En una reciente visita a Estados Unidos, acompañé a mi padre a su grupo semanal de discusión. Sentada en la periferia del círculo, escuché a 25 personas —la mayoría no judías— debatiendo sobre el tema de la semana: “La paradoja de Abilene”.

Esta paradoja —cuyo nombre se basa en la ciudad de Texas de Abilene— describe la situación en la cual un grupo de personas eligen hacer algo de manera colectiva pese a que ninguna de ellas quiere hacerlo privadamente.

La historia por detrás es la siguiente: Una tarde de verano, cuatro miembros de una familia están sentados en el balcón con 40ºC. Entonces, uno de ellos sugiere viajar a Abilene —la cual queda a 87 kilómetros de distancia— para cenar. A pesar de que el auto no tiene aire acondicionado, el segundo dice: "Buena idea", el tercero dice: "Por mí, está bien" y el cuarto dice: "Seguro, vamos a viajar". Así, emprenden el largo y caluroso viaje, comen lo que termina siendo una pésima comida y retornan exhaustos cuatro horas después. Sólo entonces descubren que en realidad nadie quería viajar: El primero lo sugirió porque pensó que tal vez los otros estaban aburridos, y los otros siguieron la idea porque cada uno pensó que los demás sí querían ir.

La paradoja de Abilene es una forma de pensamiento grupal en la cual las personas están más preocupadas por evitar conflictos que por llegar a una solución óptima.

Los 31 ingenieros que trabajaron en el transbordador espacial Challenger se opusieron de forma privada a su lanzamiento; sin embargo, de alguna forma se tomó la decisión de lanzarlo.

Un caso famoso en el que probablemente aplicó la paradoja de Abilene —y sobre el cual se habló mucho en el grupo de discusión— fue la decisión de la NASA de lanzar al espacio el transbordador espacial Challenger en 1987. Setenta y tres segundos después de su despegue, la nave explotó y se estrelló en el Atlántico, lo que resultó en la muerte de los siete miembros de su tripulación. Luego de la investigación, se descubrió que los 31 ingenieros que trabajaban en el proyecto se oponían privadamente a su lanzamiento; sin embargo, de alguna forma se tomó la decisión de lanzarlo.

Yo escuché mientras el moderador le daba a cada uno la oportunidad de expresar su propia opinión. La mayoría creía que la paradoja de Abilene proviene de una cultura organizacional deficiente: una cultura que pretende que las personas obedezcan a su superior, que promueve en demasía el ser parte de un equipo o que desalienta la oposición.

Pero hubo algo que todos parecían pasar por alto. Cuando el grupo estaba a punto de concluir, levanté mi mano.

"En realidad yo encuentro toda esta discusión bastante graciosa", les dije. "Yo vivo en Israel, y créanme, los israelíes no tienen ningún problema con alzar la voz. ¿Ustedes saben cómo son las asambleas de la Kneset? Me parece que la paradoja de Abilene sólo puede ocurrir en una sociedad de gentiles corteses". Todos se revolcaron de risa.

La verdad es que la paradoja de Abilene sólo puede darse en una sociedad en la cual ‘no querer ser diferente’ toma precedencia por sobre ‘creer en ti mismo’.

Seguir tu propia brújula es algo particularmente desafiante para adolescentes y adultos jóvenes. Tomemos, por ejemplo, la escena de un encuentro amoroso en el campus de una universidad. Los investigadores han descubierto que ni los hombres ni las mujeres se sienten tan cómodos con este escenario como parece. Parte de la razón por la cual la escena es tan desenfrenada es la "ignorancia pluralista": A pesar de que ninguna de las partes quiere este encuentro, cada uno cree que el otro sí lo quiere y, por lo tanto, sucumben ante la supuesta presión por parte de su pareja (1). Muchos estudiantes universitarios tienen miedo de decir "no quiero" por miedo al ostracismo social, pero si lo hicieran, las investigaciones indican que encontrarían más simpatizantes de los que creen.

Los judíos hemos sido capaces de cambiar el mundo precisamente porque, cuando ha sido necesario, hemos sido capaces de no ser conformistas, llegando a ser incluso iconoclastas.

Sucumbir ante la presión social (lo cual desgraciadamente nos persigue a muchos hasta la adultez) va en contra del valor judío de pensar por ti mismo. Los judíos hemos sido capaces de cambiar el mundo precisamente porque, cuando ha sido necesario, hemos sido capaces de no ser conformistas, llegando a ser incluso iconoclastas (¿recuerdas a Abraham destruyendo los ídolos?). No importa cuán lejos estemos de ello, la individualidad sigue siendo el ideal judío.

Pero trata de decirle a una persona joven: "Tú eres inteligente, ¡no hagas lo que tus amigos hacen! ¡Escúchate a ti mismo!". La mayoría de las veces no funciona. La campaña antidrogas de Nancy Reagan "Sólo di que no" estuvo basada en la ingenua creencia de que cualquier adolescente típico que piensa en los peligros de las drogas sería capaz de reunir las fuerzas necesarias para remar contra la corriente. Y la verdad es que son demasiados los que no pueden.

Pero piensa lo que hubiese ocurrido si creyéramos en nosotros mismos. O si uno de esos 31 ingenieros de la NASA hubiese tenido el valor de levantarse, golpear la mesa, y gritar que el Challenger no podía ser lanzado.

Así que esto es lo que les sugiero a los adolescentes y adultos jóvenes que, en lo profundo de su ser, prefieren seguir sus propias opiniones y pensamientos en lugar de los de la multitud. Recuerda:

1) Dios te dio un cerebro; ¡úsalo! Si te hubieran dado un Porsche nuevo, ¿lo dejarías tirado en la carretera mientras pides prestado un Ford 97? Tú tienes una mente de primera, ¡no la dejes abandonada mientras otros toman las decisiones por ti!

2) A pesar de la poderosa fuerza que ejerce la presión social, al final del día, sólo tú tendrás que cargar con el peso de tus tontas decisiones. ¿No sería mejor entrar a la vida postuniversitaria sin ese equipaje? Sí, es desafiante a corto plazo, pero piensa en cómo te vas a sentir a largo plazo.

3) Créelo o no, la gente te respetará por defender tus creencias si lo haces con seguridad e integridad. Más allá de la aparente superficialidad en este mundo, las personas son mucho más profundas y reales de lo que creemos. En el fondo de sus corazones te admirarán por tu coraje.

Después de una visita a Israel, el director de una escuela china comentó que los judíos estarían dispuestos "a dar vuelta el mundo si fuese necesario" cuestionando y desafiando a las autoridades (2). Los judíos de hecho han dado vuelta el mundo, y otros también lo han hecho. Cuándo y dónde sea necesario, debemos estar dispuestos a hacerlo nuevamente.


1. T. A. Lambert, A. S. Kahn, y K. J. Apple, "Ignorancia pluralística y los encuentros amorosos", Semanario de investigación sexual, Mayo 40 (2): 129-33.

2. Chiang Xueqin, "Lo que Israel le puede enseñar a China", revista The Diplomat, 13 de Mayo del 2012.