En su artículo "Primero viene el amor, después la esterilización", la escritora Suzy Weiss declaró: "Los norteamericanos están teniendo la menor cantidad de bebés registrada hasta la fecha desde el momento en que comenzamos a llevar un registro en 1930. Y algunas mujeres… no simplemente posponen el embarazo, sino que eliminan por completo su posibilidad".

Ella apoya sus palabras con algunas estadísticas impresionantes:

"El año pasado, el número de fallecimientos excedió la cantidad de nacimientos en 25 estados cinco veces más que el año previo. La tasa de matrimonio también es la más baja de todas las épocas, con 6,5 matrimonios cada 1.000 personas. La generación del milenio (millennials) es la primera generación donde la mayoría de sus miembros no están casados (alrededor del 56%). De acuerdo con una encuesta de Pew, también es más probable que sigan viviendo con sus padres bien entrados los veinte y treinta años, a diferencia de las generaciones previas… En ciudades como Nueva York, donde muchos norteamericanos jóvenes y seculares van a construir sus vidas, cada vez hay menos niños. En San Francisco, hay más perros que niños".

¿Por qué la gente joven no tiene hijos?

Las razones varían desde algo llamado "libertad sin hijos" o el deseo de no querer verse encadenado bajo las cargas físicas y económicas de la crianza de los hijos, el temor a los estragos que el embarazo puede causar en el cuerpo (incluida la depresión postparto, la preeclampsia y otros problemas), a una serie de ideas más extremas que consideran que la procreación es moralmente incorrecta.

La paternidad es un hundimiento, lento y costoso, en un mundo anticuado: casa en los suburbios, minivans, asientos especiales en el auto y prácticas de fútbol. También trae consigo una montaña rusa emocional.

La idea de no tener hijos no es tan escandalosa. Tener hijos es caro y consume mucho tiempo. Es agotador emocional y físicamente. Limita tu estilo de vida (no puedes pasar de largo toda la noche ni viajar de forma improvisada al extranjero cuando hay niños pequeños en casa), y lo más probable es que te veas forzado a mudarte de tu barrio hip. La paternidad es un hundimiento, lento y costoso, en un mundo anticuado: casa en los suburbios, minivans, asientos especiales en el auto y prácticas de fútbol. También trae consigo una montaña rusa emocional, especialmente cuando tu hijo crece, comienza a exigir su independencia y proclama saberlo todo.

La alternativa, la libertad, sin duda es atractiva. Nunca tienes que ceder a tu estilo de vida despreocupado y atractivo. Puedes viajar, ahorrar dinero y, si lo planificas bien, retirarte a los 50 años, cuando todavía eres suficientemente joven y sano para hacer lo que deseas.

Algunos de los argumentos en favor de tener hijos no son demasiado convincentes. La mayoría de las personas no estarían dispuestas a sacrificar algo atractivo, como la libertad, a cambio de algo que parece más bien vago y lejano, como un legado o dar continuidad al nombre de la familia. Construir una familia está repleto de incertidumbres y riesgos. Por ejemplo, uno no puede elegir a sus hijos, pueden llegar a ser cualquier persona, en comparación con un círculo unido de amigos en constante evolución. Sí, los hijos pueden ser una increíble fuente de alegría, pero eso no puedes saberlo hasta que no los tienes, y conceptos como najat y kvelling son imposibles de explicar a alguien que no los ha experimentado.

¿Por qué tener hijos?

Pero a pesar de estas razones, hacer niños debe ser tu prioridad. Y ahora te diré por qué.

La mayoría decidimos tener hijos por razones egoístas. Tienes la vaga sensación de que deseas comenzar una familia, que eso será significativo, e intuitivamente sientes que tener una familia "es lo correcto". Pero cuando llegan los niños, lo más probable es que en verdad no tengas idea de dónde te estás metiendo.

Entonces comienzan las noches sin dormir, los pañales sucios y la baba.

Es imposible que la paternidad no te haga cambiar.

Ahí es cuando descubres algo más respecto a ser padres: es bueno para ti. La paternidad te obliga a cambiar; te vuelves menos egoísta y más desinteresado. Y no se trata de una clase de crecimiento personal, no trabajas en ello, simplemente ocurre.

Es imposible que no sea así.

Caminar de un lugar a otro con un bebé durmiendo sobre tu brazo, sin poder dejar de moverte (¡los bebés saben cuando dejas de moverte!), despertarte cada tres horas, preparar el biberón, cambiar pañales, tratar de mantener la calma cuando destruyen tus cosas, correr a una variedad de citas médicas y estresarte prácticamente por todo… Esto provoca algo en ti. Puede que sea en contra de tu voluntad, pero le estás dando a otro. La rutina diaria de ser padres es un ejercicio interminable de altruismo involuntario.

Existe una expresión para esto. Se llama crecer.

La libertad sin hijos es atractiva porque combina el hecho de liberarse de la responsabilidad al ser un niño con la independencia y los medios de ser un adulto. Puedes tenerlo todo.

Pero hay una trampa.

El defecto de diseño inherente al ser humano es el egocentrismo y el egoísmo. No se trata de un juicio de valor, es parte de la condición humana. Todos comenzamos pensando en nosotros mismos. Todos experimentamos el mundo desde nuestros ojos y nuestros oídos. Crecer es un proceso de cambio de perspectiva. Es descubrir que el mundo no gira a nuestro alrededor.

Crecer es un proceso en el que descubrimos que el mundo no gira a nuestro alrededor.

Descubrir esto no sólo te vuelve una mejor persona; te vuelve una persona más feliz, más satisfecha.

Expandir la felicidad

La felicidad es valorar lo que tienes, y los niveles más profundos de felicidad implican valorar algo fuera de ti mismo. Por ejemplo: amar es valorar a otras personas; dar es valorar el placer al darle a los demás. La trascendencia es valorar tu insignificancia en relación a Dios.

¿Pero cómo puedes llegar a entender estas cosas si estás completamente centrado en tu mismo? La paternidad te obliga a hacer algo por otro fuera de ti mismo. Puedes sentir resentimiento. Puede haber momentos en los que incluso lo detestes. Pero, como comer verduras, a largo plazo es bueno para ti.

También es una idea judía básica. La Torá comienza diciéndonos que debemos "ser fructíferos y multiplicarnos". La razón es obvia: sin futuras generaciones la humanidad no puede existir, el propósito del hombre, así como el de la Torá, se anula.

Compasión y misericordia

El Talmud también discute un mensaje más profundo. Para poder ser elegido como juez en una corte de justicia judía, no sólo debes ser sabio, tener un carácter ejemplar y conocer a fondo la ley, sino que también debes tener hijos. El Talmud dice que esto se debe a que el hecho de ser padres nos instila misericordia.

Los padres pasan mucho tiempo con personas irracionales, un poco locas. Escuchan muchas acusaciones salvajes, medias verdades y relatos muy creativos de los eventos. Los padres deben enfrentar muchas situaciones en las que el acusado, por más tierno que sea, obviamente está equivocado.

Pero, ¿qué se supone que debemos hacer? ¿Dar golpes? ¿Arrojar al bebé junto con el agua de la bañadera? Quizás. Pero la mayoría de las veces, es mejor mostrar moderación, ser compasivo y tener piedad.

La compasión y la misericordia son cualidades adquiridas. No ocurren por sí mismas. Son consecuencia de tener relación con otras personas y valorar diferentes perspectivas. Tener hijos ayuda a desarrollar esas habilidades, aunque por lo general lo hace sin que nos demos cuenta. En una corte judía, eso te convierte en un mejor juez, y en la vida te vuelve una persona mejor, más feliz y satisfecha.

Puedes ser feliz sin tener hijos y, lamentablemente, no todo el mundo puede tener hijos. Crecer implica desafíos, obstáculos, deficiencias y desgracias, y todos tenemos una dosis saludable de todas estas cosas. Pero en la crianza de los hijos hay algo que da fuerza al tema.

Obviamente no todos aprenden estas lecciones. Algunas personas son pésimos padres. Pero no son la mayoría. La mayoría de las personas se encuentran en algún lugar del espectro entre buenos padres y padres mediocres, y estas lecciones quedan grabadas en sus cerebros. Funciona. Te cambia. Te brinda una alegría inexplicable. Y esta es una alegría que se pierden aquellos que se convencen de quedarse sin tener hijos.