Mi historia favorita de Janucá es "Hershel and the Hanukkah Goblins" (Hershel y los Duendes de Janucá) de Eric Kimmel.

En realidad mi historia favorita de Janucá es la historia de la batalla y de los milagros del evento mismo. Nada se compara al drama de un pequeño grupo de judíos enfrentándose a los griegos y a los sirios para defender sus creencias. Es un cuento que merece su propia música de triunfo (estilo Rocky) de fondo, mientras celebramos la victoria de los débiles sobre los fuertes, los pocos sobre los muchos y de la fe en Dios por sobre todo. Esa es la mejor historia.

Pero en términos más banales, nada le gana al cuento del Sr. Kimmel de los duendes de Janucá, probablemente basado en un cuento popular en Idish como todas las historias de su tipo.

Es un cuento increíblemente creativo acerca de un pueblo que tiene miedo de encender sus janukiot por la amenaza de duendes y del inteligente triunfo de Hershel y la derrota de la amenaza. Es una forma sutil de enseñar sobre el valor de defender las convicciones de uno incluso ante la intimidación, (e incluso cuando otros no lo están haciendo).

¿Y no es esa acaso la historia de Janucá después de todo? Ese pequeño grupo de judíos, esos Macabeos, no estaban luchando por sus vidas o por su tierra. Ellos estaban luchando por sus almas. Todos los judíos alaban a esos intrépidos Macabeos. Todos alaban sus heroicas acciones. Pero muchos han olvidado su grito de batalla, "Quien esté con Dios, ¡Sígame!".

Esta fue una batalla por el alma individual y colectiva del pueblo judío. Los griegos no amenazaron nuestra existencia física. Ellos nos acogieron – siempre y cuando renunciáramos a todos los lazos con nuestra fe. Y algunos judíos lo hicieron, y llegaron incluso a revertir su circunsición, borrando la marca del pacto. Es una vieja historia – asimilación y deseo de pertenecer – que se ha repetido a lo largo de los siglos.

Solamente unos pocos han tenido el valor de decir “No”: No al matrimonio mixto, no a la asimilación, no a los constantes e injustos ataques contra Israel – no a los "duendes" de nuestra época. E incluso menos personas han tenido el valor de decir “Sí”. Sí al constante y generoso apoyo a Israel. Sí a aprender sobre nuestra herencia. Sí a nuestras tradiciones. Sí a una relación con Dios.

Nuestros héroes los Macabeos dijeron sí, alta y claramente, y estaban dispuestos a pagar con sus vidas.

¿Qué dicen ustedes?