Hay muchas lecciones que podemos aprender a partir de las Olimpiadas que se desarrollan actualmente en Tokio. La tenacidad, la decisión, la fuerza de carácter, la disciplina, el impulso y el sentido de equipo de cada atleta simplemente es inspirador y puede motivarnos a seguir nuestros propios sueños. Los participantes en las Olimpiadas sirven como ejemplos de personas extraordinariamente focalizadas y decididas a lograr los objetivos que se propusieron. Ellos no estarán satisfechos con nada menos que dedicar su mejor esfuerzo para lograr los mejores resultados. Observarlos nos obliga a identificar por lo menos un sueño o un objetivo y tratar de lograrlo con todas nuestras fuerzas.

Pero hay otra lección que aprendí a partir de estas Olimpiadas y que también podemos aplicar a nuestras vidas. La mayoría de las personas tendemos a devaluar el tiempo. Los jóvenes piensan que vivirán eternamente y que tendrán a su disposición una cantidad de tiempo interminable. Las personas mayores a veces sienten que ya terminó la mejor parte de su vida y pasan los días tratando de "pasar el tiempo". La sociedad contemporánea desarrolló la expresión "matar el tiempo". La tecnología logró que esto sea todavía más sencillo, dado que podemos pasar horas navegando por la web sin pensar en nada, jugando con nuestros teléfonos inteligentes o cambiando de canal.

Desde una perspectiva judía, matar el tiempo es un crimen paralelo al asesinato, sólo que al hacerlo eres simultáneamente el perpetrador y la víctima. El tiempo se encuentra entre los bienes más valiosos que tenemos. Una vez que pasó, no podemos recobrarlo. Si lo desperdiciamos, no podemos recuperarlo. A cada persona se le otorga una cantidad de tiempo limitada y con cada segundo que pasa nos acercamos más a vaciar nuestra cuenta. Tanto como a veces quisiéramos que el tiempo pase más lentamente y en otros momentos acelerarlo, no podemos controlar el tiempo, que se mueve a un ritmo fijo completamente fuera de nuestra capacidad de manipularlo.

Cada momento de nuestra vida es valioso y está repleto de posibilidades. Tenemos la opción de llenar nuestro tiempo con búsquedas nobles como ayudar a los demás, mejorar, desafiar nuestras mentes, desarrollar nuestra alma, cuidar nuestro cuerpo o conectarnos con la familia y amigos. O, que Dios no lo permita, podemos permitir que el tiempo pase sin nada significativo, despilfarrarlo, desperdiciarlo y no aprovecharlo.

Aunque nos pueda parecer que el tiempo de nuestra vida es infinito e ilimitado, en verdad cada momento cuenta. No hay un lugar en el que podamos ver tan claramente el valor de cada segundo como en las Olimpiadas. Los atletas se entrenan durante toda su vida para llegar a ese momento. Ya sea sumergiéndose en una piscina o saliendo de la línea de partida en la pista, a eso se reduce todo su trabajo. A menudo las carreras se definen por una fracción de segundo. La diferencia entre calificar y quedarse en casa, ganar una medalla o simplemente participar, celebrar o ser olvidado, puede ser una milésima de segundo.

No sólo debemos hacer que cada día de nuestra vida cuente, sino que cada hora, cada minuto y, como nos enseñan las Olimpiadas, incluso cada milésima de segundo es importante y puede construirnos o quebrarnos. Si combinamos todas esas milésimas de segundo que desperdiciamos, podemos encontrar el tiempo que pensamos que no tenemos para dedicarnos a algo noble y lograr nuestros objetivos, nuestras aspiraciones y nuestros sueños.

Alguien le preguntó al Rav Israel Salanter: "Si sólo tengo quince minutos diarios para estudiar, ¿qué debo estudiar? ¿Jumash, Guemará, Naví o Halajá?". Rav Israel le respondió: "Estudia Musar, el desarrollo del carácter, entonces comprenderás que tienes mucho más que quince minutos diarios para estudiar".

Cada momento es valioso

(Autor anónimo)

Para entender el valor de UN AÑO
Habla con un estudiante que fracasó en su examen.

Para entender el valor de UN MES
Habla con una madre que haya tenido un bebé prematuro.

Para entender el valor de UNA SEMANA
Habla con el editor de un periódico semanal.

Para entender el valor de UN DÍA
Habla con un obrero que trabaja por jornada y tiene que alimentar a diez hijos.

Para entender el valor de UNA HORA
Habla con alguien que espera mientras un ser querido pasa una cirugía.

Para entender el valor de UN MINUTO
Habla con alguien que ha perdido el tren.

Para entender el valor de un SEGUNDO
Habla con alguien que sobrevivió un accidente.

Para entender el valor de UNA MILÉSIMA DE SEGUNDO
Habla con una persona que ganó una medalla de "plata" en las Olimpiadas.


Aprovecha cada momento y serás un campeón en todo lo que aspires a hacer.