Recientemente llamé a una oficina donde una chica joven que yo conocía trabajaba como recepcionista. "Hola Emuna, ¿cómo estás?" preguntó ella. "Gracias, Emuna. Voy a dar el mensaje".

Ahora, en el mundo actual yo alabo cualquier intento por brindar un “buen servicio al cliente” y esta joven recibe un 10 por simpatía. Pero esta chica tiene apenas 20 años, como mis hijas (posiblemente incluso más joven que algunas de ellas). La frase "Yo podría ser su madre" no es en sentido figurado.

Eso explica porqué me molesta que ella utilice “mi nombre de pila”, lo encuentro demasiado familiar. “Tu pareces una persona adorable”, quería decirle, “Pero, ¿cuándo nos convertimos en amigas?”.

Llámenme anticuada. Cuando yo era pequeña todos los amigos de mis padres eran Sr. y Sra. – y aún lo son. Incluso si ellos preferían otra cosa.

No quiero ser rigurosa por mi honor. No pienso que sea un asunto de ego. Pero sí pienso que hay una falta de límites apropiados cuando las personas de 20 años llaman a quienes tienen 50 años por sus nombres de pila.

No es un asunto de si merezco o no respeto, no es un problema mío (¡siempre es más fácil hablar de las faltas de otros!), sino de ella. Pienso que no es bueno para ella llamarme por mi nombre de pila.

Si ella está a la par con alguien que tiene el doble de su edad ella no percibirá cuanto más le queda por aprender y crecer.

Pienso que confunde su sentido de “quién es ella”. Si ella está a la par con alguien que tiene el doble de su edad, entonces, no percibirá cuanto más le queda por aprender y crecer. Si ella está a la par con alguien que tiene el doble de su edad, entonces, no le dará a la sabiduría y a la experiencia el respeto que merecen.

Esto conlleva a una disminución del respeto por la historia y por quienes vinieron antes que nosotros.

A nivel personal, lo encuentro discordante. No pretendo ser más joven de lo que soy. Me visto acorde a mi edad (evitando por completo la marca Banana Republic) e intento actuar acorde a ella también.

Me haría feliz jugar un rol maternal en la vida de esta chica. Pero una verdadera amistad es impensable. Demasiados años, demasiada historia, una vida más larga y más amplia.

Ella en realidad no está pidiendo una amistad. Ella en realidad no piensa que somos amigas. Ella simplemente no ha tenido a nadie que le enseñe la importancia de estas distinciones. Nadie le enseñó a respetar a sus mayores – y nadie le enseño que eso se obtiene a través de una sensación de distancia.

Quizás es un legado de los años sesenta con la idea de "No confíes en nadie mayor de 30". Quizás es un problema de los padres que no entienden su rol en relación a sus hijos y por lo tanto no pueden comunicar que otros adultos no son los amigos de sus hijos.

No conozco la raíz. Solamente veo el resultado en las relaciones distorsionadas, en la arrogancia y en la falta de límites apropiados.

Debemos enseñarle a nuestros hijos – de todas las edades – a hablarle a los adultos con respeto. Por el bien de nuestros hijos y por el bien de los adultos a los que se les está hablando.

Si no lo hacemos, todos perderemos. Me es muy incómodo llamar a la oficina en donde esta joven trabaja, aún no he encontrado la forma cortés y considerada de decirle, "Es Sra. Braverman para tí".