Acabamos de hacer un viaje familiar (¡viaje familiar NO es necesariamente sinónimo de vacaciones!) a Albion, un pequeño pueblo al sur de Mendocino, en la costa norte de California. Unos amigos tienen una casa allí y amablemente nos la ofrecieron.

Manejamos a través de los montañosos viñedos del Valle de Sonoma y los majestuosos bosques de secoya y vimos espectaculares paisajes.

Anduvimos en canoa y caminamos por la playa, visitamos faros y observamos la puesta de sol sobre el agua. Fue verdaderamente hermoso; fue un verdadero descanso de la rutina.

Pero aprendí una lección muy importante. Donde sea que vayas, lo que sea que hagas, ¡NO lleves a un adolescente a un lugar donde no hay señal de teléfono celular!

El precio de todo ese majestuoso paisaje fue, sí, nuestros teléfonos celulares no funcionaban en la casa o en sus inmediaciones. Se requería un viaje al pueblo para comunicarse con amigos, para escuchar la irritante notificación de mensajes de texto resonar por todo el auto. Y para escuchar a mis hijos suspirar con alivio.

“Por suerte”, para citar a una de mis hijas, “recientemente instalaron Wi-Fi en este pueblo. De otra forma me hubiese ido”, dijo ella. Definitivamente una amenaza vaga dada la lejanía de nuestra ubicación, pero ciertamente un signo de su actitud.

Y no creo que mis hijos sean inusuales (en ese aspecto) o poco representativos (en ese aspecto).

Si son puestos contra la pared, ellos reconocerán que la pasaron muy bien en el viaje. Todo fue pasar tiempo con la familia, en parte debido a la falta de teléfono celular.

La falta de señal nos liberó a todos para enfocarnos en los demás, en conversaciones, en antiguos juegos de cartas, etc. En realidad fue perfecto para un viaje familiar.

Y el contraste me dio un indicador de cuánto perdemos diariamente —cuanta interacción, discusión, bromas, juego creativo, expresiones de cariño, compartir ideas y preocupaciones— debido a nuestra preocupación por nuestros teléfonos celulares, e incluso peor, mensajes de texto. ¿Cuántos momentos familiares importantes ya no existen porque todos estamos demasiado ocupados con nuestros teléfonos celulares?

Este viaje me mostró cómo el enviar mensajes de texto ha llegado a dominar y reducir nuestras vidas.

Fue clarificador y revelador. ¿Y cuántos de esos mensajes son siquiera importantes? ¿Cuál es su verdadero contenido? Ese es otro problema en sí mismo.

Somos afortunados de que tenemos Shabat para desconectarnos. Pero no es suficiente. Este viaje me mostró cómo los mensajes de texto, a pesar de sus ventajas, han llegado a dominar y a reducir nuestras vidas.

No le digan a mis hijos pero a pesar de que no lo planeé, estoy contenta de que fuimos a un lugar sin señal telefónica. Hizo que nuestro viaje fuera más especial. Lo convirtió en lo que debía ser: una experiencia familiar. Y sin mensajes de texto para distraernos, nos permitió crear incluso más recuerdos de lo normal, recuerdos que durarán más que esos mensajes. Retiro lo dicho antes. Lo que aprendí en este viaje es que ¡DEBES llevar a tus adolescentes a un viaje familiar donde no haya señal de teléfono celular!