Parece que hay una nueva fantasía en las relaciones soñadas de los hombres: una relación sin drama (como quedó expresado en el artículo de Laura Hilgers en el New York Times "The Ridiculous Fantasy of a ‘No Drama’ Relationship"). De hecho, esto no es nada nuevo. Como me quedó claro de inmediato (estoy segura que lo mismo le ocurrió a la mayoría de las lectoras) y como destaca la Srta. Hilgers, “sin drama” es tan sólo el nuevo código para “bajo mantenimiento”. Y “bajo mantenimiento” es sólo una forma eufemística de decir “sin necesidades”.

No es difícil ver el atractivo de esta fantasía: alguien que haga por mi sin expectativas de reciprocidad. Parece un sueño. Pero fuera del hecho de la naturaleza completamente irreal de esta expectativa (¡por algo es una fantasía!), ¿es eso realmente lo que los hombres —o las mujeres— quieren?

Como la idea de escaparse a una isla de la Polinesia, puede ser placentero por un tiempo breve, pero después el deseo de productividad, de significado, de comunidad y de relaciones por lo general nos envía de regreso a casa. Una relación sin demandas suena placentera, pero en definitiva nos hace sentir vacíos.

Porque de forma contraria a estas fantasías, todos (sí, incluso los hombres) quieren dar. Todos quieren estar involucrados en el intercambio de dar y recibir que es más apropiadamente definido como una relación, y no solamente en recibir. Cuando alguien nos importa, queremos dar. Cuando damos, nos importa. Sin eso, podemos ser dos individuos compartiendo el mismo espacio, pero no tenemos algo que pueda considerarse ni remotamente como una relación.

No sólo muchos tenemos un deseo innato de dar y ciertamente de corresponder, sino que incluso si no lo expresamos o es inconsciente, también reconocemos la oportunidad de crecimiento que tenemos aquí; cómo el dar nos ayuda a adquirir más profundidad como individuos y también en nuestra conexión con los demás.

No es sólo una “fantasía ridícula” porque, para citar a Laura Hilgers, “La vida está llena de drama”. El drama, los desafíos, las luchas, las oportunidades de crecimiento… usa la expresión que prefieras, nadie tiene una vida libre de drama. Nadie se escapa de los desafíos de la vida. Aunque no les damos la bienvenida cuando surgen (y rezamos para que Dios no los envíe), la mayoría reconocemos (después de los hechos), que gracias a ellos nos convertimos en personas más profundas.

En verdad, la tontería de que un hombre pida “que no haya lugar para el drama”, no es sólo respecto a los grandes desafíos de la vida (la autora de ese articulo se refiere a un doloroso divorcio y a enfrentar la adicción de un ser querido), sino que también hay pequeños dramas diarios.

Vivir con otra persona significa lidiar con sus cambios de humor, sus enfrentamientos con su jefe, sus dolencias físicas e incluso discusiones más triviales como si dejar la calefacción encendida o apagada, a quién le toca ir a recoger la ropa a la tintorería, por qué la bolsa de basura quedó en medio de la cocina… Estos son los pequeños “dramas” de la existencia cotidiana, las pequeñas, pero sin embargo habituales ocasiones en las que las personalidades pueden chocar, en donde las emociones pueden flaquear, en donde el requisito para construir una relación es enfocarse en dar y no en recibir, en las necesidades de tu pareja y no en las propias.

La vida no está libre de drama. Tampoco las relaciones. A pesar de la fantasía, en verdad nadie quisiera que fuera cierto, porque en definitiva nos llevaría a sentirnos superficiales e insatisfechos. Puede ser que esos hombres en Tinder, Bumble o OKCupid de verdad crean lo que escriben. Pero si no reconocen la inmadurez de la petición, casarse con un ser humano verdadero los sacará muy pronto de su fantasía. Sólo espero que ellos de alguna forma tengan la sabiduría de reconocer que están mejor con ese ser humano plenamente realizado con todas sus necesidades y manías que con una fantasía de cartón.