El tema de la eutanasia —o suicidio asistido— es un tema contingente para los gobiernos y sistemas de salud alrededor del mundo, así como para las películas y programas de televisión. El “derecho a morir con dignidad” se enfrenta contra el valor y la santidad de la vida. Una de estas películas es la recién estrenada Yo antes de ti, basada en el libro superventas de Jojo Moyes. Relata la historia de un despreocupado joven cuya vida se ve irrevocablemente alterada cuando un accidente de motocicleta lo deja cuadripléjico. Al no poder usar sus brazos y piernas, se vuelve dependiente del cuidado de las enfermeras para poder realizar sus actividades del diario vivir.

La película, que es una fidedigna adaptación del libro, detalla su descenso hasta llegar a la depresión. Relaciones que solían ser llenadoras, tanto románticamente como socialmente, se derrumban frente a sus ojos, y él comienza a sentir que el suicidio es la única opción que le queda para escapar de una vida de sufrimiento. A pesar de que el protagonista conoce a una mujer por quién comienza a preocuparse, y quien tiene un sentimiento recíproco, él finalmente toma la decisión de que es mejor terminar con su vida que continuar viviendo en ese estado.

Me atropelló un auto y ya no puedo usar mis piernas. De pronto tuve que acostumbrarme a un tipo de vida muy diferente.

El ubicuo mensaje de la película es que una vida con discapacidades es un tipo inferior de vida, con menos disfrutes y significado. Es un mensaje que encuentro aberrante. Mi vida también se vio alterada en un pestañeo. Tuve que lidiar con dolorosos meses de recuperación y con la pérdida de la movilidad de mis piernas. Yo también tuve que enfrentar un prospecto de vida sin muchos de los disfrutes que solía tener, una vida en la que tendría que realizar las tareas del diario vivir con mucha dificultad e incomodidad.

Sin intentar ponerme a mí misma en la posición de nadie ni pretender entender el sufrimiento mental y físico que otros han tenido que experimentar, aún así me siento obligada a explicar por qué considero que esta película distorsiona la experiencia de la gente con discapacidades y va en contra del valor a la vida humana que proclama el judaísmo.

Las experiencias de invalidez son tan variadas como la vida misma. El Movimiento por los derechos de las personas con discapacidad se ha opuesto fuertemente a la legalización del suicidio asistido debido a la posibilidad real de que haga perpetuar los estereotipos de que una vida con discapacidades no vale la pena ser vivida y de la total dependencia de las personas con discapacidades. La legalización del suicidio asistido, argumenta el grupo, no proveerá suficientes garantías para asegurar la autonomía en el proceso de toma de decisiones de las personas con discapacidades, y proveerá un estímulo tácito a quienes recién se están acostumbrando a su nueva condición, a que terminen con sus vidas “como a ellos les parezca”.

El judaísmo sostiene que toda vida humana tiene un valor infinito, incluso la de parapléjicos y cuadripléjicos.

El judaísmo sostiene que toda vida humana tiene un valor infinito, El Talmud (Sanedrín 37a) nos informa que cuando uno salva una vida, es considerado como si hubiera salvado a todo un mundo. El potencial de crecimiento y santidad de una sola vida es comparado con todo el mundo entero. Todos los seres humanos son creados a imagen y semejanza de Dios, incluso los parapléjicos y cuadripléjicos.

Hace casi 10 años, yo fui atropellada por un automóvil mientras andaba en patines, causándome la pérdida del uso de mis piernas hasta el día de hoy. Me encontré a mí misma en la posición —para nada envidiable— de tener que ajustarme a una vida muy diferente de la que estaba acostumbrada. Junto con este ajuste vino una elección fundamental, una que todavía tengo que seguir haciendo constantemente: ¿Veo mis desafíos como un catalizador de crecimiento, como una oportunidad de buscar conexión con mi Creador y servirle con todo lo que tengo, o vivo mi vida preguntándome constantemente “cómo habría sido si…” y “si tan sólo…”?

Aquí estoy, sentada frente a mi mesa del comedor mirando las fotos de mi esposo e hijas, y sé que he tomado la decisión correcta. El mandamiento de “amar a Dios con todo lo que tenemos” no sólo se refiere a situaciones ideales. La vida y las habilidades que recibimos de Dios son un regalo preciado, pero más que eso, son herramientas de conexión. Ser creados a imagen y semejanza de Dios significa que podemos lograr dicha conexión, sin importar que la sociedad intente decir lo contrario.

La erosión del valor de la vida de las personas con discapacidades y otras condiciones críticas, no es sólo un ataque en contra de los valores judíos, sino un ataque en contra del espectro completo de la experiencia humana. Al situar algunos tipos de vida por sobre otros, la sociedad podría terminar creando una jerarquía irrevocable de enfermedades y capacidades, obviamente con catastróficas consecuencias.

Considera por ejemplo el dilema moral al que se enfrentarían los doctores que deben aconsejar a pacientes en lo que respecta al suicidio asistido. La legalización de esta práctica podría requerir que ellos dejen de lado sus metas de ayudar y sanar para facilitar la muerte “digna” de sus pacientes.

Considera el dilema legal de determinar si un doctor ha cometido asesinato en determinada situación o no. ¿Podría ser que el relevante detalle que determine si alguien es culpable de asesinato o no sea si la “víctima” tiene una discapacidad? Si todas las vidas son iguales, entonces todos los actos de extinguir una vida son igual de inmorales.

El libro de Jojo Moyes y su adaptación cinematográfica retratan el tema del suicidio asistido como una decisión personal que sólo impacta a los individuos que están directamente relacionados con el protagonista, obviando los numerosos temas sociales involucrados.

La representación cinematográfica de personas que viven su vida con discapacidades, puede ser una gran oportunidad para diseminar mensajes positivos que afirman la vida, sin tener que recurrir a tropos o decisiones extremas. Para mí, el mensaje más inspirador no es necesariamente el de la persona que supera sus desafíos “venciendo todos los contratiempos” y “sobrepasando todas las expectativas”. Me habría gustado ver al protagonista de Yo antes de ti aprender a navegar en su nueva vida y luchar para aceptarse a sí mismo, incluso si su historia termina siendo una historia de victorias a medias y frecuentes decepciones. Eso sería mostrar verdadero coraje. Una película como esa sería un paso adelante en reafirmar el valor de todas las vidas, en cumplir con nuestra misión de hacer nuestro máximo esfuerzo, independientemente de qué circunstancias nos toque enfrentar.