Un artículo de Today.com sugiere que criar a tres niños es lo más estresante, pero después de eso, con cualquier niño adicional realmente se hace más fácil. No sé a quiénes entrevistaron pero, ¡ciertamente no a mí! ¿Cómo puede ser menos estresante? En vez de tres personas que deseas formar, impulsar y ayudar a crecer (y que debes controlar tu ansiedad por ellas), ¡ahora hay más! Más personas cuyas vidas parecen dependientes de ti y cuya felicidad presente y futura es tan importante para ti que te mantiene despierta por la noche.

¿Menos estrés? No lo creo.

Aunque lo que sí es posible es que haya ciertas cosas que dejemos pasar. Es imposible (ciertamente sin ayuda pagada) tener la casa perfectamente ordenada cuando tienes una familia grande. Y si bien el ejemplo citado en el artículo "con su cuarto hijo ella ya no se molestó con cosas como cubrir obsesivamente todos los toma corrientes con tapones de seguridad" me sobrepasa, quizás esterilizar y organizar obsesivamente todas las cosas y tener un horario completo de clases personalizadas podría ser excesivo.

Quizás, con más niños, los padres ponen límites más realistas, tanto para ellos como para sus hijos. Una madre citada en el artículo les permitió a sus hijos inscribirse solamente en un deporte, un deporte que no tuviese un programa de viajes intenso. ¡Esa es una madre con sentido de preservación!

El psicólogo Donald Winnicott se hizo famoso por acuñar el término madre "suficientemente buena". Quizás los padres de familias grandes fijan una meta más alcanzable para ellos mismos.

Pero aún así no es más fácil (¿Cómo pueden 4 o 7 o 9 ser más fáciles que 3?) o menos estresante. Aquellos de nosotros bendecidos con familias grandes, creo yo, hemos tomado en cambio una decisión, en realidad dos decisiones. La primera es que el estrés es algo que vale la pena. Los trabajos son estresantes, las relaciones son estresantes, cualquier cosa que vale la pena involucra estrés. Aceptar el estrés y lidiar con él es una realidad de la vida. Y como muchos otros desafíos, creo yo, se ve afectado por nuestras expectativas.

Una cosa que todos los padres tienen en común es el agotamiento, un constante estado de fatiga. Simplemente estamos siempre cansados. Me he dado cuenta de que si cuento las horas de sueño que tuve, si siento que "necesito" más o que "debería tener" más, siempre estaré frustrada (y a veces resentida). Pero, si acepto que este es el precio de vivir una vida significativa, si no espero estar siempre fresca y alerta (¡o alguna vez estar fresca y alerta!), entonces estoy bien.

Siempre cito mi eslogan favorito de kick boxing, "Descansarás cuando estés muerto".

Yo creo que la misma actitud se aplica al estrés. Si nos imaginamos que nuestras vidas deberían estar libres de estrés, que nuestros hijos no deberían representar ningún desafío para nosotros, que en otras casas se comportan perfectamente y que todo funciona mágicamente para ellos, estaremos muy estresados, y frustrados también. Pero si simplemente aceptamos cierto nivel de estrés como una realidad en nuestras vidas —y en la vida de todos—, entonces quizás podremos hacer las paces con él.

Debemos dejar de lado cualquier expectativa de "no debería ser así". Sí, lo es.

La segunda decisión debería tomarse cuando nos transformamos en padres, pero tiene más sentido con el tercer hijo. Con dos hijos, todavía nos engañamos y pensamos que estamos en control. Con tres nos damos cuenta que nos superan en número.

Este es el momento —si no lo has hecho ya—, de acudir a Dios y decir "No puedo hacer esto sola; necesito Tu ayuda". Por supuesto, siempre necesitamos de Su ayuda, simplemente es más evidente ahora. Y, por supuesto, esta es también la única estrategia que puede aliviar nuestro estrés. No está en nuestras manos. Él está manejando el espectáculo. Gran exhalación.

Reconocer esto constantemente también es un desafío, pero podemos intentarlo. Esta es la mejor herramienta de todas. Y tiene el beneficio agregado de ser verdad.

Es un trabajo de toda la vida. A veces estoy calmada; a veces estoy al borde del límite. A veces estoy frustrada; a veces hago las paces con la situación. A veces se lo entrego a Dios; a veces clamo contra mi incapacidad de generar un cambio. Simplemente tenemos que mantenernos en el juego.

Y cuando se pone realmente difícil, y todo parece ser demasiado abrumador, y mi eslogan favorito de kick boxing no funciona, recurro a mi rezo favorito:

"Estoy lista para cumplir la mitzvá de confiar en Dios, y de arrojarle mi carga a Él. Señor del Universo, te estoy arrojando a Ti mi carga… Ayúdame a lograrlo, y desde ahora quito esta carga de mí. Ya no tengo ninguna preocupación, ya que confío en Ti".