En Pokémon Go, un estimulante juego de realidad aumentada, puedes salir a la calle a recolectar criaturas virtuales utilizando la pantalla de tu smartphone (para añadir de esta manera información virtual a la información física ya existente). Luego de capturar a estas criaturas, puedes adiestrarlas y realizar un sinfín de otras cosas como intercambiarlas, unirte a equipos, desafiar a otras criaturas, etc.

Lo increíble del juego y lo que lo hace único en su especie, es que las criaturas virtuales están entrelazadas con la realidad y se encuentran literalmente en todas partes. Pueden aparecer en tu cuarto, en tu baño mientras tomas una ducha, en el restaurante de la esquina, en el tren camino al trabajo, en tu oficina, en el parque, en una montaña, etc. La gente está saliendo de sus casas a recolectar criaturas virtuales.

De hecho, algunas personas han recorrido increíbles distancias (¡50 km. a pie en un día!) y realizado diversas proezas para recolectar pokémons, y lo más increíble de todo, algunas personas con depresión severa, trastornos de personalidad y diversos tipos de adicciones (principalmente a Internet y videojuegos), han salido a las calles por primera vez en mucho tiempo y han dejado sus ansiedades de lado por un momento, sólo para recolectar pokémons.

En tan sólo unos días, Pokemon Go ha tomado al mundo por sorpresa y se ha transformado no sólo en un increíble ejemplo de avance tecnológico —y de cómo la tecnología está cada vez más entrelazada con la realidad— sino también en un fenómeno social y cultural.

Realidad espiritual aumentada

El Jafetz Jaim solía decir que, Dios permite que haya avances tecnológicos, porque los avances tecnológicos son medios concretos y palpables a través de los cuales reconocemos aspectos no tan explícitos de la realidad espiritual.

A modo de ejemplo, él citaba la invención del teléfono: ¡Imagínate! ¡Quién hubiese pensado que yo podría estar en un país y comunicarme con alguien a miles de kilómetros de distancia de manera instantánea! Yo hablo aquí y se escucha allá. ¡Increíble! Esto, decía el Jafetz Jaim, es exactamente lo que ocurre en el mundo espiritual cuando rezamos. Yo hablo aquí, y de manera instantánea, ¡Dios escucha mis rezos allá!, a pesar de la distancia que existe entre Él y nosotros. El teléfono se transforma así en un elemento físico que me ayuda a comprender más cabalmente el mundo espiritual.

Y es justamente en este contexto que Pokémon Go no es simplemente “otro juego más” que se ha lanzado al mercado, sino una verdadera revolución. Y cuando alguna idea o invento se transforma en un fenómeno que impacta a todo el mundo —como por ejemplo la invención del teléfono— aquel fenómeno se convierte también, así como explicaba el Jafetz Jaim, en un medio a través del cual Dios nos revela información valiosa acerca de la mecánica y el funcionamiento del mundo espiritual.

¿Cuál podría ser un potencial mensaje, un posible paralelo espiritual de este increíble juego que ha revolucionado al mundo entero? ¿Cómo podemos interpretar y aprovechar este momento de inspiración?

Oportunidades de crecimiento

Sin duda alguna, la característica distintiva de Pokémon Go es el hecho de salir a la calle a buscar a estas criaturas virtuales que están entrelazadas con la realidad en todo tipo de escenarios cotidianos, y cómo la dinámica del juego te motiva a relacionarte con el mundo real de una forma diferente, a través de un lente diferente, descubriendo nuevas oportunidades de interacción en los lugares más recónditos, mundanos y extraños.

Ahora bien, si nos situamos por un momento en el plano espiritual, descubriremos que es precisamente esta característica la que resuena fuertemente con la visión judía del mundo, con la forma idílica en la que deberíamos relacionarnos con la realidad. ¿Cómo así?

Los maestros cabalistas explican que las oportunidades de conexión con Dios, las oportunidades de crecimiento espiritual, están inextricablemente entrelazadas con la realidad y están disponibles en los objetos más mundanos y en los escenarios más cotidianos, en todo lugar y en todo momento, 24 horas al día, 7 días a la semana, y nuestro deber es reconocerlas y aprovecharlas.

Ellos explican además que la razón por la cual vinimos al mundo es para recolectar estas oportunidades, pero para hacerlo, debemos ver el mundo con otros ojos, a través de un lente diferente; debemos ser capaces de reconocer en cada situación y en cada escenario estos “elementos” que vinimos a recolectar. La cábala llama a estos elementos ‘chispas de santidad’.

Rabí Itzjak Luria, el gran cabalista del siglo 16, más conocido como el Arizal, enseñó que cada objeto, cada fuerza y ​​cada fenómeno que existe en este mundo, tiene en su interior una ‘chispa de santidad’, un punto de divinidad que constituye su alma, su esencia y su razón espiritual de ser. Esta ‘chispa de santidad’ presente en absolutamente todo lo creado, encarna la voluntad divina de por qué la cosa existe, y personifica su función dentro del plan divino de la creación.

Cuando una persona realiza una mitzvá y utiliza un determinado objeto, un escenario u otra cosa para servir a su Creador, penetra más allá de la cáscara mundana de aquello que utilizó, revelando así su esencia divina. Y justamente para eso, explica el Arizal, es que vinimos al mundo, para que podamos entrar en contacto con las ‘chispas de santidad’ que esperan a ser descubiertas en todos los rincones del globo.

Ahora volvamos a la realidad. Imagina que este es precisamente el juego que viniste a jugar al mundo, imagina que debes recolectar la mayor cantidad de ‘chispas de santidad’ posible, identificando la esencia de las cosas y utilizándolas para bien. ¿No es esto motivante? ¿No es acaso un desafío increíble y alucinante? Toma conciencia de las increíbles oportunidades disponibles constantemente a tu alrededor ¡y comienza a aprovecharlas!

Piénsalo por un instante, estás en tu casa y de pronto identificas una ‘chispa de santidad’ con la que puedes conectarte, puedes recitar una brajá por un alimento, realizar alguna mitzvá o incluso evitar hablar lashón hará o decir algo malo, una increíble oportunidad de conexión. Sales a la calle y ves a una persona que necesita ayuda, o se te presenta el desafío de juzgar a alguien para bien, ahí tienes otra oportunidad de recolectar una ‘chispa de santidad’. Vas en el tren y compartes un fragmento de sabiduría con la persona que está sentada a tu lado, nuevamente una oportunidad de recolectar una ‘chispa de santidad’. ¡Las posibilidades son infinitas!

Ahora bien, obviamente el desafío en este caso es menos palpable que en Pokémon Go. Pero imagina por un instante cómo sería si a través de las pantallas de nuestros smartphones pudiésemos ver en realidad aumentada de forma clara y categórica, las posibilidades de crecimiento espiritual disponibles en todo momento —las ‘chispas de santidad’ que están esperando a ser recolectadas— en cada objeto, interacción o escenario. ¿No sería esto completamente alucinante? Y más aún, si pudieras reconocer claramente a través de la pantalla de tu smartphone una oportunidad concreta de crecimiento espiritual, ¿acaso no la aprovecharías? ¿No estarías dispuesto a salir a la calle e incluso a caminar grandes distancias para averiguar cuál es la función espiritual de un elemento determinado, para saber cómo enfrentar un dilema existencial, cómo reaccionar bien y evitar una pelea con tu pareja, cómo ayudar a alguien o simplemente para hacer lo correcto y experimentar esta conexión?

Si viviéramos la vida sumergidos en esta realidad espiritual aumentada —lo cual por lo demás es la meta de una vida con Torá—, el mundo ciertamente sería un lugar mejor, ¡y además sería muchísimo más entretenido!

Cuando el primer videojuego Pokémon debutó en el año 1996, el slogan del juego era: “Gotta catch’em all”, ‘Atrápalos a todos’. Ahora en Pokémon Go, el lema es: “Get up and Go”, ‘Levántate y anda’. Ambos lemas resuenan mucho con la visión judía del mundo, puesto que, así como estas criaturas virtuales se encuentran en todas partes y debes levantarte y salir a atraparlas, así también las oportunidades de crecimiento espiritual, las denominadas ‘chispas de santidad’ que vinimos a recolectar a este mundo, se encuentran literalmente en cualquier lugar… tan sólo debes levantarte, salir a la calle y ¡atraparlas a todas!