Si tiene suerte, Archie Mountbatten-Windsor puede llegar a tener un hermano. Pero definitivamente no tendrá más que uno.

Eso de acuerdo con lo que declaró  su padre, el príncipe Harry de Inglaterra, en una entrevista con la legendaria especialista en primates Jane Goodall para la última edición de British Vogue. Harry afirmó que él y Meghan planean no tener más de dos hijos. Esto no se debe a que siempre hayan soñado con tener una cálida familia de cuatro miembros, sino porque piensan que tener más hijos en una era de cambio climático sería irresponsable y desconsiderado con el medio ambiente. “¡Máximo dos!”, respondió Harry cuando Goodall remarcó que la pareja no debería tener demasiados hijos.

“Somos la única especie de este planeta que piensa que el planeta sólo nos pertenece  a nosotros”, dijo el príncipe. Y rápidamente señaló que él no piensa así: “Yo siempre pensé que este lugar lo recibimos prestado. Por cierto, siendo tan inteligentes como somos… debemos ser capaces de dejar algo mejor para la próxima generación”.

Como señalaron rápidamente varios observadores, si Harry realmente quiere reducir su propia huella de carbón en el mundo, puede comenzar por cambiar su actual estilo de vida.

John Vidal escribió en The Guardian que si Harry y su familia “quieren marcar una diferencia en el planeta Tierra, deben comenzar por dejar de viajar en aviones privados a Jamaica, a los safaris de lujo en Botswana, a las bodas en Montego Bay, los improvisados viajes invernales a Tromso, las vacaciones en Australia y Nueva York, los descansos en las islas Mediterráneas y los breves viajes a Fiji”.

¿Pero no tener (más) hijos? Esa no es la manera de salvar al mundo.

Uno de los fenómenos más tristes de nuestra época es  la manera en que no tener hijos se promueve como una virtud.

En un video de Instagram en febrero, la senadora norteamericana Alexandria Ocasio-Cortez dijo que el cambio climático hace que sea “legítimo” y “moral” que los jóvenes se cuestionen si “todavía está bien tener hijos”. En el programa Real Time de la cadena HBO, Bill Maher alabó a los jóvenes por “hacer algo bueno”, es decir por tener menor hijos. “No se me ocurre un regalo mejor para nuestro planeta que llenarlo de menos seres humanos que puedan destruirlo”, dijo en medio de los aplausos.

Hace sólo un mes, la cantante Miley Cyrus despotricó en una entrevista grosera con la revista Elle y afirmó que la tierra está “exhausta”, que “ya no puede producir” y que no vale la pena legarla a los niños. “Hasta que no pueda sentir que mi hijo puede llegar a vivir en una tierra con peces en el agua, no traigo al mundo a otra persona para que tenga que enfrentarse con esa realidad”, declaró. Cientos de mujeres se unieron a Birthstrike, un grupo para aquellos que decidieron “no tener hijos debido a la grave crisis ecológica”. Estos son sólo unos cuantos ejemplos de esta nueva moda, y hay muchos más.

Reconozco la ansiedad y la preocupación que sienten muchas personas por la situación del medioambiente. Pero si ellas quieren hacer del mundo un lugar mejor, la manera de lograrlo no es evitando que haya más niños.

Es un hecho ineludible de la vida que nacer implica sufrir, esforzarse y tropezar. Nunca hubo una época en la que eso no fuera cierto, y quienes vivieron en la mayoría de los períodos históricos tuvieron que enfrentar dificultades mucho más duras que el calentamiento del clima: guerras, hambrunas, esclavitud, pobreza, plagas. No tener hijos teóricamente puede evitar que los descendientes hereden un mundo con terribles problemas. Pero eso también le niega al mundo el máximo recurso para lograr solucionar esos problemas: la inteligencia, la imaginación y el coraje humano.

El Talmud nos dice que cuando la esclavitud de los hebreos en el antiguo Egipto se volvió insoportable, sus líderes aconsejaron a las parejas que dejaran de tener hijos. ¿Para qué tener más hijos que tuvieran que enfrentar una vida de esclavitud? Eventualmente uno de estos líderes fue persuadido de que estaba equivocado, y que debían seguir teniendo hijos incluso en medio de esa opresión mortal. Entonces él y su esposa tuvieron otro bebé. Ese bebé, llamado Moshé, se convirtió en el salvador que condujo a su pueblo a la libertad.

Cada vez que los padres traen niños a un mundo en el cual las cosas marchan mal, ellos mejoran las probabilidades de que haya alguien que pueda llegar a mejorarlas. Además de todas las otras razones para tener hijos, existe esta realidad utilitaria: más personas hacen que el mundo sea un lugar mejor.

La cantidad de seres humanos casi se ha cuadruplicado durante el último siglo, y la humanidad florece como nunca antes. La gente vive más años, está más sana, con mejores viviendas y mejor vestida. Los antiguos males (esclavitud, genocidio, mortalidad infantil, analfabetismo, guerras mundiales, muertes por desastres naturales y pobreza absoluta) se han reducido dramáticamente, si es que no fueron vencidos por completo. Gracias a los avances que resultaron de la innovación, el entendimiento y el esfuerzo humano, se logró sofocar amenazas terribles y encontrar la cura a enfermedades letales. Desde la agricultura a los viajes aéreos y a la abundancia de bienes de consumo, la porción del hombre, la mujer y el niño promedio mejoró por encima de lo que las utopías más optimistas podían imaginar en 1920.

La paternidad no es para todo el mundo. Pero la raza humana necesita más personas, como siempre lo ha necesitado. Si te preocupa el estado del mundo, debes tener más hijos. No podemos imaginar de qué manera la humanidad se verá bendecida en el futuro por los bebés que tú puedas criar hoy.

Este artículo apareció originalmente en el Boston Globe.