Esta semana, a medida que se acerca mi cumpleaños número 40, me repito a mí mismo la cita del gran psicólogo Carl G. Jung: “La vida realmente comienza a los cuarenta. Hasta ese punto, sólo estás investigando”.

El problema, como dijo Helen Rowland, es que “La vida comienza a los cuarenta, pero también lo hacen los dolores de pies, el reumatismo, la visión defectuosa y la tendencia a contarle una historia a la misma persona tres o cuatro veces”.

Ahora hablando en serio. No es que me considero viejo. En lo absoluto. Pero sí es la primera vez en toda mi vida en que siento que mi cumpleaños tiene una connotación diferente, un valor especial.

Pero, ¿qué tiene de especial cumplir 40? ¿Qué representa el número 40 en el judaísmo?

La verdad es que el 40 es un número que aparece repetidamente en la tradición judía en contextos muy diferentes.

Todos hemos escuchado sobre cómo Moshé pasó 40 días en el Monte Sinaí antes de recibir la Torá y sobre cómo el pueblo judío deambuló 40 años por el desierto antes de entrar a la Tierra de Israel. Algunos también hemos escuchado sobre el Diluvio de Nóaj y cómo este se extendió por 40 días.

Pero el número 40 aparece en muchos otros lugares. Algunos ejemplos menos conocidos: Cuando una persona quiere pasar de un estado de impureza a un estado de pureza debe sumergirse en una mikve, la cual tiene que contener de acuerdo a la halajá al menos 40 seá de agua (1); el período de teshuvá anual que comienza el primer día del mes de elul y se extiende hasta Iom Kipur dura 40 días; el Talmud nos dice que el alma de un bebé entra en su cuerpo en el día número 40 de su gestación (2).

¿Qué tienen en común todos estos casos?

El común denominador en todos estos casos es que en todos existe una transición importante o un cambio profundo. En el caso de Moshé, de una realidad sin Torá a una realidad con Torá. En el caso del pueblo judío, de dejar atrás una mentalidad de esclavitud para alcanzar realmente la libertad. En el caso de la mikve y del Diluvio, el paso de un estado de impureza a un estado de pureza. En el caso de elul y Iom Kipur, de dejar atrás lo malo que hicimos durante el año y comenzar nuevamente con la hoja en blanco. Y en el caso del alma entrando al cuerpo del bebé, la transición de una existencia solamente física a una existencia que ahora comprende también el aspecto espiritual.

Es por esto que nuestros sabios nos dicen que, de acuerdo a la tradición judía, el número 40 representa la manifestación de un cambio radical y la revelación de una nueva realidad.

La famosa historia de Rabí Akiva ejemplifica esta idea en la práctica. Rabí Akiva era un pastor inculto que ni siquiera sabía leer, pero a los 40 años decidió construir una “nueva realidad” para sí mismo, resolvió realizar un cambio radical y empezó a estudiar Torá. Con humildad y perseverancia empezó a estudiar lo más básico, el alef-bet, las letras en hebreo, y luego siguió avanzando en sus estudios, poco a poco, hasta convertirse en uno de los sabios más grandes del pueblo judío.

Cumplir 40 años es un hito muy importante en la vida. Y, como vemos en la historia de Rabí Akiva, es un momento en donde hay mucha fuerza para alcanzar metas que parecen inalcanzables y realizar cambios profundos, un punto en donde uno puede experimentar un cambio exponencial en términos de crecimiento y espiritualidad.

Así que Jung no estaba tan alejado de la verdad. Según el judaísmo, la noción de que a los 40 uno experimenta un "nuevo comienzo", una transición hacia una "nueva realidad", es completamente acertada. Y no sólo eso, sino que la energía disponible en esta nueva etapa es tan potente, que los cambios que podemos realizar son inmensamente significativos.


NOTAS:

(1) De acuerdo con la opinión más estricta, una seá equivale a 14,3 litros y, por lo tanto, una mikve debe contener al menos 572 litros de agua según este estándar.

(2) Ver Talmud, Menajot 99b.