Obviamente el 2015 fue un año miserable; todos los años son miserables. Fue un año de asesinatos y de brutalidad policial, de desastres naturales y de corrupción gubernamental. Hubo espantosos ataques terroristas y devastadoras guerras civiles, grandes cantidades de refugiados y actos de indescriptible crueldad. Aviones fueron derribados. Invaluables antigüedades fueron destruidas. La política estuvo llena de incivilidades. Demasiados jóvenes inocentes murieron, demasiadas autoridades mintieron, demasiadas víctimas sufrieron.

No es necesario mirar demasiado lejos para encontrar pruebas de que este fue un annus horribilis, y de que las cosas están cada vez peor. Nunca es necesario. La convicción de declive rutinariamente atrapa a los seres humanos, incluso a los que viven en una época de progreso y seguridad. La agencia noticiosa Associated Press publicó una vez un análisis noticioso bajo el título: “Aparentemente todo está fuera de control”. El mundo “se está volviendo loco”, observó la AP; la gente está entendiblemente desanimada por “la avalancha de cosas deprimentes”. Ese artículo fue publicado en el año 2008, pero se podría publicar una actualización con el mismo titular este año o cualquier otro año.

Sin embargo, en realidad el 2015 fue, en muchos sentidos, un annus mirabilis, un año de maravillas y bendiciones. Algunos ejemplos que evidencian esto:

  • Hace doce meses, África occidental experimentaba la peor epidemia de Ébola de la cual se tenga registro. Más de 11.000 personas, muchos de ellos trabajadores de la salud, agonizaban por una enfermedad viral para la cual no existía cura alguna. Hoy, sorprendentemente, la cantidad de casos confirmados de Ébola en África occidental pueden ser contados con los dedos de una mano, y los investigadores anunciaron en agosto que habían descubierto una vacuna que aparentemente sería efectiva en un 100% para prevenir la enfermedad.

  • Mujeres y jóvenes en algunos países continúan siendo victimizadas con crueldad. Por otro lado, la alfabetización femenina alrededor del planeta alcanzó nuevos records en el 2015. En 1970 sólo el 40% de las mujeres mayores de 15 años podían leer y escribir. Apenas cuatro décadas después, de acuerdo a la UNESCO, la alfabetización femenina mundial ha superado el 93%.

  • En Estados Unidos, los tiroteos masivos y ataques terroristas tuvieron un sombrío rol protagónico este año y recibieron gran cobertura mediática. Pero el más reciente reporte del FBI sobre el estado del crimen en Estados Unidos (basado en datos recopilados hasta el 2014) muestra que la tasa de crímenes violentos no ha aumentado, sino que ha disminuido. Hubo menos homicidios y asaltos que el año anterior y muchísimos menos que 10 años atrás.

  • Los rufianes armados realizaron horripilantes actos en lugares como Siria y Libia, pero por otro lado también hubo elecciones democráticas y transiciones pacíficas en países como Nigeria, Argentina, Myanmar y Burkina Faso. Y el Cuarteto de Diálogo Nacional Tunecino recibió el Premio Nobel de la Paz 2015 por probar que la democracia y el pluralismo pueden ser nutridos incluso en el pedregoso suelo del mundo árabe.

Señalando estas y otras indudablemente buenas noticias, el economista Charles Kenny, un alto miembro del Centro para el Desarrollo Global, describió al 2015 como “el mejor año de la historia para un ser humano promedio”. A medida que comienza el 2016, escribió él, la humanidad está “mejor educada, mejor alimentada, más sana y es más libre y tolerante que nunca antes”.

¿Difícil de creer? Ciertamente. La gente generalmente sospecha más de las buenas noticias y de las tendencias positivas. Nuestra especie tiende a ser pesimista, una tendencia que es reforzada por los medios de comunicación, los cuales le dedican mucha más atención a la violencia y a las tragedias que a la seguridad y al éxito. Las decapitaciones dominaron la cobertura noticiosa por semanas; los espectaculares avances médicos con suerte son noticia por uno o dos días.

Las personas siempre han tendido a ver con romanticismo cómo eran las cosas en su juventud.

“La gracia de culpar al presente y admirar el pasado”, dijo en 1777 el filósofo escocés David Hume, “está enraizada en la naturaleza humana”. Es un instinto que debemos combatir. No porque el mundo no sea un lugar desastroso y atemorizante, sino porque ahora lo es mucho menos de lo que solía ser. Estos son en realidad los “buenos tiempos pasados”. ¡Y el próximo año será aún mejor!

Este artículo apareció originalmente en el periódico Boston Globe.