Somos una gran e infeliz familia que envía mensajes de texto y que está en Facebook. "Un segundo, estoy en la mitad de un mensaje" es la respuesta común en mi casa. Y admito que yo también soy culpable. O soy yo la que está mandando mensajes de texto, o son mis hijos y esposo quienes están flotando en sus sueños sumidos en el ciberespacio.

Nuestra falta de comunicación familiar se está volviendo intolerable. Por eso, he decidido que en base a la preocupación que tengo por la salud de mi familia es momento de una resolución de año nuevo que nos aleje de nuestros teléfonos celulares y computadoras.

Yo no soy un ángel. A veces, escucho ese familiar tic, tic, tic… y me doy cuenta de que estoy golpeando el teclado nuevamente. Estoy ocupada, muy ocupada - demasiado ocupada para simplemente marcar el número y hablar con la persona a la que le estoy enviando un mensaje. Esto está afectando mis relaciones. No he escuchado la voz de mi mejor amiga en días, y tengo que revisar el Facebook de mi hermano para ver como está en vez de levantar el teléfono – porque incluso si lo llamo, probablemente él no conteste ¡porque está demasiado ocupado enviando mensajes de texto!

La adolescente que tiene el record mundial de “enviar mensajes de texto” envió 50 mil mensajes en un mes. ¿Acaso fue ella a la escuela? ¿Fue al baño?

Las amigas de mi hija pasan incontables horas enviándose mensajes una a la otra sobre nada. El mes pasado, mi hija envió 2.100 mensajes de texto y recibió la misma cantidad. Y eso es considerado moderado en comparación con niños que envían tanto como 30 mil mensajes de texto al mes. La adolescente que tiene el record mundial de “enviar mensajes de texto” envió 50 mil mensajes en un mes. ¿Dónde estaban sus padres? ¿Acaso fue ella a la escuela? ¿Fue al baño? ¿Tuvo al menos tiempo para comer? ¿Necesitará transplantes de pulgar por todo su trabajo duro? Nuestros hijos se están privando de la alegría de escuchar la entonación y la expresión de la voz humana. La verdadera emoción humana es extraída de la "conversación de texto" y es remplazada con banalidades. Me siento mal de que mis hijos se estén perdiendo los pequeños detalles de las conversaciones, que son al fin y al cabo los que enriquecen el intercambio con la otra persona. Quizás los detalles ya no importan. Es un nuevo mundo y las sutilezas ya no son parte de la convención social. La "conversación de texto" ha abreviado el idioma español a unas cuantas consonantes y una vocal ocasional. Si mi hija se coloca completamente en modalidad de "conversación de texto" (y está además tratando de evitar comenzar con su tarea), podría llegar a enviar por mensaje de texto a una amiga algo como: “hla! ktl tdo? yo tngo mxa trea q hcer, xo sta muy complikda :s, tu ktl? yamam dps! xoxo”. Traducido, esto significa: "¡Hola! ¿Qué tal todo? Yo tengo mucha tarea que hacer, pero está muy complicada (cara de confusión). ¿Tú qué tal? Llámame después, besos y abrazos”.

Twitter es la última maldición. Cuando mi profesor de español me decía que fuera concisa con mis palabras, no creo que se estuviera refiriendo a los "tweets" de Twitter.

Por supuesto que esto no quiere decir que no hay valor en email/mensajes de texto/Facebook/MySpace. A todos nos es útil; la facilidad de la comunicación ha transformado el mundo. Pero pienso que estamos tomando toda esta maravillosa tecnología y llevándola demasiado lejos.

¿Qué paso con la comunicación cara a cara? ¡Yo incluso les mando un mensaje de texto a los maestros de mis hijos cuando algo particular me preocupa en vez de concertar una reunión! Es tanto más fácil quejarse desde lejos. Pero ya es hora de dar un paso atrás - y en mi casa, esto va a empezar por mí.

Gracias a Dios los años nuevos son perfectos para nuevos comienzos y para acciones del tipo "si no es ahora, ¿cuándo?". Así que este año voy a decir las cosas en persona en vez de tan sólo mandarlas por mensaje de texto. Cuando las Altas Fiestas lleguen, recordaré decir "lo siento por haberte hecho daño" cara a cara, en vez de usar Facebook, mensajes de texto, Twitter o de pedir disculpas públicas a todos los que conozca en todas las redes sociales que pueda. Es más difícil de hacer, pero el confesar lo malo que le hicimos a otros cara a cara no solamente ayuda a construir el carácter propio, sino que significa mucho más para la persona que está en el lado receptor de la disculpa.

Y si me apego a mis convicciones, quizás mis hijos y mi esposo sacarán la vista de sus teléfonos y computadoras cuando yo hablo y escucharán lo que tengo que decir. Quizás nosotros sí tendremos conversaciones reales durante la cena. Quizás este Rosh HaShaná hablaremos de la comunicación – tanto entre nosotros mismos como con Dios.

Y cuando me pare frente a Dios este Iom Kipur diciendo "por los pecados que he cometido en tu contra…" ¡No le estaré enviando un mensaje de texto!