Estamos sumergidos en un mundo que nunca hubiéramos imaginado. Muchos sienten miedo, ansiedad, incredulidad. Lo desconocido asusta. Debemos enfrentar preocupaciones físicas, económicas, emocionales. Los padres se preocupan por sus hijos y los hijos se preoucpan por sus padres. ¿Cuánto tiempo podemos seguir así?

Cada vez que suena el teléfono con nuevas noticias, queda otra mella en nuestra armadura mental. Estamos agotados. ¿Cómo podemos encontrar la fuerza y el optimismo necesarios para superar nuestros desafíos?

Aunque no tenemos profetas, la sabiduría judía puede guiarnos.

En un mundo repleto de caos ansiamos encontrar seguridad y estabilidad. Ahora nos preparamos para Pésaj y esperamos la noche del Séder. La definición de Séder es “orden”, exactamente la red de seguridad que tanto añoramos. Primero debemos escuchar el mensaje de nuestro Séder. Saber sin ninguna duda que no estamos solos en este mundo. Así como nuestro pueblo en Egipto se preguntó si alguna vez saldría de esa espantosa oscuridad, también nosotros podemos preguntarnos: ¿Estamos girando sin control? ¿Alguna vez volveremos a ver la luz?

Dios nos sacó de Egipto y también nosotros saldremos de esta oscuridad.

La noche del Séder viene a enseñarnos una perspectiva para la vida. Es cierto, allí hay maror (hierbas amargas). Nuestros antepasados tuvieron muchos momentos dolorosos. Hubo momentos en los que se angustiaron y se sintieron descorazonados. Pero ellos no permitieron que los momentos de maror los superaran. No perdieron su fe. Nosotros sumergimos el maror en jaroset, una deliciosa mezcla de manzanas, nueces, vino y miel, para recordar que incluso en los momentos más difíciles debemos ver la dulzura que impregna nuestra vida. Las amistades, el amor, la resiliencia, la bondad que nos rodea. Dios nos sacó de Egipto y también nosotros saldremos de esta oscuridad.

En nuestro Séder hacemos un sándwich de matzá y maror con un poco de jaroset, porque así es la vida. En medio de las dificultades hay flashes de alegría. ¡Aférrate a ellas! Aprovecha el momento.

Con las cuarentenas y el distanciamiento social, aprovecha esta época para construir un puente. Llama a alguien con quien hayas perdido el contacto. Piensa en otros que puedan sentirse solitarios en este momento y abrázalos con tu corazón.

Este germen se dispersó por el mundo y creó caos. Imagina cómo una buena palabra, un buen acto, puede dispersarse por el mundo y contrarrestar la devastación. Tu luz puede difundirse de una persona a otra, una y otra vez. El antídoto para la destrucción es la creación. Crea bondad. Sé una bendición.

El optimismo de Rabí Akiva

Es fácil perder las esperanzas. No somos los primeros que nos sentimos de esta manera.

Nuestra Hagadá nos cuenta de un Séder famoso que tuvo lugar en Benei Brak. Allí se reunieron muchos Rabinos importantes. Uno de los Sabios mencionados es Rabí Akiva, que de hecho era el sabio más joven que recibió a los ancianos. Los Sabios hablaron sobre el éxodo hasta que sus estudiantes vinieron y les dijeron: “Rabinos, ¡ya es la hora de recitar el Shemá de la mañana!”.

Mis queridos lectores, en este Séder inviten a Rabí Akiva a sus corazones. Él les dará fuerzas. Él les brindará coraje.

Rabí Akiva vivió en la época de mayor oscuridad. El Templo sagrado en Jerusalem había sido destruido. Los romanos habían conquistado la tierra. El espíritu de la nación judía fue aplastado, su alma fue pisoteada. Estudiar Torá y cumplir mitzvot se castigaba con prisión, tortura y muerte. Muy pronto comenzaría el largo y amargo exilio. Los judíos serían encadenados y vendidos en el mercado de esclavos romano. ¿Quién podía pensar en unirse a un Séder bajo semejante oscuridad? ¿Quién podía sentirse inspirado para hablar sobre el éxodo de Egipto cuando el aire estaba cargado de desesperanza?

Esa fue exactamente la razón por la que los Sabios se reunieron en la casa de Rabí Akiva.

Rabí Akiva era el eterno optimista. Él se negó a ceder a la depresión. Donde otros veían el final del camino, él veía el comienzo de una travesía. Sus ojos siempre estaban en el futuro. Su corazón estaba eternamente repleto de fe.

Volvemos a encontrar a Rabí Akiva cuando caminaba con sus colegas por Jerusalem. Cuando llegaron al Monte Scopus, ellos rasgaron sus prendas en dolor ante la devastación que veían. Cuando llegaron al Monte del Templo, salió un zorro del lugar que solía ser el Kódesh HaKodashim. Los Sabios comenzaron a llorar. Rabí Akiva se rió. “¿Por qué te ríes?”, le preguntaron. Les explico que mientras ellos veían la destrucción de lo sagrado, él veía el cumplimiento de la profecía. Tal como se había cumplido la primera parte de la profecía respecto a que el Templo sería destruido, ahora debíamos esperar el cumplimiento de la segunda parte de la profecía: la reconstrucción del Templo y el retorno de nuestro pueblo.

Ahora debemos reunirnos alrededor de la mesa de Rabí Akiva. Hace falta coraje para mantener un espíritu positivo. Los Sabios se reunieron por el espíritu que les daría fe y esperanza para seguir viviendo. Mientras no nos quedemos estancados en la oscuridad del ayer podremos emerger a la luz del mañana. ¿Es fácil? No, requiere todas tus fuerzas. Pero si eres capaz de pasar la noche recordando el éxodo, reforzando en tu interior el entendimiento de que hay un Dios que te cuida, que se preocupa por ti, y que te saca de tu Egipto personal, entonces lo lograrás. Debemos nutrirnos del optimismo eterno de Rabí Akiva.

Cuando los estudiantes llegaron para decirles que ya era hora de decir el Shemá de la mañana, estaban transmitiéndonos un mensaje a nosotros hoy en día: No te rindas. No caigas en la desesperanza. La parte más oscura de la noche tiene lugar justo antes del alba.

El Shemá de la mañana es una plegaria de fe clara. No existe el velo de las dudas. Es brillante y clara. Proclamamos nuestra fe inquebrantable con una sola voz.

Volveremos a ponernos de pie. Volveremos a sentir alegría. Reconstruiremos.