En aquél, en el que los hombres se complacen, se complace también Dios”. (Pirkei Avot, 3:10).

Lo que las personas piensan de nosotros no es irrelevante. Si les caemos bien, dice la Mishná, Dios está satisfecho con nosotros. Ahora bien, esto es un poco confuso. Trabajamos duro para que nuestra autoestima no dependa de la aprobación de otros. Constantemente batallamos contra la presión de los pares para hacer lo correcto. No queremos ajustar nuestra conducta a lo que otras personas piensan – a menos que sea para mejorar, por supuesto.

¿Entonces qué significa en realidad la enseñanza de arriba?

Yo creo que nos está diciendo algo que puede parecer contrario a la intuición. Si tratamos a las personas de una forma que es atenta y considerada – sin motivo ulterior propio – entonces les caeremos bien. Ellos querrán estar con nosotros. Ellos buscarán nuestra compañía y nuestro consejo.

Si ayudamos a otros, les caeremos bien. Si nos enfocamos en nosotros mismos, no.

Así como aquellos que escapan del honor se dan cuenta que el honor corre tras ellos, así también aquellos que no buscan su propio bien sino el bien de otros encuentran que el amor y la aprobación de ellos viene detrás.

Es muy básico. En palabras simples: Si ayudamos a otros, les caeremos bien. Si nos enfocamos en nosotros mismos, no.

Sin embargo, la honestidad me obliga reconocer que es casi imposible ser completamente desinteresada, porque al hacer por otros hay una inherente recompensa personal: ayudarlos nos da placer. Parece que, entre otros granos de sabiduría, Mark Twain también reconoció este punto: "La mejor forma de alegrarte es intentar alegrar a alguien más". Él entendió cómo funcionamos psicológicamente, aunque la meta aquí parece egocéntrica y no desinteresada.

No sabemos si él entendió otra lección importante de la Torá – que si comienzas haciendo lo correcto por las razones equivocadas puedes terminar haciéndolo por las razones correctas. ¡Es mejor hacerlo que esperar por la motivación perfecta para comenzar!

Entonces, ¿cómo alcanzamos esta meta? ¿Cómo nos convertimos en este amado ser humano? El primer paso es realmente enfocarse en otros. ¿Qué necesitan? ¿Qué puedo proveer? ¿Cuál es la mejor forma de proveerlo? Y definitivamente no pensar - ¿Qué voy a recibir a cambio? ¿Cómo me agradecerán? ¿Puedo dar una pista del regalo que quiero? ¿De la entrevista que me gustaría que organizaran para mí? ¿Del préstamo que me gustaría que me garantizaran?

Tenemos que trabajar muy duro para estar ahí para otros. Tenemos que trabajar muy duro para ser buenos amigos. ¿Los estamos escuchando con nuestra completa atención o estamos esperando la pausa en la conversación para poder hablar de nuestras propias vidas? ¿Pensamos mucho y cuidadosamente antes de dar consejo, haciendo lo mejor que podemos para asegurarnos de que estamos enfocados en lo que es apropiado para ellos en su situación y no según nuestras propias preferencias y sesgos? ¿Hacemos redes de contactos para otros – haciendo conexiones de negocios, arreglándoles citas, organizando una cena con potenciales nuevos amigos?

Hay un tema subyacente aquí: el hecho de estar centrado en los demás. Un mundo sobre mí es un lugar muy solitario. Un mundo sobre otros es rico y satisfactorio. El secreto para la felicidad es no concentrarte en ti mismo y en tus necesidades; es concentrarte en todos a tu alrededor. Eso dibujará una real sonrisa en tu cara – y en la de ellos.