Después de que falleció mi madre cuando yo estaba en la universidad, me sentí sumamente víctima de la situación. Me sentía solo, enojado y asustado. Durante muchos años estuve buscando la compasión de otros. Llevaba mis tristezas bajo la manga esperando ganar simpatía. El problema es que a nadie le gusta estar cerca de una persona deprimente. En vez de sentir compasión por mí, mis amigos ignoraron mi dolor.

Solamente cuando tomé responsabilidad y comencé a generar mi propia energía positiva es que fui capaz de salir adelante. La victimización genera un necesidad insaciable de apoyo externo. Como una víctima pasiva, buscas que otros te ayuden a salir adelante. La primera regla en terapia y crecimiento personal es que solamente puedes ayudar a alguien que quiere que lo ayuden y en realidad sólo puedes ayudarlo a ayudarse a sí mismo.

El secreto judío para superar la opresión

Después de haber sobrevivido a 2.000 años de persecución, los judíos podrían ser los líderes del culto a la victimización. Ya sea la conquista del Imperio Romano, la Inquisición Española, los pogromos en Europa oriental, el genocidio Nazi, las múltiples invasiones árabes o el terror de Hamás, tenemos suficientes opresores a quienes culpar por nuestro sufrimiento. Sin embargo, la visión judía del sufrimiento es radicalmente diferente de la práctica común de culpar a otros y sentirse como una víctima. De hecho, puede que dicha visión sea el secreto del éxito y supervivencia judía a lo largo de los siglos, y contiene herramientas vitales que pueden ayudar a las personas oprimidas del mundo a salir adelante, tanto a las minorías del mundo occidental como a los árabes palestinos.

La forma judía de ver el sufrimiento es tomar responsabilidad.

La forma judía de ver el sufrimiento es tomar responsabilidad. Nosotros creemos que nunca somos víctimas de las circunstancias. Por el contrario, todo ocurre por una razón y todos los desafíos de la vida vienen a enseñarnos una lección para ayudarnos a mejorar. Cuando la Torá menciona en numerosas ocasiones que los sufrimientos vienen por causa de nuestras deficiencias espirituales, no quiere decir que estos sean castigos arbitrarios. En realidad se refiere a que son indicadores para facilitar nuestro crecimiento personal. De hecho, la palabra en hebreo para sufrimiento, "isurim", comparte la misma raíz que la palabra para superación personal, "musar", la cual a su vez comparte la misma raíz que la palabra que se refiere a cambiar dirección, "sur". El Talmud por lo tanto nos exhorta a que "si una persona ve que le ha ocurrido un sufrimiento debería examinar sus acciones" (Talmud, Brajot 5a).

Cuando te llegue un sufrimiento, no apuntes con el dedo para culpar a otros por tu problema. En lugar de eso, mira hacia tu interior y ve qué puedes haber hecho para merecerlo de alguna forma.

¿Eso significa que están culpando a la víctima?

Decir que la "víctima" puede tomar responsabilidad para superar su trauma y crecer a partir de la experiencia no exonera al perpetrador. Los filósofos judíos hacen la siguiente pregunta: Dado que todo lo que ocurre es parte del Plan Divino, si Caín escoge hacerle daño a Abel entonces él sólo está ayudando a cumplir la voluntad de Dios. ¿Cómo puede entonces Caín ser castigado por sus acciones pecadoras? Abel claramente necesitaba por alguna razón pasar por la experiencia de sufrimiento. La respuesta es que aunque el sufrimiento de Abel es de hecho parte del plan de Dios, ¡Caín no tenía que escoger ser el precursor de este! Dios podría haberlo hecho ocurrir de una manera diferente. Por lo tanto, el opresor es culpable y deberá rendir cuentas a pesar de que sólo estaba entregando un mensaje divino.

Esta forma de ver las cosas no nos libera de buscar justicia y luchar contra la opresión. Por el contrario, la Torá nos enseña que debemos luchar por arreglar el mundo y contra la maldad lo máximo que podamos. Los judíos marcharon junto a los afroamericanos durante el movimiento de derechos civiles y siempre han hablado a favor de los derechos de los pobres, débiles y oprimidos. Sin embargo, buscar justicia es muy diferente de tomar venganza. A pesar de que los actos de venganza parecen heroicos, la verdad es que son cobardes. La violencia, el terrorismo y el vandalismo solamente perpetúan el estado de víctima. Su sufrimiento es real y alguien más podría ser merecedor de castigo. Sin embargo, revolcarse en ello no hace nada para mejorar la situación o sanar el pasado. Sólo porque alguien sufrió no significa que sea una víctima para siempre.

¿Acaso esta actitud no te lleva a culparte a ti mismo cuando ocurre algo malo?

Una vida de introspección no significa una vida de auto-desprecio. Culparse a uno mismo significa enfocarse excesivamente en los errores del pasado. El concepto judío de teshuvá —o arrepentimiento— está orientado hacia adelante. No se enfoca en lo que ya ocurrió sino sólo lo necesario como para poder impulsarte hacia un futuro más positivo. La culpa surge cuando uno siente que sus errores pasados tienen efectos dañinos permanentes. La Torá enseña que la teshuvá puede en realidad reparar el pasado de tal forma que tus pecados se convierten en peldaños de crecimiento y son por lo tanto elevados a la categoría de mitzvot, ¡buenas acciones! La culpa y la depresión son sentimientos de estancamiento. Tomar responsabilidad por las dificultades te lleva a una vida de crecimiento y positivismo. No te sientes una víctima del pasado. En lugar de eso, te vuelves capaz de afectar radicalmente tu futuro para mejor por medio de cambiarte a ti mismo.

La culpa y la depresión son sentimientos de estancamiento. Tomar responsabilidad por las dificultades te lleva a una vida de crecimiento y positivismo.

El Kotzer Rebbe dijo una vez: "Cuando yo era más joven pensaba que podía cambiar el mundo. Luego me di cuenta de que no podía cambiar el mundo y en lugar de eso trabajaría en cambiar mi ciudad. Después de mi cuenta de que no podía cambiar mi ciudad sino que debiera concentrarme en cambiar a mi familia. Pero ahora he decidido solamente intentar cambiarme a mí mismo".

Esto no significa que uno debiera ignorar el sufrimiento del mundo; por el contrario, debemos sentirlo profundamente. Sin embargo, las áreas en las que nos debemos enfocar son aquellas que están directamente dentro de nuestra área de control, vale decir nosotros mismos. Enfocarnos en cosas que están fuera de nuestro control —como la política, el clima, la economía— lleva a frustración, enojo, parálisis y depresión. Cuando las personas pasan por dificultades a menudo se sienten sin fuerza. La meta de un terapeuta, mentor o guía espiritual, es ayudar a las personas a ser capaces de tomar por sí mismas decisiones de libre albedrío para mejorarse. De esta forma estarán reafirmándose sobre un área de la vida en la que ellos realmente poseen control. Cuando nos cambiamos a nosotros mismos esto genera una reacción en cadena que se extiende hacia fuera de nosotros. Cambiarnos a nosotros mismos puede realmente cambiar el mundo. Este es en efecto el concepto judío de Karma. Como dijo Gandhi, "Debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo".

Prohibida la entrada a perros y judíos

La experiencia judía en América es un claro ejemplo de este punto, de cómo uno puede tener éxito y cambiar a pesar de la pobreza y el prejuicio. Como judío, nuestros ancestros vinieron a América sin dinero, idioma ni una educación superior, y tuvieron que enfrentar una increíble discriminación. No era poco común que establecimientos en ciertas ciudades tuvieran carteles que decían: "Prohibida la entrada a perros, negros y judíos". No obstante ellos de todas formas se las arreglaron para encontrar la manera de tener éxito financieramente mientras educaban a sus hijos y tenían un positivo efecto en innumerables áreas de la sociedad. Tuvieron éxito porque sabían que nadie los iba a ayudar si no se ayudaban a sí mismos. No se revolcaron en su victimización, no culparon y no pidieron compasión o compensación especial, sino que tomaron responsabilidad por sí mismos, se pusieron a trabajar y fueron capaces de superar los desafíos.

Lo mismo es cierto con respecto a los judíos de Israel. El Estado de Israel fue fundado en su mayoría por sobrevivientes del Holocausto, huérfanos y refugiados que tenían toda la razón del mundo para darse por vencidos. Qué mayores victimas que ellos, quienes vieron al mundo observar en silencio mientras seis millones de sus hermanos eran sistemáticamente asesinados. No obstante, en lugar de quejarse se pusieron a trabajar para construir un futuro para ellos mismos en una tierra mayoritariamente infértil, la cual estaba llena de desiertos y pantanos. Y cuando fueron atacados por numerosos países árabes por múltiples frentes, quienes los superaban tanto en número de hombres como de armas, de todas formas perseveraron. En lugar de esperar por la compasión del mundo, ellos tomaron responsabilidad y podríamos decir que lograron más crecimiento que cualquier otro país en el mundo durante el último siglo.

El futuro de los palestinos

En un artículo del periódico Washington Post, Dennis Ross, consejero en el Instituto de Washington para Políticas en el Medio Oriente, negociador de Medio Oriente bajo el Presidente Clinton y anterior asistente especial del Presidente Obama, escribe sobre un discurso que dio a mas de 200 palestinos en Gaza en el 2005. En ese entonces fue invitado por un representante de Gaza en el Consejo Legislativo Palestino para hablar sobre el futuro de Gaza, pocos meses antes del retiro unilateral de Israel del área. Él les dijo que si ellos tomaban la oportunidad de desarrollar Gaza pacíficamente, esto abriría muchas nuevas oportunidades para el pueblo palestino en el futuro. Sin embargo, si ellos escogían usar a Gaza como una plataforma para montar ataques contra Israel, esto limitaría enormemente sus oportunidades de algún día tener su propio estado. "Puede que a los palestinos les haya sido impuesta gran parte de su historia", dijo él. "Pero esta vez tenían el poder de moldear su futuro. De esta forma, si tomaban la decisión incorrecta no podrían culpar a los árabes, europeos, estadounidenses... o israelíes. Desafortunadamente, sabemos cuál es el camino que escogió Hamás ".

Aunque la actitud de víctima que asumió Hamás ha tenido éxito en conseguir el apoyo mundial para su causa, no ha hecho nada para ayudar al sufrimiento del pueblo palestino.

No importa si uno es víctima en manos de blancos, israelíes, Nazis o musulmanes: perpetuar la victimización sólo lleva a la parálisis. La actitud de que otros son responsables por mi sufrimiento implica que ellos también son responsables por mi éxito. Es la típica excusa para el fracaso y la antítesis de la actitud que se necesita para comenzar a cambiar. Solamente cuando el individuo o comunidad se dan cuenta de que ellos —y sólo ellos— son quienes pueden tomar responsabilidad por salir adelante es que las semillas del cambio podrán comenzar a florecer. El cambio debe venir desde adentro. La mentalidad de víctima crea una cultura de victimización que se auto perpetúa.

El verdadero cambio debe venir desde adentro. Cuando el pueblo palestino esté listo para dejar de sentirse como víctimas entonces podrán empezar a mejorar su situación en la vida. Lo mismo es cierto para todas las minorías. Sentimos profundamente su dolor. También hemos estado ahí. Hay obstáculos insuperables en el camino de su éxito y nunca debemos minimizarlos, pero el primer paso es un cambio de actitud. Deja de culpar, deja de quejarte y elévate desde la victimización a la victoria.