Las personas pueden dividirse en dos categorías: "conectores" o "divisores".
Los "conectores" buscan las cosas en común; los "divisores" se focalizan en las diferencias. Los "conectores" dan el beneficio de la duda, los "divisores" buscan las culpas. Los "conectores" dejan pasar las cosas; los "divisores" guardan rencores. Los "conectores" buscan elogiar, los "divisores" buscan criticar. Los "conectores" se sienten bien a través de la conexión (no es sorprendente), los "divisores" prosperan al fomentar la división.

Los "divisores" vomitan odio, intimidan y practican la discriminación, los prejuicios y las injusticias. Los "conectores" comparten el amor, luchan por la igualdad, defienden la justicia, protegen a los vulnerables y aman incluso a aquellos que les desagradan. Los "divisores" a menudo disfrazan su predilección por el conflicto como una lucha por principios. Pero eso es una cortina de humo. Los "conectores" tienen valores e ideologías y sus principios son genuinos, pero sin comprometer lo que ellos mismos creen, están comprometidos a encontrar cosas compartidas con otros que pueden no compartir los mismos valores y principios.

Durante las últimas semanas, la conversación se ha focalizado mucho en el racismo y más recientemente en el antisemitismo y es de esperar que eso traiga un progreso positivo.

El Talmud (Ioma 9b) nos dice que el Segundo Templo fue destruido por sinat jinam, odio infundado., En esa época la gente observaba las leyes de la Torá y cumplía las mitzvot, pero se maltrataban groseramente los unos a los otros. Eran observantes de la Torá "divisores" en vez de ser "conectores".

¿Qué es el odio infundado? Cuando me desagrada alguien que cree, observa, vota o vive de forma diferente que yo, cuando odio a alguien que ve las cosas de forma diferente, aparentemente hay una base real para mi odio. Entonces, ¿por qué se lo llama "infundado"?

Falta poco para el primer iortzait de mi querido amigo, el Rav y Dr. Brian Galbut z"l, uno de los seres humanos más extraordinarios que muchos hemos conocido. A comienzos de esta semana, en el brit del primer nieto de Brian (que recibió su nombre), hablé el padre de Brian. Él describió a Brian como un maravilloso "conector" en todas las direcciones, con su esposa, con sus padres, con sus abuelos, tías y tíos, con sus hermanos y primos, con sus hijos, sobrinos y sobrinas, con sus compañeros de trabajo y vecinos, con los que religiosa y políticamente se encontraban a su derecha y a su izquierda, con los que estaban antes y después de él en la vida.

Antes de su iortzait, conversé con varios de sus amigos de diversos orígenes, estilos de vida y niveles de observancia religiosa. Una de las cosas que todos ellos tenían en común era el hecho de sentir que Brian era su mejor amigo. Brian encontraba en cada uno algo con lo cual conectarse. Él era un erudito de la Torá que se tomaba muy en serio el estudio de la Torá y vivía con increíble seriedad y conexión con muchos que compartían esa pasión e identidad. Él era un atleta que se destacaba en básquetbol, golf y corriendo carreras y podía relacionarse con muchos compañeros de equipo, competidores, amigos y conocidos con los que disfrutó jugando y siguiendo los deportes. Él era un médico brillante que no sólo brindaba la mejor atención médica, sino que la acompañaba con una sobresaliente atención humana, genuinamente dedicado a sus pacientes y amado por sus colegas, enfermeras y equipo de trabajo. Su cálida sonrisa, su risa contagiosa y su perspectiva singular cuando conversaba con alguien le permitían ganarse el corazón de todo el mundo, tanto de aquellos con los que tenía muchas similitudes como de aquellos con los que aparentemente no tenía nada en común.

Una vez le pregunté a Brian cómo lograba mantener esa actitud positiva todo el tiempo, cómo hacía para llevarse bien con todo el mundo y cómo hacía para ser un eterno optimista sin importar lo que le presentara la realidad. En ese momento estábamos caminando por un campo de golf; él se detuvo y me dijo: "Trabajo en eso desde que era muy joven". Él me dijo que vivir con fe, ver lo bueno en los demás, sentirse feliz, esperanzado y positivo, son todas opciones, no sentimientos. No es fácil pero podemos elegir ser positivos, elegir ser leales y elegir ser "conectores" y no "divisores".

La Torá nos alienta a amar a los demás: "veahavta lereajá kamoja" – ama a tu prójimo como a ti mismo. Por otro lado, la Torá permite odiar el mal: "ohavei Hashem sinú rá" – los que aman a Dios odian el mal. ¿Cómo reconciliamos estos dos imperativos? Rav Shneur Zalman de Liadi, el fundador de Jabad, escribió en su Tania (32): "Es una mitzvá odiarlos, y es una mitzvá amarlos. Ambas cosas son ciertas. Tú odias al ietzer hará, a la inclinación al mal en ellos, y amas la bondad que se encuentra oculta en ellos, que es una chispa de Divinidad".

Todo odio dirigido a una persona se considera infundado porque rechaza e ignora la esencia de la persona, la imagen de Dios con la cual podemos encontrar conexión y algo en común. Esto no significa que no confrontemos, debatamos o desafiemos las ideas o las acciones que no podemos tolerar. Esto significa que amamos a las personas, incluso cuando rechazamos y no nos gusta lo que ellas dicen, piensan o hacen.

En su excelente libro Baseless Hatred (Odio infundado), el Dr. Rene Levy escribe: "El odio surge porque nuestro sistema neural primigenio reacciona a los eventos desde la perspectiva de nuestras propias inseguridades preexistentes, porque hacemos generalizaciones (que pueden ser negativas o positivas), y confundimos asociaciones (información adicional pero no necesariamente relevante) con causalidad". En esencia, cuando odiamos a alguien, revelamos mucho más sobre nosotros mismos que sobre el sujeto o el objeto de nuestro odio.

Odiar a los alemanes

Norman Frajman es uno de aquellos pocos individuos que vivió el infierno y no una, sino dos veces. Él sobrevivió tanto al Gueto de Varsovia como a Majdanek. Yo tuve el honor de acompañarlo dos veces a Polonia cuando viajó a esos lugares con cientos de adolescentes en la Marcha por la Vida. Cuando caminábamos por Majdanek, un campo de concentración que está bien preservado, Norman identificó para los adolescentes su antigua barraca, les mostró dónde los hacían formar cada día y detalló las cosas espantosas que vio. En un momento, uno de los jóvenes le preguntó: "¿Usted odia a los polacos y a los alemanes por lo que hicieron? ¿Odia a esos países en la actualidad?"

En un momento que nunca olvidaré, Norman dejó de caminar, se dio vuelta para mirar de frente al enorme grupo de adolescentes que caminaban con él, y sin dudarlo dijo: "No, yo no los odio. Yo no odio a nadie. A mí me disgusta, condeno, critico y enfrentaré lo que pienso que es erróneo. Pero nunca voy a usar la palabra odio. Yo no odio, porque el odio es lo que dio lugar a todo esto".

Lo que debería ser una palabra poderosa y estremecedora, odio, perdió su significado y su impacto porque se la usó de más. A veces se usa "odiar" para describir que simplemente alguien objeta algo. En este período de las tres semanas en el que trabajamos para reparar el daño del odio infundado, debemos esforzarnos para usar la palabra odio con más juicio, pensamiento y propiedad. Tú no odias tu comida menos favorita ni los días de calor, ni cuando internet funciona lento o cuando la persona a quien esperas llega tarde. Sobre todo, no puedes y no debes nunca odiar a otras personas, incluso cuando rechazas lo que ellas dicen o hacen.

Rav Abraham Itzjak HaCohen Kook (Orot HaKodesh Vol. III, pág. 324) escribió que hay sólo un antídoto para el odio infundado. "Si fuimos destruidos, y con nosotros el mundo, debido al odio infundado, entonces debemos reconstruirnos,y al mundo, con amor infundado, ahavat jinam".

Para Rav Kook, ahavat jinam no era sólo una idea teórica. Hay innumerables historias del profundo amor de Rav Kook hacia todos los judíos, incluso hacia aquellos que estaban muy alejados del estilo de vida de la Torá. Cuando le preguntaron por qué amaba a esos judíos, respondió: "Mejor errar para el lado del amor infundado que errar para el lado del odio infundado".

Si queremos que termine este duelo pronto, necesitamos parecernos más a Brian y al Rav Kook. Elige conectarte en vez de dividir, elige vivir con amor infundado y no con odio infundado.