Al crecer en lo que fue la Unión Soviética, no tuve demasiados conocimientos sobre mi identidad y las tradiciones judías. Desde 1989, cuando mi familia inmigró a los Estados Unidos, busqué activamente un sentido y un propósito en la filosofía, las tradiciones y los valores judíos. Leí cientos de libros tratando de entender mi herencia eterna, buscando qué relevancia podía tener en mi vida la antigua sabiduría.

La autora, con el libro que le regaló Rav Sacks

Me sentía desgarrada entre las costumbres rusas conocidas y mi fe judía recién descubierta. Cuando con mi esposo tuvimos que decidir cómo educar a nuestros hijos, quedó claro que deseábamos construir un hogar con valores y tradiciones judías. Pero mi infancia soviética hizo que fuera un desafío navegar y sentirme competente en el mundo de los judíos observantes de la Torá. A fin de cuentas, todavía recuerdo el día en que mi mejor amiga me dijo que era una "sucia judía".

Un día encontré el ensayo: "Cartas para las próximas generaciones", escrito por Rav Jonathan Sacks. Las palabras me hablaban directamente: "La verdad es que virtualmente todos los judíos que viven hoy tienen una historia más destacada que la mejor novela o saga familiar. Es la historia de cómo fueron expulsados de un país a otro. Cómo perdieron todo y tuvieron que comenzar de cero…"

No pude creer cuán relevante era esa declaración respecto a mi vida. Esa era exactamente mi historia. Me sorprendió que en algún lugar del mundo viviera un Rabino que entendía mi prueba personal y la profundidad de mi lucha.

Al reconstruir una nueva vida en los Estados Unidos, esperábamos que nuestra identidad judía ya no fuera nuestro mayor obstáculo sino una señal de orgullo e integridad. Pero en verdad la inmigración conlleva muchos desafíos, y durante años me sentí muy perdida ante mi identidad judía recién recuperada. Durante más de 70 años de propaganda soviética, la mayoría de los judíos de lo que fue la Unión Soviética no pudieron practicar su religión. Las tradiciones se perdieron y las nuevas generaciones no tenían de quién aprender.

Durante años me sentí furiosa con el régimen comunista que me alejó a mí y a tantos más de la conexión básica con nuestra herencia. Comprendí que tal vez la respuesta más poderosa a nuestros captores era no ahogarme en la autocompasión, sino exponer a nuestros propios hijos a las ideas y valores judíos. Leer las palabras de Rav Sacks me aseguró que ese era el camino: "Si algo anda mal, no culpes a los demás. Pregúntate: ¿cómo puedo ayudar a corregirlo?"

Para una joven madre educada en la Unión Soviética fue muy intimidante entrar por primera vez a una ieshivá. Las palabras de Rav Sacks volvieron a inspirarme: "Para los judíos, la educación no es sólo lo que necesitamos saber. Es lo que somos… la primera obligación de un padre judío es asegurar que sus hijos tengan una educación judía".

El bar mitzvá de Daniel, nuestro hijo mayor, en el 2013

Estas profundas palabras me alentaron a dar el máximo salto de fe y permitir que mis hijos entraran al mundo de los antiguos textos hebreos y de la sabiduría de la Torá.

La respuesta más poderosa a nuestros captores era no ahogarme en la autocompasión, sino exponer a nuestros propios hijos a las ideas y valores judíos.

Una década después de la decisión trascendental de enviar a nuestros hijos a una escuela judía, estaba sentada con mi marido en la audiencia de la Ieshivá Kohelet en los suburbios de Filadelfia, escuchando a Rav Lord Jonathan Sacks hablar sobre su visión para la joven generación. Sin saberlo en un primer momento, me había sentado justo al lado de Lady Elaine Sacks.

Después de la presentación de su esposo, tuve la fortuna de conversar con ella sobre nuestras esperanzas para nuestros hijos y nietros. Me quedé hipnotizada al comprender que teníamos los mismos sueños para las futuras generaciones.

Nunca imaginé que un día me encontraría con el autor del ensayo que me dio el coraje de convertirme en la madre de dos estudiantes de ieshivá. Después de la conferencia hablé con Rav Sacks sobre mi experiencia al aprender las bendiciones, las letras hebreas y los conceptos judíos básicos junto con mis hijos. Mi esposo y yo asistimos a nuestras primeras fiestas de Jumash, celebraciones de Jánuca, carnavales de Purim y clases de Torá en la Academia Hebrea Politz.

Rav Sacks nos aseguró que ningún logro es demasiado pequeño como para no celebrarlo y que debíamos estar orgullosos de lo que había logrado nuestra familia.

Me sentí agradecida y feliz por haber tomado todas las decisiones difíciles que me llevaron a ese momento, lo que se vio realzado por la consciencia de que muchos jóvenes nunca tienen la oportunidad de aprender sobre su herencia judía ni llegan a valorar su rica cultura.

En el Kótel en Jerusalem para el bar mitzvá de nuestro hijo Ellie, en el 2017

Como padres, a menudo encontramos desvíos inesperados e impredecibles, pero podemos encontrar apoyo en las palabras de Rav Sacks: "La fe no significa certeza. Significa tener el valor de vivir con la incertidumbre". Por lo tanto, "más de lo que tenemos fe en Dios, Dios tiene fe en nosotros".

Eventualmente todos partiremos de este mundo, pero el legado y el impacto que creamos durará por generaciones. Mi vida y las vidas de mis hijos se vieron cambiadas para siempre por la sabiduría de Rav Jonathan Sacks.

Cuando me siento abrumada por los desafíos de educar a mis hijos viviendo en una comunidad comprometida con la Torá y crecer en formas auténticas y significativas, vuelvo a pensar en la enseñanza de Rav Jonathan Sacks:

"Sí, la vida puede ser difícil y estar repleta de posibilidades de pérdidas, dolor, desilusión y sufrimiento. Pero la solución no es evitar tomar riesgos, sino cultivar las cosas que nos dan fuerza: el amor de la familia y los amigos, el apoyo de una comunidad, el hábito de rezar que nos permite apoyarnos en Dios, y la fe en que Dios cree en nosotros, perdona nuestras faltas y nos da las fuerzas para comenzar de nuevo después de cada fracaso".