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Hace 20 años, una explosión ensordecedora en una ardiente tarde de verano destrozó una pizzería en el centro de Jerusalem repleta de familias. Entre los muertos de la masacre de Sbarro el 9 de agosto del 2001 estaban mi hija Malki de 15 años y su mejor amiga, Mijal, de 16. La mitad de los muertos y la mayoría de los heridos fueron niños.

La terrorista buscó un blanco repleto de niños y lo encontró.

Ahlam Tamimi, una joven mujer jordana y aspirante a periodista, fue quien llevó al sitio a la bomba humana: un palestino que llevaba al hombro el estuche de una guitarra llena de explosivos fabricados por Hamás.

Tamimi se alejó antes de que la bomba detonara. Ella no tenía la intención de morir ese día y ya estaba lejos del centro de Jerusalem cuando la ciudad se llenó de supervivientes aturdidos e histéricos, servicios de emergencias, fuerzas de seguridad y voluntarios jaredim ocupados en recoger partes de los cuerpos, algunas de las cuales debían despegar de las paredes y del pavimento, para poder enterrarlas. Su espantosa presencia se convirtió en un espectáculo habitual en los años siguientes, cuando los autobuses y los cafés israelíes se convirtieron en el blanco elegido por Hamás, Fatah y otros agentes igualmente oscuros.

Tamimi era una periodista de 21 años recién llegada de Jordania que trabajaba por las noches leyendo las noticias en una estación de televisión árabe ubicada en Ramala, a sólo una hora del sitio de la matanza. El video clip en el que ella presenta el boletín noticioso de esa noche en Al-Istiqlal TV, puede ser el único caso en los anales televisivos en el cual una atrocidad es presentada por el mismo perpetrador. Posteriormente, Tamimi dijo cuán difícil le había resultado reprimir la expresión de alegría que le provocaba que hubiera judíos muertos y heridos, en especial niños judíos.

Tamimi lee las noticias sobre el ataque terrorista que ella misma había orquestado. 9 de agosto del 2001 (Captura de pantalla

Las autoridades israelíes arrestaron a Tamimi algunas semanas más tarde. Pero este no es uno de los relatos convencionales en los que la justicia triunfa sobre el mal. Desearía que lo fuera.

La nuestra es la historia de padres cuya shivá por una hija amada se extendió durante dos décadas. Abandonados por el gobierno de Israel, nuestro hogar por elección, ahora suplicamos ante el único poder que tiene la posibilidad de facilitar que se haga justicia: los Estados Unidos.


En el 2003, un tribunal israelí condenó a Tamimi a 16 cadenas perpetuas consecutivas. Ella confesó todos los cargos, sonriendo a lo largo del proceso. Horrorizados ante el descaro de una acusada que manifestaba "el nivel más bajo de humanidad", de acuerdo a lo expresado por la corte, los jueces recomendaron que nunca fuera elegible para una libertad condicional anticipada ni un indulto.

Saber que ella pasaría el resto de su vida en prisión no disminuyó nuestro dolor, pero sí le dio cierto grado de cierre. Lo que ocurrió a continuación se sintió como un accidente de auto en cámara lenta.

En octubre del 2011, bajo el liderazgo de Benjamín Netanyahu (un primer ministro que se ganó su reputación internacional al escribir un exitoso libro en el que aseguraba que nunca se debe hacer acuerdos con los terroristas), Tamimi fue una de los 1.027 terroristas convictos que Israel liberó a cambio de Guilad Shalit, el soldado israelí que permaneció durante cinco años como rehén de Hamás.

Fue un trato descomunal, sobre el cual políticos de alto nivel sólo dirigieron algunas palabras vacías respecto a la angustia que eso infligiría a las víctimas y a sus familias. Mientras eso tenía lugar, mi esposa y yo en silencio enviamos muchas cartas a la oficina del primer ministro Netanyahu (que nos aseguraron fueron entregadas en sus manos), explicando por qué Tamimi no debía ser parte de la transacción. Todo fue en vano.

El soldado israelí secuestrado, Shalit, regresó al abrazo de su familia. Mientras tanto, la asesina de nuestra hija se embarcó en años de estrellato en todo el Medio Oriente. Apariciones públicas, discursos y estridentes celebraciones la elevaron a la categoría de celebridad del mundo árabe. Incluso obtuvo su propio programa televisivo.

Tamimi saluda al llegar al aeropuerto internacional Reina Alia en Amman, 18 de octubre del 2011 (Louai Beshara/AFP)

Pudimos sentir el sabor de la pesadilla que se aproximaba en una de sus primeras entrevistas luego de su retorno a Amman: "No lamento lo que ocurrió", aseguró ante la cámara. "No, en absoluto. Este es el camino. Yo me dediqué a la Jihad por Alá, y Alá me brindó el éxito. Ustedes saben cuántas víctimas hubo. Eso fue posible gracias a Alá. ¿Quieren que denuncie lo que hice? Eso no es posible. Lo volvería a hacer hoy y de la misma manera". Fue como volver a enterrar a Malki.

Entonces, en medio de nuestra desesperación, encontramos esperanza. Ella llegó a través de dos noticias.

Primero nos enteramos que debido a que en Sbarro habían sido asesinados norteamericanos, se podía aplicar una ley federal poco invocada, la sección 2332a del título 18 del código de los Estados Unidos, para lograr llevar a Tamimi a prisión en los Estados Unidos.

Segundo, supimos que Jordania y los Estados Unidos tienen un tratado de extradición desde 1995.

Las vidas de tres ciudadanos de los Estados Unidos y la de un bebé no nacido terminaron en el atentado de Sbarro. Una de las víctimas era una joven mujer recién casada, ella misma casi una niña, que estaba de visita desde Nueva Jersey. Ella estaba embarazada de su primer hijo. También hubo una joven madre que quedó con daño cerebral, viva pero en estado vegetativo hasta el día de hoy. (Su pequeña hija con la que estaba comiendo pizza sobrevivió indemne y creció si su madre). Y finalmente nuestra Malki, una ciudadana norteamericana porque su madre es nativa de Nueva York.

Por lo tanto, llevamos nuestro caso a Washington.


Imaginamos que sería algo sencillo, un caso que se abriría y se cerraría fácilmente. Pero no funcionó de esa manera.

Lo que siguió fueron cinco años dolorosos de frustraciones de Sísifo, de hacer campaña pidiendo justicia bajo la sección 2332a, de crear jurisdicción en la corte federal de los Estados Unidos para delitos que causan la muerte de ciudadanos estadounidenses fuera del país a través de armas de destrucción masiva.

En el 2013, el Departamento de Justicia presentó cargos contra Tamimi en una corte federal, pero rápidamente sellaron el caso, revelando su existencia sólo cuatro años después. En marzo del 2017, aparentemente después de que fracasara la diplomacia entre bastidores con Jordania, altos funcionarios del Departamento de Justicia revelaron los cargos, calificaron a Tamimi de "terrorista impenitente" y la agregaron a la lista de terroristas más buscados del FBI. A comienzos del 2018 anunciaron una recompensa de $5 millones.

Malki abrazando a Mijal. Las jovencitas están enterradas una al lado de la otra.

No sorprende que el resto de los fugitivos de la lista estén ocultos. Pero los investigadores y los fiscales del Departamento de Justicia y del FBI saben exactamente dónde vive Tamimi. Desde el 2011 ella vivió espectacularmente libre en Amman, la capital de Jordania, donde es considerada una heroína. En un tributo reciente que le hicieron en "Caravana", uno de los programas de más rating en Jordania, el presentador emocionado les dijo a Tamimi y a su esposo Nazir Tamimi, que también es un terrorista convicto: "Ustedes, las personas de la lucha, elevan el nombre de Jordania".

¿Por qué se le permite prosperar a la asesina de mi hija?

Los cínicos señalan la realidad política de nuestra situación. Jordania es un aliado clave de los Estados Unidos. Que se haga justicia para una jovencita norteamericana asesinada simplemente no vale la pena a costas de perturbar una alianza tan importante. Esta teoría se vio reforzada por la respuesta casi apática de los Estados Unidos al espantoso asesinato del columnista del Washington Post y periodista saudita, Jamal Khashoggi.

Pero Jordania ofreció otra explicación. En marzo del 2017, seis años después de que se revelaran los cargos penales contra Tamimi y más de dos décadas después de que entrara en vigor el tratado de extradición con los Estados Unidos, el tribunal supremo de Jordania declaró invalido el tratado de 1995. Los jueces más importantes de Jordania dijeron que el tratado nunca fue ratificado por la legislatura jordana.

Eso no es cierto. Jordania de hecho ratificó el tratado. Lo sé porque mi esposa y yo usamos nuestro derecho bajo la Ley de la Libertad de Información para solicitar los documentos del tratado de 1995 al Departamento de Estado. Cuando no nos los entregaron, los demandamos. En abril, el Departamento de Estado publicó los documentos claves.

Allí había una bomba.

Escrito en estilo real e invocando la "guía de Dios", el difunto rey Hussein declaró en un documento del 13 de julio de 1995 dirigido al gobierno de los Estados Unidos, su acuerdo personal como soberano de Jordania y la "ratificación de ese tratado en su totalidad y en parte. Además, nos comprometemos a cumplir con sus disposiciones y respetar sus artículos, y nosotros, si Dios quiere, no permitiremos su violación".

Queda claro como el día que Jordania traicionó el tratado. Pero ningún funcionario del gobierno de los Estados Unidos se refirió públicamente al incumplimiento de Jordania de su obligación con este tratado y mucho menos nadie protestó por la ofensa moral o el insulto a los intereses norteamericanos y a décadas de relaciones mutuamente beneficiosas.

El nombre de Tamimi es mucho más conocido que el nombre de mi hija y el del resto de las víctimas. En gran parte esto se debe a que no hubo ningún informe de investigación en ninguna parte de los principales medios de comunicación de Norteamérica respecto a cómo la fugitiva más buscada del mundo permanece libre. Todo esto significa que probablemente no sepas nada sobre mi hija Malki y la bondad luminosa de su vida trágicamente breve. Esta es la dimensión más humillante de nuestra batalla.

Como un padre que busca justicia, sé que debo mantener la calma y la moderación. Pero durante muchos años he estado reprimiendo un volcán interno. Junto con mi esposa, hemos implorado a los funcionarios de todos los niveles en Jerusalem, Washington y Amman para que honren la justicia, la ley y las relaciones de tratados bilaterales al permitir que proceda la justicia.

Hemos escrito blogs y editoriales. Hablamos por videoconferencias y nos dirigimos a audiencias en vivo. Pedimos apoyo, y nos ha sorprendido cómo casi ninguno de los detalles era conocido por las audiencias hasta que nosotros los compartimos.

El presidente Joe Biden, quien conoce el dolor inexpresable de perder a un hijo, tiene una singular oportunidad de hacer justicia. Este mes, el rey Abdula II de Jordania realizará una visita oficial a Washington, el primer líder árabe que se encontrará personalmente con el 46° presidente.

Presidente Biden, se lo suplicamos: presiónelo para cumplir la promesa de Jordania al extraditar a Ahlam Tamimi. Deje que ella enfrente el juicio que merece por asesinar a norteamericanos inocentes, uno de ellos era mi hija.