Nuestros Sabios enseñan que si realmente amamos a alguien, debemos reprenderlo. Si realmente queremos a alguien y vemos que tiene conductas autodestructivas, ¿cómo podemos no decir nada? ¿Acaso podemos dejar que siga por ese camino tan dañino? Eso es lo que hacemos cuando educamos a nuestros hijos. ¿Por qué no con otras personas que amamos?

Obviamente, no queremos herir sus sentimientos. Tenemos que ser muy cuidadosos. Por eso la Torá establece condiciones respecto a cómo se debe dar un reproche.

No podemos tener ninguna agenda personal (¡quererlos no es una agenda!). Por ejemplo, a veces recibo cartas de esposas/os “colaboradores” que sólo desean ayudar a su pareja a crecer y no entienden por qué su pareja responde con enojo y frustración a sus críticas constantes. Si esta es tu conducta, claramente no se trata de amor sino de que alguna de tus necesidades no es satisfecha. Se trata de cómo tú quieres que se comporte tu pareja, cómo quieres que otros vean tu matrimonio, cómo deseas que tu pareja responda a tus deseos. Si se tratara realmente del otro, te relacionarías con el tema con sensibilidad y consideración. Limitarías tu crítica a una cosa pequeña. Criticarías muy rara vez y lo acompañarías de mucho amor.

Lo mismo ocurre con nuestros hijos. Sí, consideramos que nuestro trabajo es ayudarlos a crecer y es cierto, ese es nuestro trabajo. Pero como saben las abuelas, “se atrapan más moscas con miel”. Un padre considerado trata de guiar a su hijo con amor, no con críticas. Un padre experimentado sabe que sólo podemos darles a nuestros hijos un empujoncito en la mejor dirección; no podemos forzarlos a ir en ese camino. Un padre que sólo piensa en el bienestar de su hijo y no en cómo los verán los demás, se enfoca en el largo plazo. Él quiere educar a un adulto exitoso y sano, y está dispuesto a permitir un berrinche en el supermercado, con millones de ojos que lo juzgan, en vez de satisfacer a su hijo y crear un niño malcriado. O algo peor.

No es fácil no tener una agenda. Si no logras pensar sólo en la otra persona, entonces mantén tu boca cerrada.

La reprimenda debe surgir del amor, no del enojo ni de la frustración.

La reprimenda debe surgir del amor. Esto se conecta con el primer punto. No lo hago por enojo o frustración. No es porque otra vez llegaste tarde, porque yo cargo con todo el peso de la relación, porque me molestas o porque estoy fastidiado. Lo hago sólo porque me preocupo. Descubrí que casi siempre se acepta una reprimenda si surge del dolor y casi nunca si viene del enojo. El enojo es autoreflexivo. Tú me hiciste algo. No se trata de amor. El dolor es sobre la relación. Te quiero, eres importante para mí y por eso me molesta que no hayas venido a la boda de mi hija (¡Ups! ¡Se me escapó este ejemplo!).

El receptor debe ser capaz de escuchar y aceptar el reproche. ¿Cómo sabemos si puede o no hacerlo? Tenemos que usar nuestro mejor juicio. ¿Demostró que es receptivo a las “sugerencias útiles”? ¿Las ha pedido? Recuerdo que una vez di una clase en otra ciudad y la persona que me invitó “amablemente” hizo una lista de las razones por las que mi clase no había estado al nivel esperado. Yo no recibí ningún pago por la clase, así que no se trataba de eso. Me sorprendió un poco. Yo le había hecho un favor. No había pedido nada a cambio ¡Sin dudas no lo que recibí!

“Yo sé que tú quieres crecer”, fue su respuesta. Sobre eso no se equivocó, pero quiero escoger por mí misma el momento, el lugar y la fuente de crecimiento. No estaba preparada para escuchar su crítica.

Desde la perspectiva de la persona que recibe estas “herramientas de crecimiento”, la fuente marca una gran diferencia. El momento marca una gran diferencia. Si es solicitado o no marca una gran diferencia. La clase de crítica marca una gran diferencia. ¿Va directo a la esencia de lo que soy o se trata de un pequeño punto secundario? ¿Es algo que se corrige fácilmente o es un trabajo de toda la vida? ¿Fue solicitado? ¿La persona que habla es alguien cuya opinión me importa? ¿Cuya perspectiva valoro? ¿Confío en que le interesa mi bienestar? ¿Tiene relación con el trabajo o es algo muy personal?

Me aventuraría a decir que en la última categoría hay una diferencia en la respuesta entre hombres y mujeres. Cuando me siento frustrada con una de las mujeres en mi vida (¡sí, puede pasar!) mi esposo siempre me alienta a discutirlo con ellas para enfriar los ánimos. Usualmente (siempre) me niego a hacerlo. Porque sé que ellas no reaccionarán bien. No necesariamente por mi insensibilidad (aunque es posible) y no porque ellas no quieran crecer. Sino porque será muy hiriente y personal. Aunque los hombres también pueden sentirse heridos, creo que ellos son más capaces de escucharlo y seguir adelante. Ellos pueden distanciarse a sí mismos y a la relación de las críticas. Creo que ellos pueden discutir ideas e incluso cualidades y luego darse un apretón de manos.

En conclusión: debemos ser cuidadosos al dar reprimendas. Pero si alguien que queremos comete un grave error (y estamos seguros de que es un grave error), debemos intentar ayudarlo de la forma más sensible, considerada, altruista y amorosa posible. Y si verdaderamente deseamos crecer, debemos pedirles a las personas que nos quieren que nos ayuden a mantenernos en el camino correcto y nos den un amable empujoncito si llegamos a desviarnos.