Dado que millones de personas se encuentran encerradas en su casa en cuarentena, y la perspectiva es que esto puede extenderse por varios meses, sería bueno entender circunstancias similares que ocurrieron en un pequeño pueblo rural de Inglaterra hace aproximadamente 500 años, en 1564, cuando la peste bubónica arrasó el país.

Una joven pareja, John y Mary, estaban aterrorizados. Tenían en la casa un bebé de tres meses y deseaban con desesperación que sobreviviera a la plaga. Brotes previos habían acabado con las vidas de sus dos hijos mayores. John y Mary cerraron sus puertas y ventanas y no permitieron que nadie entrara ni saliera de la casa hasta que terminara la epidemia. Con el tiempo la plaga terminó, ellos y su hijo se salvaron. El apellido de la pareja es muy conocido: Shakespeare. El bebé que lograron salvar era su hijo William.

William Shakespeare creció y se convirtió en un famoso dramaturgo inglés. Fuera de sus obras de teatro y poemas, son relativamente pocos los documentos que existen sobre la vida de Shakespeare. Pero un documento de 1592 se refiere a él como un conocido escritor de obras populares. Al año siguiente, una vez más hubo un brote de peste bubónica. Los teatros se cerraron y Shakespeare se vio obligado a explorar nuevos espacios para su creatividad.

Ese año, en vez de obras de teatro Shakespeare escribió dos grandes poemas, uno de ellos la clásica historia de amor Venus y Adonis en verso. Parece que el terror a la plaga estaba en la mente de Shakespeare al escribirla. En la obra, él explicó que el amor era tan bello y puro que tenía el poder de “alejar la infección de ese año tan peligroso”. El amor era tan poderoso “que los astrólogos, tras haber escrito sobre la muerte, pueden llegar a decir que la peste se desvanece por tu aliento”.

Con el tiempo Shakespeare volvió a escribir obras teatrales y prosperó en la floreciente escena teatral de Londres. Él formó su propia compañía de actuación y construyó un teatro muy famoso. Como los londinenses acudían en masa a ver las obras de Shakespeare, en 1599 él y sus empleados desarmaron su viejo teatro y usaron las vigas para construir el famoso teatro Globe, en donde las obras de Shakespeare se presentaban ante audiencias masivas en un gran escenario al aire libre.

Los teatros se consideraban lugares especialmente peligrosos para el contagio de la enfermedad.

Pero la amenaza de las plagas nunca estaba demasiado lejos. La peste bubónica era propagada por las moscas que se transportaban en el pelaje de las ratas, aunque en la época de Shakespeare no entendían la verdadera causa de la plaga. Pero sí entendían que cuando se reunían grandes grupos la epidemia parecía difundirse con mayor rapidez. Los teatros se consideraban lugares especialmente peligrosos para el contagio de la enfermedad.

En The Shakespearean Stage 1574-1642, Andrew Gur señala que los oficiales de Londres culpaban de la propagación de la peste bubónica a las audiencias que llegaban a la ciudad para “ver ciertas obras de teatro” en donde la gente se sentaba muy cerca “por lo cual una gran infección como la peste u otras enfermedades infecciosas podían incrementarse”. Como los brotes de epidemias eran comunes, muchos teatros de Londres estaban más tiempo cerrados que abiertos.

Después de un brote de la plaga en 1601 en la que murieron 30.000 londinenses, el Consejo Privado del Rey ordenó que todos los teatros cerraran cada vez que la cantidad de personas que morían por una plaga subiera “por encima del número 30” en una semana. Dos años más tarde hubo un brote todavía mayor, en el que la cantidad de víctimas superó con creces ese número.

Los actores de Shakespeare bajaron a media asta la bandera del teatro Globe, cerraron la puerta y se refugiaron en sus hogares, esperando y rezando que la plaga los salteara a ellos y a sus familias. En ese momento Shakespeare vivía en la calle Silver, en la ciudad vieja de Londres. Para su fortuna, esa área parecía estar a salvo de los peores embates de la plaga, pero él observó cómo la ciudad aplicaba medidas todavía más drásticas para detener la difusión de la enfermedad. Sobre las puertas de las casas que guardaban cuarentena porque un miembro de la familia se había enfermado, pintaban cruces rojas. Los registros de la época muestran que muchas familias lavaban esas marcas de sus puertas. Las autoridades de Londres acudieron al uso de una pintura más permanente, aceitosa, para marcar las casas afectadas por la plaga. En cada casa temían a los vecinos y cada familia se encerraba, luchando con el aburrimiento del confinamiento y el terror de la enfermedad.

Entre 1605 y 1606, Shakespeare escribió El rey Lear, Macbeth y Antonio y Cleopatra.

Una nueva plaga comenzó en Londres en 1606. Esta vez Shakespeare no guardó cuarentena dentro de su casa. Al parecer tomó a “Los Hombres del Rey”, su compañía de actores, para hacer una gira por los pueblos de la campiña inglesa donde todavía no había llegado la plaga. Sin embargo, presentarse ante pequeñas audiencias campesinas no era tan emocionante para Shakespeare como el ajetreo y la atmósfera vanguardista de Londres y del famoso Teatro Globe. Mientras su compañía estaba de gira por las provincias, Shakespeare se embarcó en una increíble campaña de escritura.

Entre 1605 y 1606, Shakespeare escribió El rey Lear, Macbeth y Antonio y Cleopatra. Este período fue “una concentración de poder creativo, más que cualquier otra época en la carrera de Shakespeare”, de acuerdo con el profesor James Shapiro de la Universidad de Columbia, quien cree que escapar de la plaga en Londres finalmente le brindó a Shakespeare el tiempo para dedicarse por completo a escribir en vez de dirigir y hacer negocios. “Esto significa que tenía sus días libres, por primera vez desde comienzos de 1590, para colaborar con otros dramaturgos”, escribió el profesor Shapiro en su libro The Year of Lear: Shakespeare in 1606 (2016).

Los resultados fueron algunas de las obras más bellas y profundas de Shakespeare. En ellas también se ve que el temor a la plaga siempre estaba presente en Shakespeare y en sus audiencias. En Antonio y Cleopatra, un soldado romano se preocupa de perder una batalla “como un símbolo de la pestilencia / donde la muerte es segura”. En otras palabras: la plaga.

El brote de la plaga en 1606 trágicamente cobró las vidas de muchos de los jóvenes actores que se presentaban en los teatros de Londres. Cuando terminó el brote, muchos de los actores experimentados habían fallecido. Sus muertes prematuras provocaron el fin de la antigua tradición teatral de Londres.

En el período posterior al brote de 1606, Shakespeare contrató una nueva compañía de actores y en 1608 comenzaron a presentarse en un pequeño teatro, el Blackfriars, en Londres. El tamaño pequeño del teatro convenció a los espectadores que entre pocas personas era menos probable la difusión de la plaga. Escribir obras para un pequeño teatro cerrado, especialmente uno que de noche era iluminado con velas, requería otra clase de obras. Shakespeare comenzó a escribir obras más íntimas, en las que la audiencia estaba más cerca de los actores y podía observar mínimas expresiones faciales. Una de las obras más famosas escrita para el teatro Blackfriars es Cuento de invierno. Su escena final, cuando una estatua de Hermione, la madre muerta, de repente cobra vida, sólo podía ser efectiva en un pequeño espacio íntimo, iluminado con velas.

Las obras de Shakespeare dieron expresión al terror que sus contemporáneos sentían al enfrentar la plaga y el temor de vivir en cuarentena y encierro. También expresaban esperanza respecto a que las condiciones mejorarían y que el futuro sería mejor. Shakespeare aprovechó todos sus meses y años de cuarentena y la desocupación forzada para escribir algunas de las obras más bellas del mundo. Hoy su legado puede inspirarnos a llenar nuestros días de forma productiva y poner en palabras nuestros más profundos miedos y esperanzas.