El piloto de Air France Michel Bacos, quien acaba de fallecer hace unos días a los 94 años de edad, conocía el terror y el odio a los judíos.

Durante la Segunda Guerra Mundial el capitán Bacos luchó por liberar a Francia. Posteriormente recordó: “Yo había luchado contra los nazis. Sabía exactamente de qué se trataba el fascismo. El genocidio (de los judíos durante el Holocausto) es un horror que ninguno de nosotros ha olvidado”.

Ese recuerdo volvió años más tarde al capitán Bacos, cuando en 1976 el avión que piloteaba fue secuestrado por terroristas palestinos. Poniendo en peligro su vida, el capitán Bacos escogió permanecer con sus pasajeros judíos.

Michel Bacos, el piloto de Air France, en uniforme, regresa de Entebbe junto con el resto de los rehenes.

El 27 de junio de 1976, la primera escala del vuelo 139 de Air France desde Tel Aviv a París, transcurrió sin inconvenientes. Despegó como estaba programado, llevando más de 240 pasajeros y una tripulación de 12 miembros. Tras una escala rutinaria en Atenas para cargar combustible, el vuelo volvió a partir con destino a París. Unos minutos después de haber despegado, los terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina y el grupo alemán pro-palestino Baader Meinhof, sacaron sus armas y anunciaron que estaban secuestrando el avión.

Al oír gritos desde la cabina, en un primer momento el capitán Bacos pensó que había un incendio a bordo. El ingeniero en jefe del avión abrió la puerta de la cabina del piloto y se encontró cara a cara con un terrorista alemán que sostenía una pistola y una granada. “Si permanecen quietos y no hacen nada sospechoso, nadie saldrá herido”, dijo el alemán a la tripulación. El terrorista apuntó su arma al cuello del capitán Bacos y le ordenó desviar al avión de la ruta a París y en cambio volar hacia Libia.

Posteriormente el capitán Bacos explicó que sintió que no le quedaba otra opción. “Sólo podíamos obedecer las órdenes de los terroristas… Cada vez que traté de mirar en otra dirección, él presionaba el cañón de su arma contra mi cuello”. El capitán Bacos tenía 52 años y era un veterano de la Segunda Guerra Mundial, un experimentado piloto que logró mantener la calma. Volaron a Bengasi, Libia, donde el tirano Muammar Gaddafi permitió que el avión cargara combustible. Entonces los terroristas ordenaron a la tripulación volver a despegar y volar hacia Uganda.

El avión aterrizó en Entebbe, donde Idi Amin, el dictador genocida de Uganda, los esperaba en la pista con una cálida bienvenida para los secuestradores. Allí subieron al avión más terroristas palestinos y soldados ugandeses. Ellos recorrieron la cabina, examinando los papeles y documentos de los pasajeros, y separaron a los pasajeros judíos de los no judíos.

El 29 de junio de 1976 fueron liberados 148 pasajeros que no eran judíos ni israelíes. Los 53 pasajeros restantes fueron llevados a una sofocante terminal abandonada, donde permanecieron como rehenes. Los secuestradores y los soldados ugandeses les dijeron a los no judíos que eran libres para partir en el siguiente vuelo a París. A los pasajeros judíos les esperaba un destino aterrador: los secuestradores exigieron que liberaran a 54 terroristas palestinos convictos en prisiones de Israel y en otras partes del mundo, así como 5 millones de dólares. Si estas demandas no eran satisfechas, los terroristas comenzarían a asesinar a los pasajeros judíos.

Al capitán Bacos y al resto de la tripulación les dijeron que podían partir, pero el capitán se negó a abandonar a sus pasajeros judíos. “Le dije a mi tripulación que debíamos permanecer hasta el final, porque esa era nuestra tradición, por lo que no podíamos aceptar ser liberados. Toda mi tripulación aceptó, sin ninguna excepción”, dijo después.

El capitán Bacos exigió ver a los pasajeros judíos y le permitieron visitar a los aterrados rehenes., Después de haber volado a Israel durante muchos años, él hablaba un poco de hebreo y fue capaz de darles consuelo. Trató de darles una seguridad que apenas lograba tener él mismo. La situación parecía desesperanzadora.

Sin que los rehenes lo supieran, los comandos israelíes contemplaban la posibilidad de efectuar una riesgosa incursión. Cuando los intentos de razonar con Idi Amin probaron ser infructuosos, los oficiales israelíes intentaron obtener la cooperación de Francia para ayudarlos a liberar a los rehenes. A medida que pasaban los días y los terroristas fijaban una fecha límite tras otra para sus demandas irracionales, algo fue quedando completamente claro: Israel estaba sola y tendría que encontrar una manera de liberar por sí misma a los rehenes judíos que se encontraban a cientos de miles de kilómetros en una nación hostil.

El 3 de julio de 1976, a unas pocas horas del límite que los terroristas habían fijado parta comenzar a asesinar a los rehenes, el primer ministro de Israel, Itzjak Rabin, autorizó un ataque ultra secreto sin precedentes. Cuatro aviones de transporte con tropas israelíes despegaron de Israel, aterrizaron en el puerto Sharm el-Sheikh en Egipto, y volvieron a despegar rumbo a Entebbe.

El capitán Michel Bacos

Ellos recibieron ayuda de una pasajera judía del vuelo secuestrado de Air France llamada Ninette Morenu. Los terroristas erróneamente la identificaron como no judía por su nombre que sonaba más bien francés. Tras llegar a Paris ella se contactó rápidamente con las autoridades israelíes. Antes de partir de Entebbe, la señorita Morenu se esforzó por memorizar el diseño del aeropuerto, en particular de la terminal en donde se encontraban los pasajeros judíos. El diagrama que ella dibujó ayudó a los oficiales israelíes a decidir que tenían suficiente información para seguir adelante con su plan.

Los soldados volaron a Uganda ocultándose bajo la oscuridad. Sabían que al aterrizar estarían aislados en un país hostil, lejos de toda alianza militar o logística. Una vez en Uganda, los comandos israelíes se vistieron con uniformes del ejército ugandés. El plan era actuar como si fueran una comitiva que acompañaba al triunfante Idi Amim al aeropuerto donde se encontraban sus pobres rehenes.

El plan casi fracasó. Las tropas ugandesas que operaban una barricada comenzaron a disparar a la procesión de autos, pero lograron seguir adelante y llegar hasta el aeropuerto. Al ver el desfile de soldados, en un primer momento el capitán Bacos se sintió aterrorizado, hasta que observó a los soldados. “Levanté la cabeza y vi a un soldado vestido como un miembro del ejército ugandés, con un gorro blanco, pero él dijo en hebreo: ‘Escuchen, vinimos a llevarlos a casa’”.

Los soldados israelíes se enfrentaron con los terroristas y con las tropas ugandesas. En la pelea fallecieron tres pasajeros: Ida Borochovitch, Jean Jacques Maimoni y Pasko Cohen, Una cuarta pasajera, Dora Bloch, había sido internada en un hospital en Uganda y la asesinaron después de la operación. En la lucha también fue asesinado un soldado israelí, el teniente coronel Yonatán Netanyahu, el hermano mayor del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Michel Bacos (a la izquierda) sale del avión militar israelí después de la misión de rescate en Entebbe. Foto: Iaakov Saar

En el vuelo de regreso a casa, los soldados israelíes tuvieron un mensaje especial para el capitán Bacos, cuyo compromiso con los pasajeros judíos nunca disminuyó. El Comandante del Avión Hércules, Amnon HaLivni, vio a Bacos en el avión antes de despegar, sentado en el suelo junto al cuerpo cubierto de Yoni Netanyahu. Amnon le dijo: “Capitán, su lugar no es aquí [en el suelo], sino en la cabina del piloto”.

Después de la arriesgada misión en Entebbe, el capitán Bacos se tomó dos semanas de vacaciones. Luego siguió piloteando para Air France y en su primer vuelo de regreso, tuvo un pedido especial: él pidió volar a Tel Aviv.