Aunque por lo general odio las agujas, hoy me emocioné mucho de recibir la vacuna contra el coronavirus.

Si bien me emociona esta pequeña inyección, al recibir la vacuna también me siento orgulloso de cumplir mi obligación.

Como médico de miles de pacientes, tanto en Jerusalem como en el extranjero, mi responsabilidad es vacunarme contra el coronavirus para protegerme de las infecciones y evitar transmitir el virus a mis pacientes.

Los profesionales de la salud tienen una responsabilidad adicional de vivir vidas sanas y seguras como un ejemplo para la población en general. Tal como soy cuidadoso de usar un casco cuando ando en bicicleta y de ponerme el cinturón de seguridad cuando viajo en mi auto, recibí mis vacunas (para el coronavirus, la gripe y otras enfermedades contagiosas), para mostrar al público en general que es seguro vacunarse.

Como miembro activo de mi comunidad, tengo la responsabilidad de ser un buen vecino de los cientos de familias que viven cerca. Independientemente de que una persona permanezca asintomática al infectarse con coronavirus, el hecho de evitar ser portador, asegura que otras familias de mi calle también estarán a salvo. Al vacunarme, también me aseguro de que los comercios locales no se vean obligados a cerrar debido al incremento de las personas infectadas.

Como padre, tengo la responsabilidad de asegurar que mis hijos no se infecten para que sus escuelas puedan permanecer abiertas y puedan continuar estudiando. Vacunarme también me permite seguir trabajando en mi oficina y proveer a mi familia.

Como hijo, sé cuánto me extrañan mis padres. Como nieto, sé cuánto deseo visitar a mi abuela en su centro de vivienda asistida. La idea de poder volver a verlos después de casi un año es sumamente emocionante, pero esto sólo puede tener lugar de forma segura después de haber recibido mi vacuna.

Como un buscador de la verdad, debo admitir que a menudo soy cauteloso respecto a lo que publican en las redes sociales y trato de verificar de forma independiente muchos de los "hechos" que otras personas dan por sentados. Por eso me puse en contacto personal con mis colegas que trabajan en los servicios de enfermedades infecciosas en la Facultad de medicina de Harvard, así como con expertos israelíes en el campo, para tomar mi propia decisión bien informado. Las recomendaciones de vacunarse fueron unánimes por parte de todos los expertos del mundo.

 

Como judío, me siento orgulloso de haber cumplido mi obligación al recibir la vacuna del coronavirus. La mitzvá (el mandamiento bíblico) de proteger nuestra vida recibiendo esta vacuna fue declarada por las autoridades de la ley judía de todo el espectro, tanto ashkenazim (Rav Jaim Kanievsky), jasidim (Rav Asher Weiss) como sefaradim (Rav Shalom Cohen). Para la ley judía no hay nada más valioso que la vida humana.

Por lo tanto, a pesar de que por lo general trato de evitar pincharme con objetos filosos, estoy orgulloso de haber cumplido mi obligación de vacunarme contra el coronavirus.