Ahora sabemos.

Los descorazonados y malvados terroristas responsables del atentado en la maratón de Boston fueron dos hermanos que recibieron asilo político en los Estados Unidos. Fue gracias a la bondad de ese país que pudieron encontrar la libertad que les negaban en su Chechenia nativa. El hermano mayor, Tamerlan, herido fatalmente después de disparar con rifles de asalto y de arrojar bombas caseras hacia los policías que lo perseguían, estaba allí como un residente legal. Su hermano menor, Dzhokhar, en estado delicado después de haber sido encontrado al final de una intensa cacería humana que hizo que Boston y sus áreas vecinas quedaran absolutamente paralizadas, se había convertido en ciudadano norteamericano naturalizado, en lo que sólo puede ser considerado una horripilante ironía, el 11 de setiembre del año pasado. Y así es como le agradecen a su país adoptivo, con sangre.

Ellos fueron los que dejaron las mochilas en la línea de llegada de la maratón, cargadas con explosivos y con clavos para aumentar su horrendo impacto en hombres, mujeres y niños inocentes. Ellos fueron los que se alejaron calmadamente mientras el área se llenaba con los gritos de los heridos que perdieron brazos y piernas, con la sangre de los mutilados que pasaron de ser corredores a minusválidos de por vida, y los llantos de quienes atestiguaron una tragedia que está más allá de lo que las palabras pueden describir.

Y ahora también sabemos que Dhokhar pasó los días posteriores al inhumano ataque publicando letras de rap en Twitter y saliendo de fiesta con sus amigos. "Soy una persona relajada", escribió en su página de Facebook.

Hay tanto que continúa siendo un misterio. Aún no sabemos si actuaron solos (poco probable). Pero lo que ya es claro es que el hermano mayor se convirtió en un musulmán radical y se las ingenió para influenciar a su pequeño hermano, logrando que éste se uniera a su Jihad.

Al igual que tantos antes de ellos, estos eran terroristas con una causa. Pudieron racionalizar su comportamiento inhumano.

"Siempre que se utilizan bombas para atacar a civiles inocentes, entonces, ciertamente es un acto de terror" – Presidente Obama.

Le tomó al Presidente Obama un día entero después de la masacre de Boston llegar a la conclusión de que cuando nosotros somos el objetivo: "Siempre que se utilizan bombas para atacar a civiles inocentes, entonces, ciertamente es un acto de terror".

Qué diferencia sorprendente.

Cuando los terroristas disparan misiles hacia centros civiles en Israel, la prensa – incluyendo el New York Times – se esfuerza para identificarlos simplemente como “militantes”. Militante es una palabra moralmente neutral. Por otro lado, la palabra terrorista es peyorativa; no oculta la naturaleza malvada de la acción, siempre es mala, siempre es un acto imperdonable de maldad. Y esa es precisamente la razón por la cual la política del New York Times, la Associated Press, Reuters e incontables otras publicaciones, es continuar camuflando los actos de terrorismo en Medio Oriente con eufemismos purificadores y etiquetando erróneamente a los terroristas como “luchadores por la libertad”, “rebeldes” o simplemente “militantes”.

Cuando el objetivo es Israel, el New York Times y gran parte del resto del mundo no escucha sobre terrorismo, no ve terrorismo y no informa sobre terrorismo. Los misiles disparados sin provocación desde Gaza hacia civiles en Sderot y las áreas vecinas fueron ocurrencias diarias durante años. Pero, por supuesto, fueron disparados por simples “militantes”.

Como señaló Eric Draitser perspicazmente: la semana pasada ha habido un sorprendente cambio en el léxico de la prensa masiva en los Estados Unidos. Los islamistas chechenios ya no son denominados "rebeldes" ni "luchadores por la libertad". Tras la noticia de que chechenios estuvieron involucrados en el ataque en Boston, el lenguaje cambió de inmediato. La Associated Press, Reuters y otros incontables medios de comunicación publicaron artículos discutiendo la "amenaza de la Jihad" en lugares como Chechenia, en donde "los ataques suicidas, las disputas sangrientas y la toma de rehenes" son una rutina.

Aún estamos lejos de que se reconozca la verdad sobre el terrorismo.

Pero cuando el tema no es Boston, seguimos lejos de reconocer la verdad sobre el terrorismo. La rectitud política sigue siendo sacrosanta y la expresión de un juicio moral en un contexto político continúa estando prohibida.

En dónde está la ira cuando nos enteramos que esta misma semana dos terroristas, Alam Kaabi y Sala Hamouri, que planearon y ejecutaron el asesinato del ministro israelí de turismo, Rehavam Zeevi, y planearon asesinar al Gran Rabino Sefaradí, Rav Ovadia Yosef – descritos en la prensa como “prisioneros liberados recientemente” a cambio de la liberación de Gilad Shalit – serán honrados en una ceremonia en la Bourse de Travail de la municipalidad de St. Denis, un suburbio de París, la capital de Francia, acompañados por un representante de Amnistía Internacional.

En dónde está la ira cuando leemos sobre la importante celebración que se llevará a cabo este viernes 29 de marzo en el mundo árabe para marcar el onceavo aniversario de la muerte martirizada de Ayat Al-Akhras quien, a los 17 años, se convirtió en la mujer suicida palestina más joven cuando asesinó a dos israelíes cerca de un supermercado en Jerusalem el 29 de marzo de 2002 y – en las palabras de la inscripción debajo de su foto en su tributo oficial – "Nunca pienses en quienes han muerto por la causa de Alá como muertos. En cambio, están vivos con su Señor, recibiendo sus provisiones" (Corán, Sura 3:169).

Y en dónde está la ira cuando nos enteramos que los terroristas más honrados por la sociedad palestina son los que han asesinado a la mayor cantidad de personas. Abd Al-Baset Ude, asesino de 30 personas en la masacre del Seder de Pesaj en Netania, tuvo un torneo de fútbol llamado en su honor durante 14 años. Su hermano fue honrado con la distribución de los trofeos. Dalal Mughrabi, terrorista secuestradora de autobús, que lideró uno de los ataques terroristas más letales en la historia de Israel en 1978 cuando ella y otro terrorista asesinaron a 37 civiles, 12 de ellos niños, ha tenido colonias de vacaciones, escuelas, ceremonias de graduación y eventos deportivos nombrados en su honor, al igual que muchos documentales de TV honrándola. Taer Hamad, un pistolero solitario que asesinó a 10 israelíes en 2002, fue glorificado por el periódico oficial de la Autoridad Palestina como “el héroe de la Intifada”.

Esta adulación a los peores terroristas y alabanza por su heroísmo refleja la política del liderazgo actual de la Autoridad Palestina. El Presidente de la AP, Mahmoud Abbas, cuyo nombre es precedido invariablemente en la prensa con el adjetivo de “moderado”, no hace mucho tiempo publicó:

"Saludos de honor y aprecio" a asesinos en masa, a quienes nombró públicamente uno por uno:

"Envío saludos de honor y aprecio a todos los prisioneros… Said Ataba (sirviendo cadena perpetua por asesinato en ataque terrorista)… Marwan Barghouti (sirviendo cinco cadenas perpetuas por planear ataques terroristas mortales)… Ahmad Saadat (sirviendo 30 años en prisión por liderar la organización terrorista Frente Popular por la Liberación Palestina, horado en la televisión por la AP por planear el asesinato del ministro israelí Zeevi en 2001, pero nunca haberlo llevado a cabo)… Aziz Dweik (Líder de Hamás, presidente del parlamento palestino)… Jamal Huweil (cadena perpetua por planear ataques terroristas)… Jamal Tirawi (cadena perpetua por ataque suicida en un café)… Saludos a ustedes de nuestro pueblo” (Fuente: página de Facebook de Fatah, 28 de marzo de 2013).

Los héroes inevitablemente consiguen seguidores. Mientras aquellos que son desvergonzada y cruelmente responsables por los asesinatos de inocentes reciban la adulación del mundo en lugar del desprecio y la condena, desafortunadamente continuaremos produciendo más y más de sus discípulos.

Me temo que Boston ocurrirá de nuevo hasta que los terroristas de todo el mundo sean etiquetados como maldad pura – no sólo cuando nos amenazan personalmente como americanos, sino en donde sea que hagan su diabólica aparición.

Es hora de que proclamemos inequívocamente que todo el que es culpable de matar indiscriminadamente a inocentes, más allá de lo justa que él considere su causa, ya no merece ser parte de la sociedad civilizada.