Querido, ¿cómo pudiste?” era el título de un artículo en el Wall Street Journal. Aparentemente muchos de nosotros estamos en riesgo de ser avergonzados por nuestra pareja y de querer simplemente escapar y escondernos como resultado.

Hay dos tipos de vergüenza. Uno (del que NO estamos hablando aquí) es aquel en que tu pareja, con o sin intención, te utiliza como blanco de vergüenza, ya sea a través de bromas que pueden ir desde supuestamente amables hasta rotundamente crueles (y posiblemente abusivas), o a través de revelar información privada, lo cual podría tener un espectro similar.

El otro tipo es cuando tu pareja dice algo o hace algo —quizás absurdo o tonto— que te avergüenza.

¿Por qué nos avergonzamos? Frecuentemente es porque imaginamos que las personas se ríen de nuestra pareja y por lo tanto también de nosotros por asociación. O pensamos que miran a nuestra pareja con arrogancia o desprecio (¡y por lo tanto a nosotros también!). Nos avergüenza que nos asocien con alguien que se comporta así, que piensa así, que es el blanco del desprecio o la burla de otros. ¿Qué dice eso de mí? ¿De mi juicio? ¿De mis elecciones? Nos sentimos juzgados, nos sentimos culpables.

Nunca debiéramos sentirnos avergonzados por nuestra pareja.

¿Pero qué tiene de malo este escenario? Al igual que nunca debiéramos sentirnos avergonzados por nuestros hijos (para que ellos sepan que SIEMPRE los apoyamos), así también nunca debiéramos sentirnos avergonzados por nuestra pareja. Nuestro primer y más importante compromiso es con ellos. Debemos demostrarles nuestra lealtad y apoyo.

¿La opinión de quién es más valiosa para nosotros que la de ellos? ¿Qué nos importa lo que otras personas —que son menos importantes para nosotros y cuya opinión objetivamente hablando es en realidad irrelevante— digan?

Cuando mis hijos llegaban a casa de la escuela quejándose de que los insultaban, mi esposo siempre les preguntaba si era cierto y si venía de alguien cuya opinión ellos valoraban. La respuesta a ambas preguntas siempre era “no”. Aún recuerdo un incidente en la universidad. Mi encargada de planta me dijo un cumplido sobre el vestido que tenía puesto. Yo anduve flotando el resto del día sintiéndome bien conmigo misma hasta que recordé que ella era la misma persona que había escogido la horrible tela para los sillones en la sala común. Su opinión no debería haber tenido tanto peso para inflar o desinflar mi sentido de identidad.

¿Qué dice de nuestros matrimonios y de nuestro compromiso el hecho que seamos tan vulnerables a las opiniones de otros? ¿Qué dice sobre nosotros y sobre nuestra autoestima?

Si tú y tu pareja comparten muchos años juntos, inevitablemente tu pareja dirá y hará cosas tontas en el camino (sí, lo hará). Y, lo creas o no, también lo harás tú. Pero sea lo que sea que digas o hagas, tú quieres el apoyo de tu pareja. Quieres saber que tu pareja te apoya, incluso cuando cometes errores.

Un sentido individual de vergüenza puede ser algo saludable. Puede ayudarnos a prevenir comportamientos lamentables que son fuente de vergüenza. Puede actuar como una cerca en contra de la pérdida de control o la conducta imprudente. Nos mantiene controlados. Es una buena herramienta personal de autocontrol.

Pero la clave es autocontrol. No queremos controlar a nuestra pareja (bueno, quizás sí queremos ¡pero ese es otro problema!). Nuestra labor no es mantenerlos en línea (aunque puede ser que algunas veces necesitemos sugerir amablemente que ciertas conductas deberían ser eliminadas). Nuestra labor es ser un apoyo, sin importar cómo actúen, sin importar lo que hagan. No queremos que nuestra pareja se sienta avergonzada por nosotros. Y debemos responder de la misma manera. Con amor y apoyo incondicional. Sea lo que sea que digan (¡por más aburrido que sea el chiste!) y sea lo que sea que hagan.