¿Es que los sangrientos tiroteos en los Estados Unidos nunca se van a acabar?

9 personas fueron asesinadas y 27 resultaron heridas en el atentado de la mañana del domingo en Dayton, Ohio, el último de estos incidentes en una sombría semana de tiroteos masivos. El ataque tuvo lugar menos de veinticuatro horas después de que un hombre con un rifle de asalto matara a 20 personas en El Paso, Texas, en una sucursal de Walmart, y una semana después de que una persona armada disparara en un festival en Gilroy, California, y matara a 3 personas, entre ellas a un niño de 6 años, e hiriera a 12.

Las muertes de El Paso y de Dayton no son más que las últimas instancias de asesinatos en tiroteos masivos en el 2019, elevando el número total de estos incidentes a 17. En los últimos dos años fuimos testigos de una cantidad asombrosa de masacres espantosas, cada una de las cuales destruyó las vidas de muchas víctimas y de incontables familias y amigos: el ataque en las oficinas de gobierno en Virginia Beach; la planta en Aurora, Illinois; el bar de música country en Thousand Oaks, California; la Sinagoga Árbol de Vida en Pittsburgh; las oficinas del periódico Gazette en Annapolis, Maryland; la escuela secundaria Santa Fe en Texas; la escuela secundaria Marjorie Stoneman Douglas en Parkland, Florida; la iglesia en Sutherland Springs Texas y el festival de música al aire libre en Las Vegas.

Todas estas tragedias en los Estados Unidos de América, la tierra de la libertad y el hogar de los valientes. Todos cometidos por personas enojadas, personas que en sus propias mentes eran capaces de justificar la masacre de inocentes, el asesinato de hombres, mujeres y niños, mientras rezaban en sus casas de plegarias, en las escuelas en las que se preparaban para su futuro, en centros comerciales donde no hacían otra cosa más que pasear y comprar o en reuniones sociales con amigos buscando aliviar el estrés de la vida.

Sin duda debe haber algo que podemos hacer. Por cierto tiene que haber una manera de poner un fin a estas masacres nacionales. Ya llegamos demasiado lejos como para que nuestra única respuesta sea repetir interminablemente: “Nuestros corazones están quebrados y elevamos nuestras plegarias por ustedes”.

Los políticos tratarán de aprovechar los titulares del momento para adelantar sus propias agendas. Nosotros escucharemos los fuertes argumentos de ambas partes en relación a la regulación de armas. Los proponentes de “más fondos para la salud mental” darán sus discursos.  Los psicólogos y sociólogos amateurs ofrecerán sus  conocidas consignas. Hasta ahora todo el tiempo brindamos las mismas respuestas.

Pero tal vez es necesario otro enfoque que todavía no se intentó poner en práctica en los Estados Unidos contemporáneos, algo que fue la respuesta del pueblo judío durante milenios como una forma de enfrentar las tragedias más indescriptibles.

Los judíos entendieron claramente que las matanzas de este último fin de semana en El Paso y Dayton coincidieron con el comienzo del mes hebreo de Av. Los judíos de todo el mundo comenzaron este fin de semana con un período anual de nueve días de duelo en conmemoración de los eventos que llevaron a Tishá BeAv, el noveno día del mes de Av, cuando fueron destruidos ambos Templos.

Es interesante prestar atención a la manera en que los judíos eligieron recordar la pérdida de los dos Templos, que nos ofrecían la máxima conexión con Dios.

Durante más de 2000 años, hemos utilizado estas tragedias para motivarnos a identificar nuestros propios defectos morales que pueden haber sido los responsables de las mismas. Tishá BeAv no gira en torno a los romanos ni a los babilonios, las poderosas naciones directamente responsables de encender las antorchas que incendiaron los magníficos edificios que construimos en honor a nuestro Creador. En cambio, es un día de 'arrepentimiento nacional', de reconocer que nuestra mayor obligación es aceptar las transgresiones que hicieron posible que ocurrieran semejantes tragedias.

De hecho, los sabios reconocen el pecado colectivo que ellos consideraron como la verdadera causa de la destrucción en Tishá BeAv: el Templo fue destruido por sinat jinam, porque había un 'odio gratuito' entre hermanos, innecesario e injustificado.

¡Qué profundo eco de lo que ocurre actualmente en los Estados Unidos! Los masivos derramamientos de sangre tienen su raíz en una verdadera plaga de odio: odio hacia otras perspectivas, odio a las personas que sean diferentes a nosotros en cualquier forma discernible, odio a cualquiera a quien se le pueda adjudicar un estigma o un rótulo que sirva para justificar nuestro desprecio. La palabra “civilizado”, que implica discusiones civiles respetando a otros que no compartan nuestras opiniones, ya no se puede utilizar para describir a una sociedad en la que el desacuerdo no encuentra tolerancia sino un rechazo total y la excomunión.

Observa los medios sociales, Twitter, Facebook y todos los demás, y encontrarás los insultos y acusaciones más viles, aborrecibles y sin ningún filtro, en medios donde el anonimato permite dar rienda suelta a las más crueles expresiones de odio, sin impedimentos de etiqueta social o de las demandas del diálogo respetuoso. Sinat jinam, 'odio infundado', comienza con palabras, y termina con los eventos de este último fin de semana.

Por eso ofrezco mi humilde sugerencia. Los Estados Unidos necesitan un día de duelo nacional, así como Tishá BeAv. Necesitamos fijar un día de duelo por lo que había y ya no está; por la bondad y la visión que hicieron tan grandiosos a los Estados Unidos y que era la envidia del mundo; por la consideración, por el respeto, la amabilidad, la tolerancia y el amor a los demás. Necesitamos un día en el que podamos colectivamente, con seriedad, revisar nuestros corazones y nuestras almas para determinar nuestra propia medida de culpa por haber permitido que nuestra grandeza se vea disminuida por nuestra mezquindad, y que nuestro éxito inigualable se vea amenazado por nuestro fracaso moral.

El judaísmo enseña que el Mesías nacerá en Tishá BeAv. Los Estados Unidos necesitan volver a nacer. Norteamérica necesita un día nacional de introspección, reflexión y, sí, también de arrepentimiento.