La mayoría nos acostumbramos a usar WhatsApp para comunicarnos y en algunos casos gestionar nuestra vida familiar, social y profesional. Más de cien mil millones de mensajes se envían cada día por WhatsApp (la mayoría de ellos sólo en el grupo que mi esposa y yo tenemos con nuestros hijos).

La pandemia nos obligó a cuidar la distancia social, hacer cuarentena y aislarnos físicamente. Esta última semana, las redes de WhatsApp, Facebook e Instagram cayeron durante varias horas. Ambas cosas son sumamente incómodas, desagradables e incluso dolorosas. Pero esto también nos brindó la oportunidad de reflexionar, volver a comenzar y recalibrarnos. El aislamiento social nos ayudó a reflexionar sobre nuestra conexión con las personas, y la caída de las redes sociales con respecto al rol y a la dependencia que tenemos de la tecnología en nuestras vidas.

También la generación de Nóaj tuvo que enfrentar un avance tecnológico sin precedentes.

No somos la primera generación que debe enfrentar el impacto de un avance tecnológico sin precedentes y de cómo éste afecta la manera en que utilizamos nuestro tiempo y la manera en que definimos nuestros objetivos de vida.

La Torá nos cuenta la historia del Diluvio y de Nóaj, cuando Dios "reseteó el disco duro", borró todo lo que había creado y comenzó el mundo nuevamente. La Torá nos dice que Dios tomó una medida tan drástica porque el mundo se había llenado de corrupción y depravación moral.

El Talmud (Sanedrín 108a) trae un comentario misterioso: "La generación del Diluvio se corrompió como resultado de las grandes bendiciones que Dios le había brindado". ¿A qué bendiciones se refieren los Sabios y cómo estas corrompieron a la humanidad?

Rav Abraham Pam zt"l sugiere que la clave para entender esto la podemos encontrar en el mismo nombre de Nóaj. La Torá nos cuenta que Lémej llamó a su hijo Nóaj y dijo: "Éste nos hará descansar (núaj) de nuestra labor y del esfuerzo de nuestras manos que trabajan la tierra que Dios ha maldecido". Hasta ese momento, el mundo continuaba sufriendo por la maldición que Dios le había dado a Adam: "trabajarás y con el sudor de tu frente sacarás pan de la tierra". Hasta que nació Nóaj, el hombre debía trabajar incansablemente con sus manos desde la mañana a la noche sólo para tener alimento, y no le quedaba tiempo recreativo.

Lémej vio proféticamente que Nóaj estaba destinado a inventar el arado y otras herramientas agrícolas que harían mucho más eficiente el trabajo del hombre y aliviarían su carga. Por eso lo llamó Nóaj, de la raíz núaj, ‘descansar’, porque Nóaj iba a proveer enorme alivio a una población agobiada por el trabajo.

El invento del arado y de otras herramientas fueron la gran bendición a la que se refiere el Talmud. Sin embargo, en vez de engrandecerse, liberarse o enriquecerse con estas innovaciones, ellos se corrompieron. Estos inventos incrementaron la productividad, mejoraron la eficiencia y brindaron más tiempo libre. Ese tiempo podría haberse aprovechado constructiva productiva y significativamente. En cambio, esa generación usó el tiempo que tenía disponible para actividades corruptas. El desarrollo y el avance podrían haber provocado un crecimiento espiritual, pero en cambio trajeron decline moral.

¿Tener más tiempo libre nos lleva a decaer moralmente o a desarrollarnos y progresar moralmente?

Fuimos bendecidos con la posibilidad de vivir en la era de mayor avance tecnológico de todos los tiempos. Tareas simples que solían requerir nuestro tiempo ahora se logran en segundos o de inmediato a través de la automatización o incluso del reconocimiento del lenguaje. Ya hace mucho tiempo que nos acostumbramos a la lavadora de ropa, el lavaplatos, la máquina que hornea pan y el microondas, pero ahora ya damos por obvio incluso cosas como el sistema de navegación de GPS, o la posibilidad de comunicarnos por Facetime o WhatsApp con múltiples personas en diversos lugares del mundo.

Cada día se inventa algo que viene a hacer nuestras vidas más nóaj, más ‘fáciles’. Son diseñadas para darnos más tiempo libre. ¿Llenamos ese tiempo de forma significativa o lo desperdiciamos en comportamientos sin sentido? Quizás no es coincidencia que Facebook, Instagram y WhatsApp hayan sufrido un apagón y luego hayan sido inundados con mensajes precisamente en la semana que leemos la historia de Nóaj y del Diluvio, como un recordatorio de que una generación se define por lo que hace con la bendición del progreso que experimenta y del tiempo libre del que dispone.

La tecnología puede liberar o esclavizar, darnos tiempo libre o consumir nuestro tiempo, hacernos adelantar o retroceder. Momentos como el de la caída mundial de las redes brindan una oportunidad para considerar nuestra propia relación con la tecnología y con el tiempo.