Larry era un alma bondadosa que reconoció sus raíces judías y aprovechó su fama para ayudar al pueblo judío. Valoro todo lo que hizo por mí. Él ayudó a hacer del mundo un lugar mejor y muchos lo van a extrañar.