El 5 de junio, a los 98 años, falleció en Múnich el hombre que se cree era el último sobreviviente de los liberadores de Auschwitz. La comunidad judía de Múnich y la Alta Baviera aclamó a David Dushman como un testigo ocular y "héroe de Auschwitz" que salvó innumerables vidas.

El 27 de enero de 1945, cuando era un soldado de 21 años para la Unión Soviética, Dushman entró manejando su tanque a través de la cerca electrificada que rodeaba el campo de exterminio nazi, para abrir un sendero para la tropa de infantería de la División 322 de fusileros. Lo que vio lo atormentó durante 77 años. Ver a los sobrevivientes esqueléticos le quebró el corazón. "Salieron tambaleándose de las barracas, estaban sentados y acostados entre los muertos".

"Cuando llegamos vimos la cerca y a esas desafortunadas personas, quebramos la cerca con nuestros tanques. Les dimos comida a los prisioneros y continuamos adelante", dijo a Reuters. "Estaban allí de pie, todos ellos con uniformes (de prisioneros), sólo eran ojos, sólo ojos, muy delgados. Era terrible, muy terrible".

"No sabíamos que Auschwitz existía", agregó.

Auschwitz-Birkenau era el mayor de los campos de exterminio de Hitler, donde de acuerdo con Yad Vashem (el Centro Mundial de Recuerdo del Holocausto) fueron asesinados más de 1.100.000 judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

El mundo pierde el último testigo ocular del Holocausto

"Cada testigo contemporáneo que fallece es una pérdida, pero la despedida de David Dushman es particularmente dolorosa", dijo Charlotte Knobloch, presidenta de la comunidad judía de Múnich. "Él era uno de los últimos que podía contar sobre este evento a partir de su propia experiencia.

"Con él perdemos a un hombre valiente, honesto y sincero, y a un miembro honorario de nuestra comunidad religiosa".

Después de la guerra, Dushman, un judío ruso, estudió medicina en Moscú. Su madre era pediatra y quería que su hijo siguiera las huellas de su familia en medicina. Su padre fue médico en el ejército soviético, un héroe de la Revolución que perdió el favor del dictador Joseph Stalin. En 1938 desterraron a su padre a un campo de trabajo en Siberia, donde murió en 1949.

Un atleta que fue testigo de la tragedia de la Olimpiada en Múnich

Pero finalmente David Dushman siguió su corazón y su pasión por los deportes, en particular la esgrima. A pesar de haber perdido parte de un pulmón debido a una herida de guerra, saltó a la fama como el mejor esgrimista de la Unión Soviética y uno de los mejores entrenadores de esgrima del mundo. Él entrenó al equipo femenino soviético desde 1952 hasta 1988, abriendo el camino para numerosos campeonatos mundiales y medallas olímpicas.

Sus discípulos ganaron dos medallas de oro, dos de plata y tres de bronce en los Juegos Olímpicos de Verano en Múnich en 1972.

Una vez más, Dushman fue testigo ocular de la violencia contra los judíos. Esta vez se trató del fatal ataque de ocho terroristas palestinos contra los atletas israelíes en la Olimpiada en Múnich.

"Oímos los disparos y el zumbido de los helicópteros sobre nosotros. Vivíamos justo enfrente del equipo israelí. Nosotros y todos los otros atletas estábamos horrorizados", dijo en el 2018 a un periódico alemán.

Otro esgrimista, Thomas Bach, el presidente alemán del Comité Olímpico Internacional, dijo esta semana que estaba profundamente apenado por la noticia del fallecimiento de Dushman.

Una vida activa y con propósito

"Cuando nos conocimos en 1970, de inmediato me ofreció su amistad y sus consejos, a pesar de la experiencia personal que el Sr. Dushman tuvo en la Segunda Guerra Mundial y de Auschwitz, y de ser un hombre de origen judío. Ese fue un gesto profundamente humano que nunca olvidaré", afirmó Bach.

Hasta los 94 años, Dushman fue casi a diario a dar lecciones en su club de esgrima en Múnich.

En el 2015 y en el 2019, Bach invitó a Dushman a la sede del Comité Olímpico Internacional en Lausana. De acuerdo con el sitio web del comité, Dushman proclamó: "Mi mayor sueño y esperanza para las generaciones futuras es vivir en un mundo donde no haya más guerras".

Él alentó al comité a hacer todo lo posible para utilizar al deporte como una forma de difundir la paz y la reconciliación en el mundo. "La guerra es algo que no debe volver a ocurrir".

Ese mensaje se mantuvo constante durante los últimos años de Dushman. Él visitó escuelas para contarles a los estudiantes sobre la guerra y los horrores del Holocausto, con la esperanza de que su relato de primera mano marcara una diferencia en sus vidas.

Dushman y su esposa Zoja estuvieron casados durante 60 años. Ellos emigraron a Múnich en 1996, tras una breve estadía en Austria. Ella falleció en el 2011 y su único hijo, Serguei, en el 2017. Dushman también consideraba a sus jóvenes discípulos de esgrima como su familia.