En unas semanas regreso a enseñar a la escuela. Durante más de medio siglo he tenido la bendición de enseñar Torá, sabiduría y valores judíos a miles de estudiantes. Gracias a Dios, sigo contando con todas mis facultades así como con la capacidad física y mental para continuar trabajando como profesor de estudios judaicos en Yeshiva University.

Fui testigo del cambio de generaciones y de las diferencias de los estudiantes a lo largo de los años. Invariablemente me preguntan: “¿Cómo son los estudiantes actuales comparados con los del pasado? ¿Hay diferencias significativas entre aquellos a los que enseñó en el pasado y los que estudian en la actualidad?”.

Los jóvenes actuales son inquisitivos, inteligentes e idealistas. Adoran la autenticidad. Reconocen la hipocresía, las apariencias y la falta de sinceridad. Desean profundamente que sus vidas tengan significado. Podemos enorgullecernos de la siguiente generación y esperar ver sus futuros logros.

Pero tenemos que reconocer el proverbial “elefante en la habitación” de la educación contemporánea. Quizás es el concepto que mejor describe la razón del lamentable descenso de la excelencia académica. Es un concepto nuevo que no tenía relevancia hace una década, pero que en la actualidad les provoca a los maestros que tratan de transmitir conocimiento más angustia que todas las ruidosas interrupciones que hacían que fuera imposible enseñar en el pasado.

Se trata de lo que se conoce con la palabra en inglés multitasking, 'hacer múltiples tareas al mismo tiempo'. Su gran peligro proviene del enmascaramiento de sus efectos dañinos: su seductiva atracción se presenta como una adición positiva al proceso de aprendizaje en vez de revelar su verdadero rol como la mayor barrera actual entre el maestro y el estudiante.

Innumerables estudios demostraron sin la mínima duda que hacer múltiples tareas a la vez es un mito. Simplemente no funciona. Incluso es contraproducente en muchos y graves sentidos.

De forma simple, multitasking implica intentar hacer varias cosas a la vez y no hacer ninguna como se debe.

Por supuesto, eso no es lo que cree la gente que lo hace. Mientras que continuamente escuchan con un oído a su instructor, ellos revisan sus emails, navegan por la red, miran snapshot, twitter y buscan en Google algo que se les acaba de ocurrir, miran qué publicaron sus amigos en Facebook, y hacen otras miles de cosas que se volvieron parte de sus preocupaciones cotidianas.

Pero la verdad es esta: innumerables estudios demostraron sin la mínima duda que hacer múltiples tareas a la vez es un mito. Simplemente no funciona. Incluso es contraproducente en muchos y graves sentidos.

Fuera del aula, hacer múltiples tareas a la vez puede llegar a ser asesino.

Las estadísticas sobre las personas que conducen y utilizan dispositivos electrónicos son alarmante. Los teléfonos celulares provocan 1,6 millones de accidentes automovilísticos cada año. El 25% de los accidentes de tráfico son causados por enviar mensajes de texto. Los conductores que escriben mensajes tienen seis veces más posibilidades de provocar un accidente que los conductores ebrios. De acuerdo con la Fundación RAC, una organización de investigación de tráfico británica, escribir mensajes de texto mientras se conduce reduce el tiempo de reacción en un 35% y reduce el control de la dirección a un espantoso 91%. Esto lleva a que escribir mensajes y conducir sea significativamente más peligroso que manejar ebrio o drogado.

Estar haciendo otras cosas mientras se camina es igualmente peligroso. Quienes caminan mientras utilizan dispositivos electrónicos, se mueven más lentamente, se tambalean más y efectúan más cambios de dirección que quienes no están concentrados en sus teléfonos. Caminar distraídamente provoca que los peatones sean atropellados, que caigan de puentes o tropiecen con las vías del metro.

Los médicos de Harvard declararon la guerra a quienes efectúan múltiples tareas a la vez cuando un residente casi mata a un paciente al recibir un mensaje de texto.

Ahora imagina lo que esto puede provocar en el ámbito profesional. Los médicos de Harvard declararon la guerra a quienes efectúan múltiples tareas en medio de su desempeño laboral cuando un residente casi mata a un paciente al recibir un mensaje de texto. No sólo eso, los autores Maggie Jackson y Nicholas Carr escribieron libros sobre las cosas malas que la distracción a causa de las computadoras provocan a nuestros cerebros. En un fascinante estudio de David Rock, Your Brain at Work: Strategies for Overcoming Distraction, Regaining Focus, and Working Smarter All Day Long, aprendemos:

“Un estudio de la Universidad de Londres descubrió que enviar constantemente emails y mensajes de texto reduce la capacidad mental en un promedio de 10 puntos en un test de coeficiente intelectual. El resultado fue cinco puntos para las mujeres y quince para los hombres. Este efecto es similar a lo que ocurre al no dormir de noche. Para los hombres, es alrededor de tres veces mayor que el efecto de fumar marihuana. Si bien este hecho puede ser un tema interesante para conversar en una reunión social, no es nada divertido cuando una de las herramientas de productividad más comunes nos vuelve tan tontos como un drogadicto”.

Esto significa que cuando respondes emails mientras realizas otras tareas importantes, en lo que respecta a la función mental sería mejor que estuvieras drogado. O, como dice en otra parte el libro, “cuando la gente hace dos tareas cognitivas a la vez, su capacidad cognitiva puede descender del nivel de alguien que tiene una maestría en Harvard a la de un niño de 8 años”.

De acuerdo con Dr. Clifford Nass, autor de The Man Who Lied to His Laptop, mientras más uno se dedica a hacer múltiples tareas a la vez, menos es capaz de aprender y de concentrarse. Él demuestra que hacer múltiples tareas a la vez atrofia la inteligencia emocional y nos vuelve menos creativos, y los estudios lo apoyan.

El Dr. Daniel J. Levitin, profesor de psicología, neurociencia conductual y música en la Universidad McGill, indica que hacer múltiples tareas a la vez crea una adicción a la dopamina que recompensa al cerebro por perder el foco y encontrar nuevos estímulos externos. En su libro The Organized Mind: Thinking Straight in the Age of Information Overload, Levitin afirma enfáticamente que revisar continuamente emails, Facebook o Twitter califica como una adicción.

Los científicos todavía no han concluido si hacer múltiples tareas a la vez daña de forma permanente nuestro cerebro. Sin embargo, hay abundante evidencia de que daña nuestras vidas.

Como en tantas otras cosas, Albert Einstein se adelantó a su época y fue profundamente profético cuando dijo: “Temo al día en que la tecnología supere a la interacción humana. El mundo tendrá una generación de idiotas”.

La tecnología está cambiando nuestros cerebros, y en general todos están de acuerdo que no es para que sean mejores. Ahora no es raro que la gente se dedique a hacer varias actividades al mismo tiempo, y los estudiantes parecen haber adoptado esto como la forma ideal de llevar adelante sus vidas mientras supuestamente están adquiriendo una educación. El profesor de psicología de la universidad de Stanford, Dr. Clifford Nass afirma que “el 25 por ciento de los estudiantes de Stanford usan cuatro o más medios a la vez”. ¿Aprenden cuatro veces más? No; de acuerdo con estudios de buena reputación ni siquiera aprenden una cosa bien.

Las personas que están ocupadas haciendo dos tareas a la vez ni siquiera ven cosas obvias que tienen delante de sus ojos, de acuerdo con un estudio del 2009 de la Universidad Western Washington. Específicamente, el 75% de los estudiantes universitarios que caminaban por el perímetro del campo universitario mientras hablaban por teléfono, ni siquiera notaron que había un payaso andando en bicicleta por la zona. Los investigadores llaman a esto “ceguera por falta de atención”, y explican que a pesar de que quienes hablaban por sus teléfonos celulares técnicamente miraban a su alrededor, nada de lo que había en verdad se registró en sus cerebros.

Quizás el descubrimiento más interesante de todos sea que precisamente aquellos que creen firmemente que son capaces de hacer múltiples tareas sin ninguna pérdida mental, tanto en términos de completo entendimiento como en recuerdo del material, resultan ser los que más se ven afectados de forma negativa.

La conclusión es simple: quienes deseen tener éxito académico, quienes quieren desarrollar su potencial para crecer mental e intelectualmente, quienes desean obtener una verdadera educación, tal como lo hicieron sus padres y sus abuelos en los tiempos antiguos antes de las computadoras, deben reconocer que hacer múltiples tareas a la vez es el obstáculo que se les interpone en el camino para llegar a ser igual o mejor que las generaciones previas.

De hecho, la palabra con la que comienza la proclamación más importante del judaísmo es Shemá – escucha. Al comienzo de un nuevo año lectivo, elevo mi plegaria para que cada estudiante lo comprenda, sin distracciones, y “con todo su corazón, con toda su alma y con todo su poder”.