Cada semana, miles de personas son inspiradas por los artículos de AishLatino.com. Algunos aprenden más de historia judía. Algunos son inspirados por la profundidad de la sabiduría judía para vivir una vida más espiritual. Otros encuentran consejos prácticos en educación o para las citas, etc.

En mi caso, un artículo de AishLatino.com me inspiró para salvar una vida.

Mi historia comenzó 10 años atrás. Mi esposo, Janan Kaufman mandaba un fax de Shabat Shalom de Aish HaTorá a miles de personas cada semana. Lleno de sabiduría judía, el fax era una manera muy efectiva de conocer gente nueva. Entonces, para recaudar dinero para su programa Jerusalem Fellowships, Janan mandaba el fax a potenciales donantes y luego los llamaba por teléfono.

Cuando mi esposo llamó a Antoine y le preguntó si quería encontrarse con él, Antoine respondió que sí.

Antoine, casado con hijos pequeños, se convirtió en donante y Janan podía contar con su aporte anual. Pero él sólo se mantuvo como un amigo casual, al cual veía una o dos veces al año.

Este verano, cuando Janan fue a visitar a Antoine y le preguntó como andaba todo, recibió una respuesta perturbadora.

“¿Sabes que tengo la misma enfermedad genética al riñón que mató a mi padre? Mi hermano también la tiene. En mi caso no se manifestó por muchos años. Pero resulta que la enfermedad esta progresando a un paso alarmante y necesito un trasplante de riñón para mantenerme con vida”.

Lo cual nos lleva al artículo de AishLatino.com que les mencioné antes. Hace aproximadamente dos años atrás, leí el artículo de Lori Palatnik describiendo su experiencia como una donante de riñón. Lo encontré muy inspirador y pensé que tal vez yo podría ser igual de valiente y hacer lo mismo.

Mi esposo archivó la idea en el fondo de su mente.

Luego me enteré de que una mujer en mi comunidad necesitaba un riñón. Yo pensé que esta podía ser una maravillosa oportunidad. Pero lamentablemente, yo no era compatible, y toda la idea se desvaneció. Volví a la vida diaria y mi esposo archivó la idea en el fondo de su mente.

Entonces cuando Janan llegó a casa y me contó de la situación de Antoine, yo le dije que estaba dispuesta a examinarme para ver si éramos compatibles. Había escuchado muchas historias difíciles acerca del proceso de los exámenes, pero en mi caso fue rápido y sin dolor. Trabajamos con el Hospital presbiteriano de Nueva York (Columbia) en Manhattan, y ellos no podrían haber sido más amables y más profesionales. Ellos entendieron que mi horario de trabajo era muy demandante y arreglaron las pruebas para que no interfirieran.

Cuando recibimos la noticia de que éramos “compatibles” Antoine estaba emocionado y, en sus propias palabras “desconcertado”. Fijamos la fecha para el trasplante. En 60 días, Antoine pasaría de enfrentar una posible muerte… a tener un nuevo riñón.

Cuando le conté a la gente lo que estábamos planeando, la mayoría estaba asombrada. Algunos pensaron que estaba loca. Mis hijos me apoyaron y pensaron que era un gran acto de bondad desinteresado.

Un par de semanas antes de la cirugía, empecé a sentir algo que no podía descifrar, luego me di cuenta que quería una conexión emocional con Antoine y su familia. Recordé que había leído en el artículo de Lori que ella pasó horas y horas conociendo a su recipiente… y yo quería conocer al mío.

Así que invitamos a Antoine y a su familia para una cena de Shabat – él, su esposa y sus tres hijos pequeños. Fue una gran cena y me sentí mucho más conectada. Su esposa fue muy amable, delicada, hermosa por dentro y por fuera — y más que nada, estaba muy agradecida. Eso me incentivó aún más.

La semana de la cirugía, la realidad me golpeó.

Luego, la semana de la cirugía, la realidad me golpeó: ¿Qué estoy haciendo? ¿Me puedo arrepentir? Yo en realidad quería hacerlo, pero estaba aterrorizada. Recé y recé.

La cirugía se realizó sin ningún percance. Tan rápido como Antoine recibió mi riñón se sintió mejor. Él se veía 10 años más joven al otro día. Fue realmente impresionante.

Para mí personalmente, decir que fue una “experiencia especial” es una subestimación. Yo estaba asustada lo cual es normal, pero Dios sostuvo mi mano en cada paso del camino, incentivándome y persuadiéndome en esta oportunidad única.

A pesar de que me desperté con mucho dolor (es como una cirugía abdominal), yo estaba regocijándome en la alegría de haber salvado literalmente una vida. Nunca había experimentado este tipo de felicidad. Que maravilla que Dios me haya dado un riñón extra para que yo pudiera tener esta increíble experiencia.

La conexión que tuve con Dios estos últimos meses es algo a lo que puedo aspirar el resto de mi vida. Me enfrenté a mis miedos y ansiedades y tuve que confiar en Dios. Yo di el regalo de la vida, y recibí el mismo tremendo regalo a cambio.

Si te gustaría escuchar más acerca de cómo transformarte en un donante de riñón, siéntete libre de contactarme a través de la sección de comentarios a continuación.