Durante los últimos 35 años, Manda Zand-Ervin ha luchado por los 77 millones de iraníes (todo el país) que son mantenidos cautivos por un régimen fanático que les ha negado las libertades más básicas.

Como han documentado los grupos de derechos humanos en numerosas ocasiones, el gobierno iraní arresta, tortura y ejecuta de manera sistemática a los periodistas y disidentes que hablan en nombre de los derechos civiles, los derechos de la mujer e incluso los derechos religiosos. Bajo el supuestamente “moderado” régimen del presidente Rouhani, 687 iraníes fueron ejecutados en 2013, y la tasa aumenta con rapidez. “El pueblo iraní ha sido sometido en base al terror”, dice Manda.

Ella habla por experiencia.

En 1979, cuando la Revolución Islámica llevó al Ayatolá Khomeini al poder —junto con su violenta y fanática rama del Islam—, el régimen comenzó a eliminar todo el liderazgo político y educativo existente. En ese entonces Manda, con un postgrado de la Universidad de Nueva York, estaba supervisando las importaciones y exportaciones de Irán como Directora General de Administración de Aduanas.

“Mi padre dijo que debía irme, que venían tras de mí”, le comentó Manda a aishlatino.com, “pero yo respondí que no había hecho nada malo, ¿por qué querrían matarme?”.

Manda comenzó a sentir la tensión cuando su tío, un general del ejército iraní, volvió de Japón en un viaje de negocios del gobierno y fue rápidamente arrestado y ejecutado, a pesar de que él también dijo “No hice nada malo”.

El Ayatolá no necesitaba ninguna razón para eliminar gente.

“El Ayatolá no necesitaba ninguna razón para eliminar gente”, dice Manda. “La acusación oficial en contra de mi tío fue traicionar el régimen islámico y luchar en contra de Dios”.

Como los arrestos y las ejecuciones continuaron con buen ritmo, Manda finalmente entendió la idea. Un alto oficial del gobierno la llamó a su oficina y le advirtió: “Este es un buen momento para tomar unas largas vacaciones”.

Pocos meses después Manda y Banafsheh llegaron a Estados Unidos como refugiadas políticas y obtuvieron la ciudadanía estadounidense.

Mientras tanto, los amigos de Manda en Irán le escribían cartas llenas de lágrimas por no haber visto la verdad en mucho tiempo.

Lucha por los derechos de la mujer

Al mundo occidental le importan mucho los derechos humanos, por esta razón, Manda no consigue explicar el silencio general sobre el destino de los 77 millones de iraníes. “Los iraníes no quieren el régimen actual”, dice. “Están sufriendo y están desesperados por recibir apoyo moral de occidente.

El objetivo principal de Manda en estos días es velar por los derechos de la mujer en Irán. Desde 1979, las mujeres han sido forzadas a usar un Hiyab ‘velo’, y la discriminación en contra de la mujer es algo que está profundamente arraigado en la sociedad iraní gracias a un grupo de leyes draconianas:

  • El valor de la vida de la mujer es la mitad que el del hombre.

  • Las mujeres no pueden trabajar, ir a la escuela o dejar la casa sin el permiso de su marido.

  • Los maridos tienen derecho a la poligamia y al divorcio incondicional.

  • Las mujeres no reciben nunca la custodia de sus hijos; no sólo en caso de divorcio, sino que también cuando la mujer enviuda, la familia del difunto recibe la custodia.

  • La edad de responsabilidad criminal para los hombres es 15 años y para las mujeres 9

“La revolución de 1979 debía traer más democracia y libertad política a Irán”, dice Manda. “Pero el Ayatolá secuestró a nuestra nación progresista y con principios occidentales y la convirtió en una teocracia sin libertad política. En un instante, mi patria dejó el siglo 20 y volvió a la Arabia del siglo 7”.

“Lo que hace que esto sea particularmente doloroso es la larga tradición iraní de derechos humanos. Hace 2500 años, Ciro II el Grande operó el imperio más extenso del mundo, basado en una declaración de derechos humanos que precede la Carta Magna por 1700 años y fue adoptada por Jefferson y Franklin como base de la constitución estadounidense”.

“La situación en Irán empeora cada día. Las mujeres y las niñas son tratadas como mercancía, son forzadas a casarse siendo extremadamente jóvenes (la ley sólo sanciona el matrimonio de mujeres menores de 13 años). Sufren de mutilación genital femenina, por no mencionar las matanzas por honor”.

Los prisioneros iraníes, mujeres incluidas, son a menudo torturados y colgados, como se muestra en la cruda película de 2009 El apedreamiento de Soraya M. “Este cortometraje debe ser visto por todos aquellos que ignoran la barbarie del régimen iraní”, dice Manda.

En la actualidad Manda vive en Washington DC donde, como fundadora y presidenta de la Alliance of Iranian Women (Alianza de mujeres iraníes), trabaja en la ONU y en Capitol Hill (el edificio del Congreso de Estados Unidos) luchando por los derechos humanos en Irán. En una ocasión, casi exclusivamente gracias a su esfuerzo, recibió apoyo para que el senado estadounidense aprobara una resolución sobre los derechos de la mujer en Irán.

“En este mundo globalizado, ¿cómo pueden las mujeres poderosas permanecer indiferentes ante el sufrimiento de las mujeres iraníes que intentan recuperar su lugar en medio de las personas respetadas del mundo?”, exclama Manda. “Con gran hipocresía, no pronuncian ni una sola palabra de apoyo”.

Manda terminó recientemente de escribir The Ladies Secret Society (La sociedad secreta de las damas), un libro en honor al grupo del siglo 20 que luchó por los derechos de la mujer en Irán. Manda espera que el libro informe al mundo occidental (en particular a los intelectuales) que según ella “no tienen idea quiénes son los iraníes”.

La lucha de Manda nunca ha sido fácil. En abril de 2014, en un acto de gran hipocresía, Irán obtuvo una silla en la Comisión de la ONU para los Derechos de la Mujer, el cuerpo global más importante dedicado a proteger los derechos de la mujer a nivel mundial. Un comentarista dijo que esto era una ironía, “es como si los pirómanos se unieran al cuerpo de bomberos”, comentó.

La ruta de Banafsheh

La compañera de escape de Manda en 1979, su hija Banafsheh, tomó un camino paralelo para promover los derechos humanos en Irán. “A través de su ejemplo, mi madre me inspiró a ser considerada, devota, independiente, creativa y enfocada” dice ella.

Hace poco más de 20 años Banafsheh era una aspirante a productora de cine, trabajando en el departamento de documentales de HBO y realizando proyectos independientes. Ella estaba trabajando en un documental sobre los asesinatos en serie de escritores, intelectuales y activistas políticos en Irán que habían criticado a la república islámica y que fueron asesinados después de que fatuas ‘pronunciamientos legales islámicos’ fueron emitidos en su contra.

“Estaba horrorizada por la perversidad de esos asesinatos”, comenta Banafsheh sobre los accidentes automovilísticos, los acuchillamientos, los fusilamientos y las inyecciones letales. Muchas de las víctimas eran amigos de su padre, el famoso periodista Siamak Pourzand, cuya alta posición en la prensa lo transformó en el principal promotor de la modernización en Irán.

“Cuando los extremistas tomaron el poder en 1979, mi padre decidió transformarse en un guardián de la identidad iraní; en un modernista” dice Banafsheh. “Él era una amenaza para los autocráticos Mulás; un individualista progresivo y cosmopolita que creía en el espíritu del libre pensamiento. Sin embargo ahí estaba él, viviendo valientemente en medio en una teocracia estatal conformista, diciéndole la verdad a todo el que quisiera oírla”.

Pourzand fue arrestado varias veces y pasó muchos meses en prisión. Luego, después de utilizar un primitivo celular para transmitir el asesinato de dos intelectuales iraníes, Pourzand fue secuestrado en Teherán.

“Fue la cuarta vez en 22 años que el régimen lo acosaba activamente” comentó Banafsheh a aishlatino.com. “Recuerdo el momento tan claramente. Yo estaba viviendo en Nueva York y recibí una llamada de mi tío, quien me dio la noticia. Inmediatamente después de colgar, comencé a llamar a periodistas y a mis contactos en Capitol Hill con la esperanza de conseguir ayuda para su difícil situación”.

El desafortunado final de la historia es que en 2011 Pourzand, bajo arresto domiciliario en su humilde departamento en Teherán, fue misteriosamente arrojado desde el balcón del sexto piso.

“En cierto modo, fue una última postura en contra de un régimen iraní que hizo todo lo posible para quebrantar su espíritu”, dice Banafsheh.

Este hecho encendió aún más el espíritu activista de Banafsheh. La antorcha estaba ahora en sus manos y ella se dedicó a revelar la verdad, narrando el video de internet de 2012 Set the Red Line, que presentó un plan realista y no violento para detener el programa nuclear iraní.

Banafsheh lamenta los numerosos problemas sociales de Irán, en donde el ingreso per cápita es un cuarto de lo que era antes del comienzo de la revolución. La clase media iraní está prácticamente destruida, la gente sufre terribles problemas sociales que la prensa jamás reporta.

“La condición de la clase obrera iraní es tan dolorosa” dice Banafsheh. “Las amas de casa normales se vuelcan a la prostitución sólo para alimentar a sus familias; otros padres venden sus riñones. Irán sufre una epidemia de VIH-SIDA y tiene el mayor porcentaje de drogadictos per cápita en el mundo, en parte gracias a un lucrativo tráfico de drogas promulgado por el régimen mismo.

Irán, Israel y los judíos

Las posiciones diplomáticas actuales entre Israel e Irán están en extremos opuestos; el régimen iraní ha jurado en numerosas ocasiones borrar a Israel del mapa.

No siempre fue así. Los recuerdos de infancia de Banafsheh son de una saludable comunidad judía en Irán antes de la revolución. “Tengo amigos judíos iraníes que conozco desde la infancia” dice, recordando también crecer junto a la hija del embajador israelí en Irán. “Íbamos a su casa en las festividades judías y celebrábamos juntas”.

Los iraníes están furiosos porque los recursos, en lugar de ser utilizados para construir, son utilizados para destruir.

¿Los iraníes odian realmente a Israel?

“Los jóvenes iraníes no quieren saber nada con los fanáticos y sus bombas nucleares” dice Manda. “Los iraníes quieren vivir vidas modernas como parte de la comunidad internacional y están furiosos porque los recursos del país, en lugar de ser utilizados para construir, son utilizados para destruir”.

Posible solución

Los líderes del mundo prometieron evitar que Irán obtenga armas nucleares. Sin embargo, dado que el uso de fuerza militar es el último recurso, ¿qué opción viable existe para detener la marcha iraní?

Banafsheh señala las sanciones económicas que forzaron a Irán a sentarse a la mesa de negociación. “Si bien las sanciones imponen dificultades sobre el pueblo iraní, ellos están dispuestos a tolerarlas con el objetivo de quitarle poder al régimen” dice ella, agregando que si el período de seis meses de negociaciones no lograra generar un resultado final deberían aplicarse sanciones más duras de inmediato.

“Ya sea mediante presión diplomática o un cambio de régimen, de una u otra forma el pueblo iraní quiere que este reino del terror acabe”, comenta Banafsheh.

El espíritu activista iraní despertó en 1999 con el levantamiento estudiantil de la Universidad de Teherán. Este evento trascendental convenció a muchos iraníes, y a otros activistas de todo el mundo, que el pueblo iraní podría organizarse exitosamente y derrocar el régimen del Ayatolá.

“El sentido común nos dice que la mejor arma en contra del régimen iraní es el pueblo iraní” dice Banafsheh.

En años subsecuentes grupos de trabajadores, mujeres y periodistas han protestado dentro de Irán. “Desafortunadamente, la prensa internacional no cubre estas protestas”, comenta Banafsheh.

Después de las “elecciones” de 2009 de Mahmoud Ahmadinejad, las diferentes facciones se unieron en su deseo común de que los Mulás fueran reemplazados. Se estima que 3 millones de personas salieron a las calles en protestas multitudinarias para apoyar al Movimiento Verde. Ellos fueron reprimidos con fuerza letal, docenas de manifestantes y observadores fueron asesinados a tiros.

“El pueblo iraní dio su sangre para pedirle al mundo que los ayude a liberarse de este régimen”, explica Banafsheh. “Necesitan saber que el mundo libre los apoya. Por desgracia, la mayoría de los líderes mundiales no brindaron un apoyo moral adecuado”.

Banafsheh no consigue explicar por qué tantos estadounidenses no logran reconocer la amenaza que Irán también representa para Occidente. En 1979, los defensores del Ayatolá tomaron por asalto la embajada de Estados Unidos en Teherán y retuvieron a 52 estadounidenses como rehenes durante 444 días. En 1983, los iraníes (a través de su representante Hezbolá) asesinaron a 231 Marines de Estados Unidos en Beirut. En los años recientes los peores ataques terroristas del mundo estuvieron vinculados con Irán.

“El Ayatolá asocia los valores de los derechos humanos y la libertad con Estados Unidos, que fue apodado el Gran Satán. “Muerte a América” es un grito común en las manifestaciones apoyadas por el gobierno”, dice Banafsheh.

“El tema de los derechos humanos y el programa nuclear iraní están íntimamente relacionados”, dice Banafsheh elevando su voz en súplica. “¿En dónde están las denominadas organizaciones de derechos humanos, protestando contra la brutal opresión de millones de musulmanes no radicales en Irán? ¿No entienden que la manera en que Irán trata a su propio pueblo nos da un idea de cómo el régimen actuará con los demás en el futuro cercano: sus vecinos de Medio Oriente, Europa y Estados Unidos, sólo que en esta ocasión con armas nucleares?

La voz de Banafsheh tiembla cuando implora: “¡Tenemos que despertar antes de que sea demasiado tarde!”.