La semana pasada, en el plazo de unos pocos días, dos individuos se volvieron sumamente ricos en un instante. Una persona de Maryland ganó el premio mayor de la lotería (731 millones de dólares) y otra persona en Michigan ganó en un sorteo 1.050 millones de dólares. Aunque esto puede parecer un sueño que se vuelve realidad, ganar en un instante semejante riqueza de forma pública puede traer aparejados muchos desafíos, incluyendo la pérdida del anonimato, demandas frívolas, adicción, divorcio, bancarrota e incluso la muerte.

Tengo plena conciencia de que muchos recibirían con los brazos abiertos la prueba y tomarían el riesgo, pero vale la pena considerar que hay otra clase de riqueza y otra forma de acumularla, que acarrea muchos menos riesgos y peligros.

Durante cincuenta años, Moshé Bruckstein vivió en Bushtyno, Hungría (ahora Ucrania) con mucho honor y prominencia. Su familia, incluyendo a su bisnieto (mi suegro), conocían la historia de su exitoso negocio, su rol en la comunidad y cómo perdió todo durante la guerra. Sin embargo, sólo recientemente, cuando alguien compartió un libro sobre los judíos de Maramures (Romania), descubrimos a qué atribuía Moshé su fortuna y su éxito.

Bushtyno quedaba cerca de un bosque y Moshé tenía un aserradero. El negocio proveía a su familia, pero no era particularmente lucrativo. Un Shabat, la esposa de Moshé tuvo el gran honor de proveer un kuguel para el tisch del Rebe de Nadvorna, Rav Mordejai Leifer (1824-1894). Como era la costumbre, el Rebe probó una pequeña porción del kuguel y distribuyó el resto a sus jasidim, ansiosos por probar los restos de la comida del Rebe. En el momento en que Reb Moshé recibió la bandeja, todo lo que quedaba eran pequeñas migajas. El Rebe, al sentir la desilusión y la frustración de su jasid, le sonrió a Moshé y le dijo: "No te preocupes por eso, Moshé Rabenu se volvió rico de los restos que quedaron cuando esculpió las tablas".

Moshé Bruckstein no entendió la referencia, pero disfrutó el resto del Shabat y a la semana siguiente regresó a trabajar en el aserradero. Unos pocos días más tarde notó que cuando talaban árboles grandes y los cortaban, quedaban pequeños trozos de madera que eran descartados como restos sin ningún valor. Los observó atentamente y comprendió que si bien esas pequeñas piezas no era útiles para la construcción ni como leños para encender fuego, servían perfectamente para otra cosa.

En esa época, no sólo los ancianos o los enfermos usaban bastones. Los bastones estaban de moda entre personas de todas las edades, en particular entre los aristócratas y adinerados. De inmediato, Moshé abrió una fábrica para transformar los restos de maderas del aserradero en bastones y en poco tiempo se convirtió en el mayor distribuidor en toda Europa. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, su empresa vendió miles de bastones y muletas a quienes habían sido heridos en la guerra.

La sutil bendición del Rebe se había vuelto realidad: de los restos, Moshé Bruckstein se había vuelto un hombre adinerado.

Algunos se vuelven ricos ganando mucho dinero de la noche a la mañana. Otros ganan su riqueza recolectando cosas pequeñas, aparentemente insignificantes, momentos y experiencias que otros están dispuestos a descartar o dejar pasar.

Tengo un querido amigo que tiene un cuaderno para cada uno de sus hijos. Desde el momento en que empiezan a hablar, él registra las frases más adorables, ingeniosas y profundas que dicen. En cada uno de sus bar o bat mitzvás, y después en sus bodas, él saca su cuaderno y con una mezcla de najat, emoción y nostalgia, comparte las cosas que ellos dijeron a lo largo de los años. Cuando él quiere reflexionar sobre su "riqueza", no observa sus libros contables ni sus inversiones, simplemente abre cualquiera de sus cuadernos de najat y comienza a leerlos.

Cuando quiere reflexionar sobre su riqueza, abre uno de sus cuadernos de najat y comienza a leer.

Si bien la probabilidad de ganarse la lotería es muy pequeña (es más probable que te llegue a pegar un rayo dos veces en el mismo día), todos podemos volvernos muy ricos, si no de un día al otro, sí a lo largo del tiempo. Para muchos, este año que pasó fue un gran desafío económico, usamos nuestros ahorros y gastamos el dinero que ganamos con mucho esfuerzo. Para muchos fue agotador emocionalmente, nos privó de muchas cosas que esperábamos o que antes dábamos por sentadas.

¿Cuántos momentos, experiencias, personas y cosas desmerecimos o descartamos como insignificantes? ¿Cuántas frases tiernas o ingeniosas escuchamos de nuestros hijos y no las hubiéramos escuchado de no haber pasado más tiempo en casa? ¿Cuántas oportunidades tuvimos de participar de algo online (una clase, un concierto, la graduación de un pariente en otra ciudad), cosas en las que normalmente no habríamos podido participar? Imagina los "ahorros" que podemos acumular si tomamos nota, tanto en un cuaderno o en una aplicación, o por lo menos dedicándole un momento de reflexión al final del día, de algo significativo, algo que disfrutamos ese día, sin importar cuán pequeño parezca ser.

Tómate el tiempo de pensar, reflexionar y reconocer que si tan sólo recogemos lo que antes descartábamos, como Moshé Bruckstein —y también como Moshé Rabenu—, en verdad podemos volvernos ricos.