Acabo de leer una excelente cita de Alicia en el País de las Maravillas: “No sirve regresar al ayer porque entonces yo era una persona diferente”. Lewis Carroll dio en el clavo y hace eco de un principio fundamental del pensamiento judío que es “Ein Mazal BeIsrael – no hay un destino fijo para el pueblo judío”. ¿Qué significa esto? Aparentemente Lewis Carroll lo entendió muy bien.

Aunque mi destino en este mismo momento puede estar predeterminado, a medida que sigo cambiando, igualmente cambia mi destino. Cada pequeña o gran elección que tomo me convierte en un ser humano diferente. Cada diferencia, sin importar cuán sutil sea, afecta mi futuro.

Esto se aplica tanto a nuestras elecciones positivas como a las negativas, e incluye los actos de omisión tanto como los de comisión. Por ejemplo, si tuviéramos el hábito de gritar a nuestros hijos para que lleguen a tiempo a la escuela (¡estoy imaginando un caso hipotético!), y una mañana no gritamos, la elección de abstenernos de gritar cambiaría nuestra esencia y nuestro futuro. Es importante recordar esto por nosotros mismos y, a veces, también en nuestra estrategia de educación.

Si tenemos un hijo que tiene problemas para expresar su enojo, es decir que dice cosas desagradables a los demás (¡mi imaginación está a toda máquina creando estos casos hipotéticos!), cuando creamos una tabla de recompensas, tenemos que ofrecerle estrellas doradas no sólo por las conductas agradables, sino también por los momentos de contención que él reporta. Tendemos a obsesionarnos con el pasado, repetir las situaciones una y otra vez en nuestras mentes esperando un resultado diferente. Pero en cambio deberíamos seguir el consejo del creador de Alicia – con un pequeño cambio. Si nuestras acciones dañaron a otro, tenemos que asumir la responsabilidad y pedir disculpas. Si dañamos la relación con nuestro Creador, también debemos asumir la responsabilidad y arrepentirnos. Pero luego seguimos adelante. Esas acciones son las elecciones que nos convertirán en personas diferentes y cambiarán nuestro futuro. Revolcarnos en la culpa no nos mueve en una dirección positiva.

Es tentador darse por vencido, sentirse atrapado, pensar que no hay nada que yo pueda hacer para cambiar mi futuro. Pero eso no es verdad. Ese es el camino de menor resistencia, pero no el camino de crecimiento y cambio.

Incluso en esas situaciones que parecen estar predeterminadas o que reconocemos que están fijas por el momento, todavía podemos hacer elecciones. Escogemos cómo responder a esas situaciones. Sin importar lo que la vida nos presente, nosotros escogemos nuestra reacción. De nosotros depende que sea una experiencia positiva o negativa. Cualquiera sea nuestra reacción, nos convertimos en un ser humano diferente debido a ella, tanto para para nuestro beneficio o, que Dios no lo permita, para nuestro perjuicio.

Finalmente, la elección más crucial y la que no tiene ningún elemento fijo es la relación que tenemos con Dios. Esto está completamente en nuestras manos; depende por completo de nosotros. No es destino, karma, kismet o cualquier fenómeno de la nueva era. Es nuestra verdadera área de libertad y el lugar más significativo en el que podemos abrazar la sabiduría del Sr. Carroll: “No sirve regresar al ayer porque entonces yo era una persona diferente".

Yo agregaría es que bueno avanzar al mañana, porque entonces puedo escoger ser una persona diferente (léase: mejor).