Mi clavícula fracturada parece ser uno de esos regalos que sigue entregando, al menos en términos de lecciones espirituales y de oportunidades para crecimiento personal. La lista es demasiado larga para enumerarla aquí (¡lo cual dice algo sobre mí y el trabajo que aún me queda por hacer!) pero quiero enfocarme en un tema en particular por ahora: empatía.

En un interesante golpe del destino (y ciertamente como un ejemplo de Providencia Divina) mi esposo se fracturó su clavícula hace tres años, justo en la misma época del año. Y en vez de ofrecer palabras y acciones compasivas, me pasé mucho tiempo quejándome “Tengo que cargar las mesas y las sillas yo sola”, “Tengo que hacer todo yo sola”. Por supuesto, considerando ahora mi propia lesión, me avergüenza el egocentrismo de mi respuesta en aquel entonces, producto de mi perspectiva limitada.

La empatía es muy difícil dado que la realidad es que, es realmente imposible “sentir” el dolor de otro. Me recuerda una situación que ocurrió en mi cuarto de hospital hace muchos años. No me acuerdo cual hijo iba a nacer, pero sí recuerdo el incidente. Mi esposo estaba monitoreando mis contracciones en el monitor. “No se ven tal mal” le dijo a la enfermera. Ella le dio una mirada pesada y no le habló durante todo el resto del trabajo de parto. ¡No les voy a decir lo que yo dije! Pero él realmente no podía saber. Él no lo estaba sintiendo y nunca lo haría.

¿Qué puede hacer un desaventurado esposo? ¿O una amiga? ¿O una esposa poco compasiva? ¿Cómo podemos sentir el dolor del otro? ¿Cómo podemos sentir y expresar empatía? No estoy hablando de ser empáticos con las palabras —utilizar algunos clichés como “es fácil decirlo” pueden aplicar aquí—, sino que estoy hablando de realmente entrar en el mundo de la otra persona.

O en palabras más simples, ¿qué debería haber hecho yo con mi esposo en aquel entonces y que me gustaría que él (y quizás otros) hagan por mí ahora?

Hay una historia famosa que se cuenta sobre Rav Aryeh Levine, llamado cariñosamente “Un Tzadik de nuestra época”. Él una vez llevó a su esposa al doctor y dijo “La pierna de mi esposa nos duele”. Esto se presenta como un modelo ideal de matrimonio, la unión que se logró. Y destaca la esencia de lo que es la empatía.

Sin importar cuán grande sea la conexión, él no estaba sintiendo físicamente el dolor de su esposa. Eso no es lo que significa empatía. Dado que a él le importaba tan profundamente su esposa, porque se identificaba fuertemente con ella, él fue capaz de “entrar” por así decir en su mundo y vivir lo que ella estaba viviendo. Él fue capaz de sentir emocionalmente su dolor porque ella era tan preciada para él y sus almas estaban entrelazadas.

La base inicial para la empatía es la preocupación y la identificación. La empatía real está limitada para muy pocas personas porque hay en nuestras vidas muy pocos individuos por los que nos preocupamos tanto, con cuyas vidas nos identificamos tan fuertemente. Y contrariamente (y quizás en una solemne reflexión), hay muy pocas personas que sienten eso sobre nosotros. Usualmente está limitado a miembros familiares y a unos cuantos amigos cercanos. Y eso es si tenemos mucha suerte. Si eres el receptor, ayuda que limites tus expectativas, y si eres el dador, que te enfoques en el amor y la conexión.

La empatía también requiere información. Como muchas cosas en el matrimonio y otras relaciones, no podemos esperar que nuestra pareja o amigos lean nuestra mente. Yo tuve un mini berrinche hace poco, quejándome que mi esposo, quien estaba haciendo tanto por mí, no me compró un regalo. No porque había nada en particular que yo quería. no porque había algo en particular que yo necesitaba, sino porque me estaba sintiendo sola y vulnerable. Quería que él pensara en mí. Incluso aunque, como sabiamente él me dijo, ¡todas sus otras acciones fueron una demostración de eso! Quería que mis amigas pensaran en mí. Pero al mismo tiempo ignoraba todas las ofertas de ayuda y ponía una fachada valiente. ¿Cómo podrían ayudarme entonces? Si no le digo a mi esposo cuán vulnerable me siento, si no les digo a mis amigas la soledad que incluso una pequeña lesión puede provocar, ¿cómo puedo esperar que respondan? Para poder dar y recibir empatía, necesitamos toda la información sobre la situación.

Cuando mi esposo se fracturó su clavícula y no podía conducir, él odiaba la sensación de dependencia. ¿Qué importa? Pensé yo. Te estoy ofreciendo llevarte, tus hijos te están ofreciendo llevarte y hay Uber o Lyft… Y sin embargo para él, la inhabilidad de conducir era amenazante y problemática. Creo que lo hizo sentir viejo e indefenso. Yo no tengo esas aprensiones. No me gusta conducir y soy feliz de tener a otros que lo hagan por mí. Mi desafío es volver a conducir. El suyo era mantenerse alejado. Dado que no todos vemos la vida de la misma forma, la empatía puede ser un desafío, pero no es algo imposible.

La Mishná nos dice que debemos “llevar la carga de tu amigo”. Podemos aliviar los problemas de otros; podemos levantarlos ligeramente de sus hombros incluso si no podemos cargarlos completamente por ellos.

Para hacer esto, tenemos que resistir nuestras propias experiencias emocionales. La empatía no es una cualidad que pueda expresarse solamente basándose en hechos. Solamente porque “sé” que estás sufriendo, no significa que puedo entran en tu experiencia. Tengo que querer salirme de mi mismo y de mis necesidades y mis preocupaciones y mi vida para preocuparme por las tuyas y luego debo recurrir a mis propias emociones. ¿Cómo me sentí cuando…? ¿Cómo me sentiría si…? ¿Qué sé sobre tus respuestas emocionales ante otras situaciones? Lo que me has dicho, como has reaccionado en el pasado. No es una ciencia, es un arte, y además imperfecto.

No creo que uno pueda alguna vez lograr una completa empatía con otro ser humano. Por más cercanos que seamos, todavía tenemos existencias separadas. Pero sí creo que, con amor e identificación, con sabiduría e información, y con experiencia emocional y compresión, podemos acercarnos mucho.