“La investigación en felicidad, un campo conocido como “psicología positiva”, está en auge. Algunas de las nuevas evidencias sugieren que es más probable que las personas que se enfocan en vivir una vida con sentido mientras envejecen, tengan mejor salud mental e incluso que vivan más que las personas que se enfocan en alcanzar sentimientos de felicidad”. (Wall Street Journal)

¡Pues obvio!

Perdón. Yo sé que no es una respuesta científica. Pero siempre me parece gracioso cuando se invierte una considerable cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo en descubrir algo que ya deberíamos saber de antemano.

Una vida significativa y productiva hace más por ti en todo sentido que lo que hace una vida de enfoque en la felicidad. Por supuesto, me aventuraría a decir que una vida significativa y productiva es en realidad el secreto para la felicidad. Pero quizás el artículo que cité al comienzo está definiendo felicidad de una forma diferente.

Ciertamente si felicidad significa la adquisición de posesiones materiales y la indulgencia de placeres físicos, será inevitablemente decepcionante. Es demasiado fugaz y demasiado insustancial como para satisfacer. Solamente te dejará buscando la siguiente y mejor emoción.

Y si la felicidad significa que la vida siempre debería ser indolora y resultar como fue planeada, entonces también terminarás frustrado. Una expectativa de una vida de comodidad será inevitablemente fallida. Aceptar que el dolor es, de hecho, parte de la vida es un prerrequisito esencial para la felicidad.

Como dice en Pirkei Avot, “¿Quién es rico? Aquel que está contento con su porción”. Alguien que acepta de buena gana sus fortalezas y debilidades, su posición y circunstancias, alcanzará una felicidad no disponible para alguien que siempre alega contra la injusticia de todo.

Hay una diferencia entre felicidad y alegría. Alegría parece ser una emoción única, reservada para momentos y ocasiones especiales. La felicidad parece ser alcanzable cada día.

Yo creo que felicidad es el placer que sentimos cuando hemos vivido un día completo y productivo, cuando hemos utilizado cada momento y hemos sacado provecho. Esto no es tan fácil como suena.

El ietzer hará, la parte más baja de nosotros, adquiere muchas formas distintas en su conspiración para tirarnos hacia abajo. Tenemos que pasar tiempo esperando a técnicos y haciendo trámites. Estamos cansados y no siempre tenemos ganas de hacer el esfuerzo. Tenemos tanto en nuestros platos que termina siendo improductivo y poco nutritivo.

Mi esposo tiene un amigo que se mete a la cama y se tapa con las sábanas cada vez que la vida le presenta un desafío. Esta parece ser una estrategia demasiado común.

“Ven a clases”, le dice él. “Ven a estudiar Torá. Te sacará de ti mismo. Te subirá el ánimo mientras estudias y creces y trabajas en tu relación con Dios”.

“Lo siento”, responde él. “Es demasiado esfuerzo. Yo solamente necesito estar solo”.

Esta es una de las estrategias mas tortuosas del ietzer hará. Nos engaña y nos hace pensar que lo mejor para nosotros es quedarnos en cama.

En realidad es mejor salir, aprender a hacer para otros. Parece paradójico pero hay mayor felicidad disponible cuando nos enfocamos en algo fuera de nosotros.

Como sugiere el artículo del Wall Street Journal, no nos va bien cuando hacemos de la felicidad una meta. Pero si invertimos nuestro tiempo y energía en esfuerzos significativos, descubriremos sorprendentemente que la felicidad es el resultado. O, quizás, no tan sorprendentemente…