Hay una historia increíble que tuvo lugar hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Un pelotón de soldados norteamericanos liberó uno de los campos de exterminio nazis. En el campo había cientos de niños muertos de hambre. Los soldados norteamericanos rápidamente organizaron una enorme olla de sopa para alimentar a los niños y los pequeños se alinearon al lado de la olla, esperando recibir su porción de la valiosa comida.

Un soldado entabló contacto visual con un niño que estaba al final de la fila, esperando pacientemente recibir su plato de sopa. El soldado se acercó al niño y como no podía hablar en su idioma, se comunicó con él ofreciéndole un cálido abrazo. Cuando terminaron de abrazarse, el soldado notó que los niños que antes formaban una fila para recibir un plato de sopa pospusieron su oportunidad de comer y en cambio formaron una línea detrás del soldado para recibir también ellos un abrazo.

A veces los abrazos son más necesarios que la comida. A veces un abrazo es más satisfactorio que el alimento. Nuestros cuerpos precisan calorías, pero nuestras almas tienen que sentir la calidez del contacto físico y del amor que transmite un ser querido.

El Rey Shlomó, el más sabio de todos los hombres, hace mucho nos enseñó en el libro del Kohelet que hay “Un tiempo para abrazar y un tiempo para dejar de abrazar” (Kohelet 3:5). La secuencia es significativa. A veces puede haber buenas razones para dejar de abrazar. Sin ninguna duda una plaga es una de esas causas. Pero nunca debemos olvidar que el contacto humano es un ideal, un ideal que trágicamente durante estos últimos meses no estuvo a nuestro alcance debido al terrible ataque de coronavirus.

Una de las cosas que tenemos que aprender cuando retornemos a la normalidad después de estos difíciles meses de privación, es que nunca debemos volver a dejar de valorar lo que previamente tomábamos como algo obvio.

¿Quién hubiera imaginado cuánto poder tiene un humilde abrazo?

En un destacable estudio publicado en la revista científica Psychological Science, los autores investigaron la relación entre los abrazos, el apoyo social y la probabilidad de enfermarse en 404 voluntarios del área de Pittsburgh. Primero llamaron a los voluntarios cada noche durante 14 días y les preguntaron sobre sus relaciones sociales, si ese día los habían abrazado y con qué frecuencia. En general había una clara relación entre los individuos que habían sido abrazados más y la sensación de que recibían mayor apoyo social.

Los estudios demuestran que los abrazos son una forma efectiva de reducir el estrés y los riesgos de infección al transmitir apoyo social.

Ahora veamos la parte más interesante del estudio: un tiempo después de haber completado las entrevistas telefónicas, invitaron a los voluntarios a un piso aislado de un hotel local y allí debieron guardar cuarentena en habitaciones separadas. Los investigadores les dieron gotas nasales que contenían un virus que causaba una enfermedad similar a un resfriado común. Interesantemente, la frecuencia con la que la persona había sido abrazada influenció claramente en el riesgo de que sufriera de la infección. Los voluntarios que habían sido abrazados más tuvieron menor riesgo de infección. Además, entre los voluntarios que se infectaron, aquellos que habían sido abrazados más tuvieron síntomas menos severos, sus narices estaban menos congestionadas. Los autores concluyeron que el abrazo es una forma efectiva de reducir el estrés y el riesgo de infección al transmitir apoyo social.

Al parecer, los resfríos comunes no son la única enfermedad que se ve afectada por los abrazos. Las enfermedades cardiovasculares están entre las principales causas de muerte en los Estados Unidos y en muchos otros países. Uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar un ataque al corazón fatal es tener alta presión sanguínea y un estudio publicado en el 2005 en la revista científica Biological Psychology asegura que los abrazos reducen la presión sanguínea.

Tras saber sido testigos de las terribles consecuencias de la imposibilidad de abrazar a nuestros seres queridos, tenemos que dar abrazos adicionales a quienes nos rodean y cuando la vida vuelva a la normalidad, incorporar esta poderosa y tan necesaria forma de comunicación con nuestros seres queridos.