Muchos de mis pares están en una encrucijada en sus vidas. Aunque nuestros hijos no han despegado por completo (¿lo hacen alguna vez?), ellos están, como mínimo, fuera de la casa durante la gran mayoría del día. Así que queda un tiempo desestructurado y no contabilizado en nuestras manos – un verdadero regalo.

Una vez que la sensación inicial de libertad disminuye, queda la seria pregunta de cómo aprovechar al máximo esta oportunidad. Y si bien es posible hacer algo por aquí y por allá, pasar más tiempo con amigas y hacer más ejercicio, la pregunta permanece. Y las personas serias y conscientes no quieren evitarla. Yo creo que uno de los mensajes más poderosos enfatizados en los textos tradicionales judíos es la importancia del tiempo y la necesidad de aprovecharlo al máximo.

Y sin embargo… ninguno de nosotros tiene el impulso (¡o las rodillas y la espalda!) que teníamos hace 25 años. Ninguno de nosotros tiene el inocente idealismo. Eso no quiere decir que no tenemos sueños, esperanzas y visiones – sino que ellas están moderadas por las realidades prácticas, por un entendimiento más profundo de la naturaleza humana, por una perspectiva más realista de lo que en realidad funciona – y lo que no. Somos más cuidadosos, y estamos menos dispuestos a lanzarnos ciegamente a un nuevo proyecto.

¿Hay una pérdida? Posiblemente. Pero quizás también una ganancia.

Cada etapa de la vida ofrece nuevas y diferentes oportunidades. Simplemente no es posible a los 50 (¡o un poquito más!) ver el mundo como era a los 25. No es posible – y no es aconsejable. Si no somos capaces de aportar la misma energía y entusiasmo que antes, es de esperar que al menos traigamos con nosotros sabiduría, experiencia, madurez, junto con extremidades frágiles y medicamentos para el colesterol.

Sin embargo todavía está la pregunta… ¿y ahora que?

Esta pregunta circula dentro de nuestras cabezas. Podemos pasar horas obsesionándonos con ella, discutiéndola con amigos, volviendo loca a nuestra pareja (en realidad podríamos llenar mucho tiempo de esa forma, ¡pero no es tan aconsejable!). ¿Queremos hacer algo con fines de lucro o sin fines de lucro? ¿Creativo y artístico o más intelectual? El debate continúa.

Yo no tengo la solución. Pero tengo una posible respuesta. Hay tanta necesidad ahí afuera. No creo que deberíamos “perseguir nuestra felicidad" o encontrar nuestra pasión. Deberíamos simplemente hacer algo que necesita ser hecho o algo que nos gustaría hacer – desde ayudar a bebés con problemas hasta abrir una cafetería de barrio, desde entrenar activistas por Israel hasta diseñar tu propia línea de vestuario (mientras más esconda mejor). Debemos simplemente escoger algo y actuar.

Puede que no sea perfecto, nada lo es (¿no es esa una de las lecciones que hemos aprendido con la experiencia?). Pero, como con todo lo demás, cuando das, te importa. Cuando inviertes en un proyecto, cuando tomas responsabilidad en una organización, se vuelve importante para ti.

Confieso ser imparcial en relación a trabajar por el pueblo judío. Hay tantas instituciones importantes. Hay tantas necesidades imperiosas. Hay tantas formas de hacer una diferencia duradera en las vidas de otros.

Pero mi forma no es la forma de todo el mundo. La clave es simplemente actuar ahora. No esperes hasta encontrar algo que te importe. Entrega y luego te importará, profundamente. Y, si Dios quiere, cuando todos compartamos nuestras historias después de otros 50 años (!), cuando nos reunamos para ver qué hemos hecho con la segunda mitad de nuestras vidas, sentiremos una sensación de orgullo y de logro.

Nos enseñan que Dios nos guía por el camino que queremos ir. Podemos escoger ser limitados por los desafíos de la mediana edad o fortalecidos por las oportunidades. Y con Su ayuda, las posibilidades aún son interminables.