Emily Post dice que está bien que las mujeres retoquen su lápiz labial en público, en medio de un restaurante. Es una conducta socialmente aceptada. Pero yo estoy en desacuerdo. Y no sólo porque elimina todo el misterio (¿no queremos al menos simular que nos vemos naturalmente bellas?). Creo que el aseo es una actividad privada, y ahí es donde debería quedarse.

Me siento más y más sola en esta posición mientras veo a personas limarse las uñas, usar hilo dental e incluso limpiar sus orejas en público. No sé si el auto cuenta como lugar público pero ciertamente puedo ver a esos hombres afeitándose y a esas mujeres aplicándose rimel en las luces rojas.

Incluso verse al espejo me parece un acto que debería realizarse en privado (yo intento enfatizar esto cuando mis hijos utilizan los cuchillos en la mesa de Shabat como sustitutos, un poco de discreción por favor). Quizás no apreciamos cómo nos ven los demás. Pensamos que estamos siendo sutiles o que nadie más se da cuenta. Estoy aquí para desvanecer ese mito; todos nos damos cuenta.

Hace unas semanas atrás estaba sentada afuera con mi hija un viernes por la noche y vimos de casualidad a través de la puerta de vidrio del edificio de enfrente cómo una mujer bajaba las escaleras y se miraba cuidadosamente frente al espejo del lobby. "¡Oh Dios!" exclamó mi hija. "Yo hago lo mismo; simplemente no me daba cuenta que las personas podían ver hacia adentro". ¡Ella ciertamente no volverá a hacerlo en el corto plazo!

Sí, las personas pueden ver. Y yo por mi parte, no quiero ver. Cuando los monos se asean entre ellos en el zoológico, nos reímos a carcajadas. Es una conducta animal sofisticada. Pero sigue siendo una conducta animal. Y creo que deberíamos mantener ese lado de nosotros mismos en secreto. El cuerpo no es malo pero no debe estar en exhibición. La higiene personal debería realizarse en el baño, ¡y no en el baño de alguien que yo conozco en Los Ángeles que tiene una puerta de vidrio!

Ciertamente nuestra conducta afecta cómo pensamos sobre nosotros mismos. Si nos comportamos como animales, así es como nos veremos a nosotros mismos y como otros nos verán también. Por otro lado, si intentamos elevarnos y comportarnos como almas, al menos tenemos la posibilidad de ser exitosos.

Todos queremos estar aseados, vernos limpios e incluso atractivos. No queremos sentarnos a cenar con lápiz labial en nuestros dientes, comida atascada entre ellos u otros problemas de higiene. Pero el baño es el lugar para lidiar con estos desafíos. Si nuestra cita repentinamente comenzara a meterse el dedo en la nariz (perdón la vulgaridad) estaríamos un poquito impactados. Hay algunas actividades que definitivamente no son públicas (¡y quizás tampoco privadas!). Yo sugiero que pequemos al incluir más funciones corporales en esa categoría en vez de menos.

Demasiado foco en el cuerpo nos hundirá. Nos robará nuestro impulso más elevado; el foco en el cuerpo oscurece el enfoque espiritual en el alma. Aplicar una capa fresca de lápiz labial en la mesa parece algo inofensivo, pero, como en todo, hay consecuencias, y hay descenso.

Sí, quizás nos vemos más atractivas con ese veraniego color rosa en nuestros labios. Pero la pérdida de dignidad y el enfoque en lo físico son un alto precio que pagar. Sí, el lápiz labial se sale cuando comemos. Eso está bien. Eso es normal. Eso es humano. Podemos preservar nuestra dignidad y nuestra belleza de mejor manera a través de una sonrisa que a través del maquillaje, a través de prestar atención a nuestro compañero y no a nuestro pequeño espejo, a través de conversaciones sobre temas significativos y no preocupaciones sobre nuestra apariencia. Creo que Emily Post se equivocó esta vez.