El grito vino del primer piso, probablemente de su habitación. Le rogué a Dios misericordia y que esta vez el dolor pasara rápido.

Me quedé sin aliento al verla. Mi sobrina tuvo razón al pedirme que viniera. Su madre —mi hermana— se veía peor que mal.

La piel amarilla del rostro de Emily estaba hundida, sus pómulos habían desaparecido. Sus piernas parecían agujas de tejer. Su vestido pegado a sus huesos; no quedaba carne en su cuerpo. Era una escena desgarradora.

Levanté su cuerpo sin peso y la acosté en su cama. Estaba sumamente liviana y frágil. Cuando el dolor disminuyó, ella sonrió, dejando ver sus dientes en descomposición. Se veía como un esqueleto con un vestido.

Cuando el dolor disminuyó, ella sonrió, dejando ver sus dientes en descomposición. Ella se veía como un esqueleto con un vestido.

Verla así es espantoso para sus hijos pequeños. Miré a Naomi, de trece años, con sus ojos repletos de pánico. En su rostro también había enojo. Desafortunadamente, su mundo gira en torno a la salud de su madre. Naomi sabe que en cualquier momento su madre puede colapsar y que llegará un momento en el que no podrán revivirla. Naomi perdió a su madre hace mucho tiempo. Ahora ella es una de las encargadas de cuidar a su madre.

Cuando Emily finalmente se durmió, todos salimos de la habitación en puntillas. “Tía Miriam”, me preguntó Elisheva, “¿Ella no nos quiere? ¿Es por eso que no quiere mejorarse? ¿No somos suficiente para que ella quiera estar sana?”.

Se me llenaron los ojos de lágrimas. “Su mami los quiere mucho”, les dije a los niños. “Les prometo que ella está intentando mejorar lo más que puede”.

La anorexia es un trastorno mental. Quien lo padece se rehúsa a comer y está obsesionado con perder peso. Los anoréxicos a menudo ponen pesas en sus bolsillos para engañar a la balanza. También toman laxantes para que lo que sea que coman salga directamente de su cuerpo. Emily ha sido víctima de Anorexia Nerviosa alrededor de treinta años.

Cuando Emily cumplió trece años, mi madre horneó un especial pastel de crema que era el favorito de Emily. Cuando Emily pidió un tercer pedazo, mi madre la avergonzó frente a todas sus amigas. “No, no seas glotona. Te pondrás gordita y no quieres eso”. También mi madre estaba obsesionada con su peso y con estar flaca. Esta compulsión impactó a toda mi familia. Mis hermanos y yo somos todos conscientes del peso, siempre estamos haciendo dieta y ejercicio, aunque no al punto de tener un desorden alimentario.

Alrededor de los 14 años, Emily se volvió extremadamente aficionada a la moda. Ver las revistas de moda con las modelos extremadamente delgadas la influenció mucho. Alrededor de esa época noté que Emily era muy cuidadosa con lo que comía y que hacía mucho ejercicio. Poco después noté que Emily comenzó a saltearse las comidas. En retrospectiva, esas fueron algunas de las primeras señales que yo noté. Estoy segura de que hubo otras que no vimos. Es posible que Emily no sufriera anorexia antes de casarse, pero ella estaba obsesionada con su peso y si hubiéramos sabido cómo mirar, habríamos notado que había señales problemáticas.

Durante algunos años después de casarse con David, Emily mantuvo su peso estable. Ella disfrutaba al salir a cenar y parecía genuinamente feliz. Pero después del nacimiento de su tercer hijo, Emily comenzó a mentir y le decía a su esposo que había cenado antes con los niños cuando obviamente no lo había hecho. Todo el grupo de amigas de Emily estaba extremadamente ocupado con el peso. Emily seguía dietas extremas y se convirtió en adicta de los endulzantes artificiales. Bebía incesantemente, llenándose con líquidos en vez de comida, masticaba chicle para evitar tener calambres de hambre.

No llevó demasiado tiempo hasta que su cuerpo dejó de ser capaz de digerir las pocas cosas que comía. Estaba matando de hambre a su cuerpo.

La enfermedad es terriblemente compleja, afecta el bienestar físico, mental y emocional de la persona. Los trastornos alimentarios son una respuesta al estrés. A lo largo de los años, Emily sufrió mucho estrés en su matrimonio. David es un miembro activo en la comunidad y un exitoso hombre de negocios. Quizás matarse de hambre le daría a Emily la atención que ella anhelaba de su esposo. Al principio, cuando su enfermedad todavía era manejable, David le rogaba a Emily que comiera y la sobornaba con regalos para lograr resultados. Esta fase no duró demasiado porque nadie trabajó de base con el problema.

Emily se niega obstinadamente a recibir tratamiento. Ella no cree que sufre un trastorno alimentario.

La anorexia se puede superar, pero el paciente tiene que estar dispuesto a recibir ayuda. Lamentablemente, Emily ya tiene más de cincuenta años y hasta ahora se ha rehusado obstinadamente a recibir tratamiento. Ella no cree que sufre un trastorno alimentario. La misión de su vida es encontrar médicos que la respalden encontrando diferentes razones para su incapacidad de comer. Ella visitó cientos de doctores y cada vez que uno le dice que tiene un trastorno alimentario, se cambia a otro, un signo clásico de las personas que sufren anorexia.

David siempre tuvo la tendencia a escaparse de las situaciones difíciles. Su incapacidad y su poca disposición a una confrontación directa ayudó a posibilitar esta terrible situación durante todos estos años. A pesar de nuestras súplicas, David no tiene el estómago para permitir que su esposa sea internada a la fuerza en un hospital. Para él es más fácil seguir negando la realidad y permitir que ella lo siga manipulando con sus mentiras.

Trágicamente, hay mucho estigma asociado a los desórdenes alimentarios y creo que él siente que esto lo hará quedar mal ante la sociedad. Por eso él elige creerles a los médicos que dan diferentes razones para la incapacidad de comer de Emily. Años atrás, durante mucho tiempo estuve muy enojada con David por no forzarla a ir al hospital o a un centro de tratamiento. En cierto momento discutí con él por esta razón. Se fijaron muchas citas con terapeutas especializados en trastornos alimentarios y luego fueron canceladas.

Temo que ahora él se ha dado por vencido. Dado que no queda mucho de Emily, él quiere que viva lo que le queda por vivir con su familia a su alrededor. Y cuando ocurra lo peor, él no sentirá culpa ya que nunca reconoció cuál es su enfermedad. La negación es una fuerza increíblemente poderosa.

Aparentemente Emily tiene todas las razones para vivir. Tiene un esposo, hijos y muchos nietos. No tiene preocupaciones económicas y, además, es una escritora muy exitosa.

Las personas que sufren de anorexia se vuelven muy agresivas, controladoras y manipuladoras. Sus hijos y su esposo soportan la peor parte de sus explosiones. Los anoréxicos también se obsesionan con alimentar a los demás y ella sirve montañas de comida en los platos de su familia. A Emily le encanta recibir invitados a comer. Cuando está ocupada cocinando se distrae y no siente hambre. Ella se para detrás de la mesa del buffet e insiste en llenar los platos de sus invitados. Para sus huéspedes es bastante incómodo. A menudo, después de servir el primer plato ella siente tanto dolor que deja a los invitados y sube al primer piso. Sólo baja para el momento del postre, para volver a servir copiosas porciones en los platos de los demás.

La anorexia es un grito de pidiendo ayuda. Los enfermos usualmente sienten que no tienen control sobre sus vidas. La ingesta de comida es algo que pueden controlar. Muchas veces las adolescentes se convierten en anoréxicas debido a la presión social. Esta enfermedad no sólo destruye la vida del paciente, sino que afecta las vidas de toda la familia. Debido a que hay tantos estigmas alrededor de esta enfermedad, es más fácil ignorar las primeras señales. Desafortunadamente, la enfermedad sigue creciendo y puede llegar a ser mortal.

Para sus hijos es escalofriante pensar que su madre está dispuesta a morir antes que mejorar.

Mi sobrina Naomi y sus hermanos mayores ya casados saben de qué sufre su madre. Ellos saben que es demasiado tarde para que ella tenga una recuperación completa, pero aun así tienen esperanzas de que, con el tratamiento apropiado, ella pueda tener una mejor calidad de vida que la que tiene ahora. Para sus hijos es escalofriante pensar que su madre está dispuesta a morir antes que mejorar.

La mayoría de los hijos casados ya desistieron de suplicarles a su madre y a su padre que vayan al hospital y reciba tratamiento. Decenas de veces intentaron rogarle a su padre que la obligue a recibir ayuda. Es un espectáculo tremendamente doloroso llevar a alguien a ser internado en contra de su voluntad. Tristemente, quienes sufren de anorexia, después de cierto punto son incapaces de pensar con claridad y sólo la pareja puede tomar este doloroso camino de acción. Cuando los hijos mayores no pudieron convencer a su padre de hacerlo, no tuvieron más alternativa que protegerse a sí mismos enfocándose en cuidar a sus propias familias.

Emily frecuentemente se marea, se desmaya y necesita oxígeno para revivirla. Debido a su enfermedad, también sufre de osteoporosis. Sus huesos son tan frágiles que cuando se desmaya corre riesgo de romperse los huesos.

Mi hermana literalmente se desvanece frente a nuestros ojos. No la he visto comer nada durante mucho tiempo. Yo sé que ella mastica piña y luego escupe la pulpa. Ahora su cuerpo rechaza la mayoría de las comidas. Cada tanto tiene terribles brotes de dolor porque su intestino se retuerce y todos pensamos que esta vez la llevarán al hospital y estará de acuerdo en recibir suero. Pero sus intestinos se acomodan manualmente y el dolor disminuye. Cuando ocurren estos ataques, puedes escuchar sus gritos desde la calle.

Yo rezo cada día pidiendo que Emily acepte la posibilidad de recibir la ayuda que tan desesperadamente necesita y que con el amor y apoyo de su familia lentamente pueda curarse.

Le pido a cualquiera que piense que él mismo o que alguien que conoce pueda tener esta enfermedad mental, que busquen ayuda lo antes posible. Busquen los signos tempranos que incluyen saltearse comidas, mentir sobre la comida, evitar comer socialmente, hacer ejercicio excesivo o vestir ropas demasiado sueltas.


La autora usó un seudónimo.