La Sra. Levine y la Sra. Goldstein estaban en la boda de una amiga. Conversando en su mesa, ellas comentaron sobre el vestido de la novia (demasiado brillo y demasiado ajustado), la comida (el pollo estaba seco) y la banda (¡demasiado fuerte!). Desafortunadamente para ellas (y para sus anfitriones), el camarógrafo estaba filmando cerca de ahí. Cuando los felices novios se sentaron a ver el video de la boda, cada palabra de esa conversación fue reproducida frente a ellos.

La Sra. Stein estaba en shivá. La casa estaba constantemente llena de familiares, amigos y conocidos que venían para ofrecer consuelo. Cuando la semana terminó, la Sra. Stein abrió su caja de joyas para sacar su anillo de diamantes favorito, un preciado regalo de su fallecido esposo. ¡Ya no estaba! Pero la Sra. Stein tenía un sistema de cámaras de seguridad en su casa. Ella pudo escuchar a dos de los visitantes tramando el robo, ¡e incluso presenciar a uno de ellos robándolo!

Estas son historias reales y no leyendas urbanas. Con teléfonos celulares que pueden tomar fotografías y video, con cámaras de seguridad y aspirantes a paparazzi por todos lados, nada de lo que hacemos o decimos es privado. Esto te hace pensar.

Y sin duda, tiene su lado negativo. No estoy segura de que las carreras futuras necesitan ser dañadas por las debilidades y las indiscreciones juveniles, pero ese es el precio de youtube.

Para mí, es como tener nuestra propia versión moderna de tzaraat, la enfermedad similar a la lepra que afligía a los judíos en el desierto si ellos hablaban lashón hará (chismes), sobre los otros judíos. Su castigo era instantáneo y me imagino que muy pocos de ellos cometían el mismo error dos veces. Sus labios estaban sellados.

Pero usualmente no vemos ninguna consecuencia en este mundo por nuestras crueles palabras. Excepto –dependiendo de tu público– aprobación o desaprobación social.

Hasta el advenimiento del ubicuo celular/video/cámara. Ahora cada palabra que decimos en público (y a veces también en privado si no somos cuidadosos de apagar esas cámaras de seguridad) puede ser grabada para la posteridad.

Puede que no sea un motivo muy noble para dejar de calumniar a otros pero oye, funciona.

Eso debería darnos que pensar. Puede que no sea un motivo muy noble para dejar de calumniar a otros pero oye, funciona. Y el Talmud nos enseña que si comenzamos a hacer algo bueno por las razones equivocadas, eventualmente terminaremos haciéndolo por las razones correctas.

Ha pasado mucho tiempo desde la intimidad con Dios que vivenciaron nuestros antepasados en el desierto. Hemos perdido ese regalo de consecuencias inmediatas y con ello la perspectiva de cuán dañinas pueden ser nuestras palabras negativas.

Y si bien toda esta nueva tecnología definitivamente tiene su enorme lado negativo, la conciencia constante de que tus palabras o acciones pueden ser grabadas, de seguro es una herramienta poderosa para mantenernos en línea.

¿La novia? Hermosa. ¿La comida? Deliciosa. ¿La banda? Bueno, traje tapones para los oídos…