“¡Mi maestro dijo que Iom Kipur es el día más feliz del año!”, exclamó mi hijo. Repetidas veces. Es gracioso pero esa no ha sido mi experiencia. Yo frecuentemente estoy cansada y hambrienta, tengo dolor de cabeza y Iom Kipur se siente como una prueba de resistencia. Sin mencionar la larga lista de pecados por los cuales golpeo mi pecho e intento hacer teshuvá (arrepentirme y retornar). Tantos errores… por supuesto que perdí la calma (varias veces). Por supuesto que fui egoísta (de hecho este artículo habla sobre mí). Por supuesto que hablé lashón hará (no sobre ti, no te preocupes) o hablé sin pensar o demasiado frívolamente (de acuerdo, voy a tomar un voto de silencio). Los golpes en el pecho continúan. Y me siento empequeñecida.

Creo que mi error de Iom Kipur (¡otro más!) ha sido enfocarme solamente en el pasado. Repetir esa lista de pecados y hundirme en ella es una receta para el desaliento y la depresión. Todo el punto de la expiación es el futuro. ¡Mañana será un nuevo día!

Queremos empezar el nuevo año con la hoja en blanco. Un nuevo comienzo. ¡Cualquier cosa es posible! Esta es la oportunidad de Iom Kipur. Si nos sumergimos en la santidad del día, nos liberaremos de las amarras de lo físico y podremos ver los anhelos de nuestra alma y nuestro verdadero potencial. Dios nos ofrece un nuevo comienzo.

Las personas dicen frecuentemente “Si pudiera empezar de nuevo yo…”. Iom Kipur es esa oportunidad.

¿Qué cambio o elección que yo haga este año tendrá el impacto más profundo en mi vida?

Es cierto que no todas las elecciones pueden replantearse. Tenemos familias, amigos, compromisos. Pero dentro de ese contexto hay muchas oportunidades para escoger de forma diferente. Escoger no permitir que las mismas cosas nos molesten o nos agobien. Escoger responder en nuevas formas a viejos problemas (a menudo en nuestros matrimonios, ambos lados arrastran la misma respuesta inefectiva para cada situación, sin reconocer que ¡una respuesta que nunca funcionó anteriormente no funcionará ahora!). En Iom Kipur somos ángeles, levantamos vuelo. Planeamos por sobre lo mundano. Debemos aferrarnos a esa experiencia cuando regresamos a la tierra.

Para preservar esa experiencia, primero tenemos que apreciarla. Debemos saborearla. Debemos valorar la oportunidad. Debemos reconocer qué regalo se nos ha entregado.

Segundo, debemos tomar una decisión. ¿Qué escribiremos en la página en blanco? Este Iom Kipur me pregunto a mí misma (y a cualquiera que se atreva a hablar conmigo) una pregunta que mi esposo está haciendo en su clase (y a cualquiera que se atreva a hablar con él): ¿Qué cambio o elección que yo haga este año tendrá el impacto más profundo en mi vida? Luego estoy haciendo un plan para implementar ese cambio. Sin un plan el pensamiento se queda en los cielos, allá con los ángeles, mientras que yo sigo parada aquí en la tierra, sola. Sé que solamente tendré éxito parcial. Sé que experimentaré enormes avances y enormes contratiempos.

Sin embargo, por un solo momento este año en Iom Kipur, sabré que el cambio es posible.