Cuando mi esposo viaja a Israel con grupos de profesores norteamericanos, llevan con ellos ese entusiasmo norteamericano (bueno, al menos solían hacerlo, antes del COVID). Con el más mínimo conocimiento de la situación (mis disculpas a los profesores mencionados) ellos van con la actitud de que los problemas del Medio Oriente en verdad son bastante simples y que probablemente pueden resolverlos antes de la cena.

Muchas de sus experiencias los ayudan a abrir los ojos, pero también encuentran una actitud completamente diferente ante los desafíos de la vida. Les dicen: “En Israel no buscamos resolver nuestros problemas; simplemente tratamos de manejarlos”.

Esto choca de plano contra cierto espíritu y expectativas nacionales, pero si somos capaces de dejarlo de lado por un momento, creo que podemos ver la sabiduría de estas palabras y aplicarlas a muchas otras situaciones. Hace poco leí un artículo escrito por dos profesoras que sugerían que el conflicto de trabajo-vida familiar en verdad no se puede resolver. Esta es una idea extremadamente liberadora. Todos experimentamos lo que yo llamo el dilema del estrés versus la culpa. Si estamos en casa con nuestros hijos, sentimos estrés (¡y eso era antes del Corona!). Si estamos lejos de ellos (ya sea por trabajo o incluso por un merecido día en el spa), nos sentimos culpables.

Esto se debe a que pensamos que deberíamos ser capaces de resolver ese conflicto. Si tan sólo fuésemos mejores madres, si tan solo tuviésemos más sabiduría, más entendimiento, más ayuda en la casa… Pero algunos problemas simplemente no tienen "solución" definitiva. Sólo se los puede "manejar". Entender esto puede llegar a ser lo más importante de todo.

La vida está llena de desafíos. Tendemos a pensar en ellos como una carrera de obstáculos: salto esta valla y voy hacia la siguiente. Resolvimos el primer desafío y estamos listos para enfrentar los siguientes. Pero, así como los profesores en Israel, si abrimos los ojos podemos llegar a descubrir que muchos de nuestros desafíos no pueden resolverse por completo, nunca van a desaparecer, y tenemos que aprender a vivir con ellos, aprender a manejarlos.

La oportunidad de crecimiento no está en encontrar la solución sino en descubrir la valentía para vivir con esa situación día a día. Si tienes una enfermedad crónica, si tienes un hijo con necesidades especiales, si tienes una pareja con una discapacidad (por dar algunos ejemplos), la lucha no tiene fin. No hay solución. El verdadero desafío está en aprender a vivir con él, hacer las paces y encontrar felicidad en él.

Aunque en cierta medida admiro esa intrepidez norteamericana, creo que a nivel personal nos perjudica. Pienso que nos lleva a tener expectativas poco realistas sobre cómo debería desarrollarse nuestra vida. Creo que no nos permite ver el bosque por enfocarnos en los árboles, la meta final por la experiencia.

Cada día nos despertamos y enfrentamos los desafíos de nuestra vida. Incluso si algunos de ellos pueden llegar a ser “resueltos”, surgen otros, algunos con soluciones fáciles, algunos con soluciones difíciles y otros sin solución. Tenemos elevadas expectativas de nosotros mismos, podemos sentirnos extremadamente frustrados cuando no logramos encontrar una solución a nuestros problemas.

Es posible que simplemente estuviéramos mirando en el lugar equivocado. Pero también es probable que estemos enfrentando una situación que no tiene solución, un desafío que tenemos que manejar en vez de resolver, una oportunidad de crecimiento continua. Un lugar desde el cual, como suelen decir, "siguen llegando regalos".

Un cambio de actitud y de expectativas nos pueden dar la fuerza que necesitamos para lidiar con nuestras pruebas constantes.

Una vez leí la reseña de un libro de una prominente profesora de ciencias políticas con conexiones en Washington. El tenor del libro era de constante frustración. Debido a los desafíos que tenía con sus hijos, ella no podía cumplir con sus obligaciones profesionales de la forma en que le hubiera gustado. ¿Su solución? Que el gobierno proporcionara mejores guarderías. ¿Mi solución? Renunciar a las expectativas irreales de “tenerlo todo” y reconocer que no podemos resolver esta situación, pero sí podemos manejarla.

Pienso que esta es una clave importante para la felicidad. Sólo me hubiera gustado saberla cuando mis hijos eran pequeños…