Me desperté temprano esta mañana, e imaginé cuán productiva sería antes de que empezara a sonar el teléfono y todas las ruidosas demandas del día interrumpieran mi concentración. Ya no tengo niños pequeños en casa, ya saben, esos con un infalible instinto de cuando te levantas temprano anticipando un poco de tiempo libre (o personal) y se levantan temprano también, así que me sentí justificada en anticipar este tiempo tranquilo.

Pero cometí un clásico error (¡¿puede considerarse clásico si es producto de tecnología relativamente nueva?!). Revisé mis emails antes de comenzar a escribir/pensar. Había un molesto email en mi bandeja de entrada y mi día se arruinó por completo.

La buena noticia es que el email me hizo reflexionar. La mala noticia es que mi día estaba arruinado. Obviamente la primera cosa que reflexioné fue ‘¡no revisar mi email a primera hora en la mañana!’. Sin embargo, la compulsión es tan fuerte. Mi teléfono está justo al lado de mi cama. Apenas tengo que abrir mis ojos para verlo…

Pero voy a erradicar este hábito (de verdad lo voy a hacer) porque, si bien no siempre hay un email frustrante en mi bandeja de entrada, de todas formas, no es un modo muy armónico para empezar mi día. No pone el componente espiritual en primer lugar.

Defensas bajas

La segunda cosa que reflexioné fue por qué consideré el email como “molesto”. No era un ataque personal (ha habido de esos), ni siquiera era crítico (también ha habido de esos). Era simplemente un pedido de información que yo no quería revelar. Lo sentí un poco invasivo, entrometiéndose en mi espacio personal.

Y si bien hay mucha intromisión en estos días, eso no explica mi molestia. Podía simplemente decir “no”. Pero dejé que se transformara en algo personal. Lo dejé entrar. Y esa fue la lección más importante.

No debiera reaccionar así. Como siempre le digo a mis hijos, a mis alumnos y a cualquiera que me escuche, nuestras reacciones están bajo nuestro control. Nadie puede “hacerte” enojar o “ponerte” feliz. Ellos pueden hacer cosas malas o cosas buenas, pero la respuesta está en nuestras manos.

Igual con este email. Sólo fue molesto porque yo lo catalogué así. Sólo fue molesto porque yo reaccioné con molestia. Yo no tenía que reaccionar así. Yo podría haber reaccionado de manera racional. ¡Podría haber regresado a la cama!

Esta fue una útil llamada de atención para mí (fuera de bromas). El hecho de permitir que los emails me frustren, implica que le estoy dando a estos objetos inanimados, elusivos e indefinidos, poder sobre mi vida y mis emociones. ¡Que tontería!

En el futuro, tengo que estar un poco más despierta antes de revisar mis emails. Nuestras defensas están bajas y nuestras emociones son más difíciles de controlar cuando estamos cansados o con falta de sueño. Después de una taza de café, una ducha (y mis rezos de la mañana si sigo el dictamen de mi primera reflexión), el mundo se ve diferente. Puedo abrir mi bandeja de entrada con un humor más calmado y racional. Puedo escoger cuándo y cómo responder.

Como mínimo, ¡tengo que dejar de revisar mis emails antes de estar completamente despierta!